MAS ALLÁ DEL TIEMPO 926
La verdadera historia entre bastidores
El cuerpo de Ming Fei era aterrorizador a más no poder. Barrió con una niebla negra mientras el veneno se propagaba en todas las direcciones.
Las órdenes de la maldición resonaron desde la boca de Xu Qing y también de la de Ming Fei.
Primera Inmundicia: El fuego divino engendró humo, impartiendo impureza.
En la entrada del túnel, Feng, que estaba a punto de largarse del túnel, se estremeció de golpe y a su cara se le fue el color por completo. Se podían ver incontables puntos negros que contenían impurezas propagándose por todo su cuerpo y rostro.
Segunda Inmundicia: El alma divina albergó deseos, dando cobijo a ataduras mundanas.
Al instante siguiente, toda su percepción le fue arrebatada.
Tercera Inmundicia: El cuerpo divino podía declinar, llevando a la corrupción.
Todos los puntos negros en el cuerpo del joven Feng se pudrieron, su carne se le cayó a pedazos y sus huesos se le descompusieron.
Cuarta Inmundicia: El santuario divino fue cubierto de polvo, opacando su resplandor.
Feng soltó un alarido desgarrador. Podía sentir que su fundamento del Dao, que ya había sido sacudido por la detonación de sus grandes mundos, se venía abajo en este preciso instante.
Sin embargo, la maldición aún no terminaba.
Quinta Inmundicia: La divinidad acarreó mancha, resultando en falta de sabiduría.
Sexta Inmundicia: La vida de un dios engendró maldiciones, cercenando la vida.
Un poder exterminador de almas se elevó. Feng parecía un fantasma malévolo; su cuerpo estaba horriblemente destrozado, pudriéndose y emitiendo un tufo denso a cadáver.
Sin embargo, en este momento, se propinó un golpe feroz en el pecho. De inmediato, un montón de sangre podrida e incontables almas chillando salieron disparadas de su cuerpo.
Esa era la sangre y las almas de 20 millones de miembros de su linaje. Previamente las había absorbido dentro de su cuerpo para convertirse en un Liaoxuan de sangre pura. Ahora, no le quedaba otra opción que deshacerse de ellas.
A medida que el mar de sangre y las almas se propagaban, la pureza de su linaje cayó; las alas le volvieron a brotar en la espalda y el tercer ojo le reapareció una vez más en la frente.
En cuanto a las maldiciones que le cayeron encima, se dispersaron por inercia. Las aguantó con las justas. Las alas de su espalda aletearon y su velocidad se disparó mientras salía soplado del túnel.
Sin embargo, aunque las maldiciones de Xu Qing fueron reprimidas usando este método de exterminio, el proceso previo le afectó un montón la velocidad. Por eso, casi en el preciso instante en que intentó salir disparado, Yue Dong, que ya era la más cercana a él, también movió sus alas y salió en su persecución.
Al mismo tiempo, ejecutó una serie de sellos de mano con ambas manos, formando docenas de restricciones en el túnel.
Estas restricciones claramente habían sido montadas por ella mientras estaba escondida hace un rato. Ahora explosionaban una tras otra para frenar a Feng.
Por eso, bajo la traba de estas docenas de restricciones, aunque Feng había tomado la delantera, su velocidad continuó bajando, pero finalmente logró salir disparado del túnel dejado por su antepasado...
En el preciso instante en que salió, Yue Dong voló más rápido que él y cayó justo enfrente de la rata dorada, haciendo que el plan de Feng no pudiera llevarse a cabo.
Él no lo pensó dos veces y estuvo a punto de elegir escapar. Sin embargo, Lan Yao ya lo había alcanzado y le cerró el paso.
Al instante siguiente, Xu Qing y el capitán también aparecieron afuera. Sin embargo, no atacaron a Feng. En su lugar, ¡fueron directo hacia la salida de las catacumbas en la parte superior al mismo tiempo!
Para Xu Qing y el capitán, esta era la oportunidad perfecta para largarse de este sitio.
Lan Yao y los otros dos estaban enfrascados entre sí. El momento era preciso.
Esta oportunidad en realidad había sido creada a escondidas entre él y el capitán dentro del túnel.
De lo contrario, Xu Qing no habría usado las Seis Inmundicias de Dios hace un rato.
Su objetivo al usarlas no era matar a Feng. Solo quería ganar tiempo para bloquear la posibilidad de que la otra parte soltara a la rata dorada.
En cuanto a cómo pelearían los tres a continuación y cuál sería el desenlace, ya no era asunto de ellos.
Xu Qing y el capitán tenían claro que ya habían sacado suficiente tajada. Tenían que largarse de inmediato.
Sin embargo, justo cuando las figuras de Xu Qing y el capitán estaban en pleno vuelo, a punto de alcanzar la salida, una barrera emergió de la nada y en completo silencio en el aire.
Era una red gigantesca de color plateado, formada por hilos de un blanco cristalino que envolvía por completo todo el mundo de las catacumbas.
Emitía una presión aterrorizadora que albergaba un sello asombroso. Era incluso más fuerte que el poder desatado por la destrucción de los grandes mundos de Feng.
Si solo hubiera sido eso, no habría habido tanto problema. Tras fusionarse en el cuerpo del emperador, tampoco es que Xu Qing y el capitán no pudieran volarlo en pedazos pagando algún precio. El verdadero problema era que... literalmente había un talismán flotando sobre este sello.
Este papel de talismán era de color plateado. Aunque los caracteres trazados en él eran claros, resultaba difícil descifrar su significado. Sin embargo, la sensación sagrada que emanaba era densa a más no poder.
Era distinta al aura de los dioses. Eso era... ¡el aura de un Gran Emperador!
A Xu Qing y al capitán se les desencajó la cara por completo.
Ni hacía falta darle vueltas a este sello. Entendieron al toque que tenía que haber sido montado por Yue Dong, quien se había estado escondiendo y los había seguido durante todo el trayecto.
Esta mujer y Lan Yao, una por dentro y la otra por fuera, se habían coordinado a la perfección.
Sin embargo, para montar semejante trampa e incluso usar un objeto de este calibre, la razón probablemente no era simplemente arrebatar tesoros.
Después de todo, el valor de este talismán también era gigantesco.
—Compañeros Daoístas, no se preocupen. Este candado no está dirigido a ustedes, sino para evitar que Feng Lintao se escape. Una vez que nosotras dos acabemos con Feng Lintao, obviamente abriremos el sello y los dejaremos ir. Además, si ustedes dos están dispuestos a dar una mano y acortar el tiempo de la ejecución, obviamente sería lo mejor. Después de todo, esa rata dorada... no va a quedarse atrapada por mucho tiempo.
Yue Dong habló con total serenidad. La rata dorada detrás de ella pataleaba con cada vez más violencia en este momento. Estaba claro que, aunque lo que dijo Lan Yao sobre tenerla atrapada por quince minutos era pura mentira, el espejo efectivamente no iba a aguantar demasiado.
A Xu Qing y al capitán se les cayó el alma al suelo.
No les quedaba de otra que admitir que estos tres cultivadores del terreno sagrado no solo eran recontra poderosos y tenían un montón de tesoros mágicos, sino que su astucia también era fuera de serie. Casi todos tenían segundas intenciones en este viaje y cada parte guardaba bastantes planes de respaldo.
Si uno se descuidaba un toque o le entraba el miedo a morir, terminaba frío en este sitio.
Feng también paseó la mirada por la red y su cara se le puso aún más pálida al instante. De hecho, sus ojos reflejaron pura desesperación mientras soltaba una risa amarga.
—El talismán de sellado del Santo Antepasado. Este talismán requiere una cantidad gigantesca de méritos de batalla en la raza para canjear solo uno... No esperaba que la compañera Daoísta Yue Dong fuera tan generosa conmigo. El conflicto entre nosotros es solo uno temporal provocado por beneficios. Es más, ustedes dos ya se lo han llevado todo, pero igual montaron este sello por adelantado. Parece que lo que quieren es borrarme del mapa por completo. ¡¿Acaso hay un odio tan profundo entre nosotros?!
A Feng se le pusieron los ojos rojos y parecía haberse vuelto loco de pura desesperación. Ya casi para el final, estaba prácticamente gritando.
—¡¿Odio profundo?! ¡Tú me lo vas a decir a mí!
Las ganas de matar en los ojos de Yue Dong eran brutales. La dulzura de su rostro desapareció por completo, siendo reemplazada por un odio desmedido, como si no pudiera esperar para comérselo vivo a Feng.
—Compañero Daoísta Feng, ¿cómo conseguiste en verdad este linaje de la Pluma Demoniaca? ¡Nosotras dos hemos estado investigando durante años! Crees que nadie lo sabe, pero ella... tenía una hermana menor. Solo que no te lo dijo. En este viaje, los tesoros son secundarios. Nuestro verdadero objetivo eres tú.
Lan Yao apretó los dientes al hablar. Su cuerpo se bamboleó y fue directo a por Feng. Yue Dong también se lanzó cargada de rabia.
Un retumbo estruendoso resonó mientras los tres se agarraban a pelear.
Las heridas de Feng eran gravísimas, con las justas podía defenderse, pero la sangre no paraba de chorrearle de los cortes.
Al mismo tiempo, en el aire, bajo la gran red de sellado, Xu Qing y el capitán tenían unas caras de pocos amigos. No estaban dispuestos a meterse en este rollo, pero el pataleo de la rata dorada se volvía cada vez más violento.
Una vez que se zafara...
Xu Qing y el capitán cruzaron miradas, sintiendo ambos una clarísima falta de confianza por dentro. Cada uno se había llevado un huevo, tenían pánico de que, apenas la rata dorada se liberara de las cadenas, saliera disparada a por ellos primero.
Si querían largarse, la única alternativa en este momento parecía ser echarle una mano a Yue Dong y Lan Yao.
Además... la conversación entre las dos mujeres y Feng también dejó ver cierto karma. Aunque los detalles no estaban del todo claros, un simple análisis daba a entender que ellas buscaban venganza por su hermana, dejando traslucir ciertos rasgos de su carácter
Por eso, luego de que Xu Qing y el capitán volvieron a cruzar miradas, mostraron determinación en los ojos.
—¡Un tipo que es peor que una bestia merece morirse!
Gritó el capitán y continuó:
—¡Hadas, nos quedaremos parados aquí a esperar!
Al ver esto, a Feng se le puso la cara todavía más pálida. Desde que empezó a cultivar, había pasado por un montón de situaciones de vida o muerte. Sin embargo, jamás se había topado con una situación tan desesperada.
Esto era especialmente así porque, con la personalidad que tenía, por lo general él era el cazador y no la presa.
Y todo era porque la Enredadera Celestial Santa había sido devorada...
De solo pensarlo, las venas de la frente estuvieron a punto de brotarle y la presión en la cabeza se le disparó. Sin embargo, lo reprimió a la fuerza y no volvió a pensar en ese asunto que podía hacerlo perder la cabeza.
Mientras atacaba con todas sus fuerzas y retrocedía una y otra vez, escupiendo sangre en múltiples ocasiones, parecía sumido en la desesperación, pero por dentro estaba analizando al toque la situación actual en su cabeza. Entendía que si quería soltar a esa rata dorada ahora mismo, tendría que hacer detonar otro gran mundo.
Sin embargo, habiendo perdido ya dos, si perdía un tercero... su nivel de cultivo caería de verdad al de Acumulación Divina de Dos Mundos.
Incluso estando entre la vida y la muerte, eso era algo aceptable. Pero tras la autodestrucción, aunque pudiera liberar a esa aterrorizadora rata dorada, terminaría estando mucho más débil de lo que estaba ahora.
De esta forma, la posibilidad de sacarle provecho a la situación pasaría a ser prácticamente nula.
La posibilidad más alta era que estuviera cavando su propia tumba y terminara siendo descuartizado por la rata dorada.
La detonación tenía que valer la pena.
Por supuesto, si de verdad no le quedaba otra opción, no le temblaría la mano para hacerlo. Como mínimo, se llevaría a uno o dos por delante.
Ni siquiera dudaría en detonar sus grandes mundos no sellados y coordinar con la rata dorada para arrastrar a todos a la tumba. Había cierta probabilidad de que funcionara.
'Sin embargo, esos dos humanos son bastante peculiares... ¿Será que vieron algo? Además, esa frase de hace un rato...... ¡¿Acaso me están diciendo que saben que tengo una forma de romper este sello?!'
Los ojos de Feng chispotearon y escupió una perla. Este era su tesoro mágico intrínseco. Apenas apareció, empezó a girar como loca y salió disparada hacia Lan Yao y Yue Dong.
Al mismo tiempo, dio media vuelta y fue directo hacia Xu Qing y el capitán.
En medio de los retumbos, bajo los ataques de Yue Dong y Lan Yao, el tesoro mágico intrínseco de Feng quedó destrozado al instante. Sin embargo, logró frenarlas un toque.
Viendo que Feng vomitaba sangre y que su aura estaba recontra débil mientras volaba hacia Xu Qing y el capitán, Yue Dong puso una cara llena de dolor e indignación mientras se apuraba a hablar:
—Compañeros Daoístas, por favor ayúdenme. ¡No hace falta que lo maten, solo tápenle el paso un instante!
Mientras hablaba, ella y Lan Yao salieron disparadas hacia allá.
En ese instante, cuando Xu Qing y el capitán se dieron cuenta de esta escena, un impulso asesino les brotó en los ojos. Parecía que habían optado por ayudar a las dos mujeres y se lanzaron contra Feng.
¡A Feng le brillaron los ojos de pura locura al tomar la decisión de jugársela al todo o nada!
Había cosas que no podía decir abiertamente. Si lo hacía, dejaría al descubierto su carta bajo la manga.
Por lo tanto, apostó a que las dos personas frente a él habían calado la verdadera naturaleza de esta situación. Después de todo, si colaboraban con las dos mujeres para matarlo, a ellos no les traería ningún beneficio. Al contrario, debido a su muerte, tendrían que verse las caras con las dos mujeres a continuación.
Con la rata dorada sellada aquí e incapaz de salir, la situación se volvería incomparablemente desfavorecedora para ellos.
Si él no moría y lograba escapar, definitivamente atraería la atención de las dos mujeres y las distraería de perseguir al dúo.
¡Esta era la única forma de salir de semejante encrucijada!
Al instante siguiente, Xu Qing y el capitán estaban a punto de colisionar con Feng, pero en un abrir y cerrar de ojos, de pronto se hicieron a un lado y se abrieron paso por separado.
A las dos mujeres se les desencajó la cara.
Feng no lo pensó dos veces y salió disparado hacia allá. En el preciso instante en que se acercó al sello, hizo detonar su tercer gran mundo ilusorio y dirigió todo el poder directo hacia el sello.
Al mismo tiempo, sacó un talismán del Gran Emperador que era exactamente igual al talismán de sellado.
Sumado a la autodestrucción de su mundo, se formó un destello plateado que se elevó directo al cielo, atravesando de lleno el sello y las capas de barro, ¡conectando directo con el mundo exterior!
Inmediatamente salió disparado hacia afuera.
Xu Qing y el capitán tampoco lo pensaron dos veces. Se transformaron en dos rayos de luz mientras salían soplados a través de la grieta.
En un abrir y cerrar de ojos, los tres se escaparon y desaparecieron por el horizonte.
Mientras salían volando a toda velocidad, Yue Dong y Lan Yao también emergieron fuera del sello. Se le quedaron mirando fijamente en dirección a donde los tres se habían ido, con unas caras horribles.
—¿Acaso mis palabras sonaron un toque forzadas hace un rato, o fue porque al no tener una hermana menor en primer lugar, la falta de afecto se notó demasiado falsa? ¿O capaz llegaron a presentir mi poder innato?
Expresó Yue Dong con voz sombría.
—Si ellos dos me hubieran creído aunque sea un poco, con mi talento, habrían pensado que de verdad me importaba la venganza y que no tenía segundas intenciones con ellos, sembrando así semillas de emociones en sus corazones. Y previamente, mi talento de verdad sintió que había capturado y dominado sus emociones. Debido al tesoro secreto en el alma de Feng Lintao que está relacionado con la herencia del Santo Antepasado de Liaoxuan, solo pude desatar la mitad de mi talento en él para hacerle creer que de verdad había una mujer a la que le arrebató el linaje. Si me pasaba de la raya, podría haber empezado a sospechar. Aparte de eso, esta es la primera vez que me enfrento a cultivadores del mismo reino o incluso inferior y no logro activar mi talento... Qué pena. Habrían sido unos buenos títeres de carne. Además, la cantidad de líquido sagrado de Liaoxuan era poquísima. ¡Hay bastantes probabilidades de que tenga que ver con ellos! Qué pena, qué pena, qué pena...
Murmuró Yue Dong y volteó la cabeza para mirar a Lan Yao. Su mirada era fría, como si no estuviera mirando a un ser humano, sino a un títere de carne con las emociones recontra manipuladas.
Lan Yao hizo oídos sordos a sus palabras. En ese momento, apretó los dientes y se le quedó mirando con rabia en dirección a donde Feng Lintao había huido. Estaba furiosa a más no poder.
—Esos dos humanos merecen morirse, Feng Lintao merece morirse todavía más. Por suerte, encontramos pruebas en su contra antes de venir. ¡Esta vez tenemos que matarlo como sea y vengar a mi hermanita!
Tenía los ojos inyectados en sangre y una expresión malévola en la cara.
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