EMPERADOR DIVINO ETERNO 2687
¡Matar! ¡Matar! ¡Matar!
Raws: 2672
Aunque el Palacio Divino Mar de Sangre y Cielo Oculto había perdido a cuatro de sus Santos Supremos del Reino Paramount, los seis poderosos restantes aún conservaban su capacidad de combate. Uniendo fuerzas con Santo Supremo Yeliu, impulsaron el *Árbol de Tesoros Quetian*, haciendo que el tronco se elevara hasta alcanzar miles de metros de altura mientras la fuerza suprema fluía entre sus ramas y hojas como un caudaloso río.
El Árbol de Tesoros Quetian se convirtió en una nube de luz e irrumpió en el Dominio Dao de Hada Guna, levantando embravecidas olas de presión de aire.
—¡Vengan nomás!
Usando la Voluntad Santa Wuji, Zhang Ruchen movilizó de manera ininterrumpida el qi santo del cielo y de la tierra, inyectándolo directamente en la Rueda Luna Vajra.
El disco lunar creció hasta alcanzar las dimensiones de un palacio gigantesco y embistió con furia contra el Árbol de Tesoros Quetian.
¡Rumble!
Santo Supremo Yeliu sufrió una sacudida brutal que lo hizo retroceder varios pasos seguidos.
Por su parte, los seis Santos Supremos del Reino Paramount del Palacio Divino Mar de Sangre y Cielo Oculto escupían sangre a borbotones mientras intentaban canalizar su qi santo. La ola de impacto generada por la colisión de las dos armas santas supremas los embistió de lleno, reabriendo las heridas que apenas terminaban de cicatrizar y transformándolos en seis figuras totalmente ensangrentadas.
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En el otro flanco:
Bajo el mando de Sa Xi, el Gran Maestro del Palacio del Orden, miles y miles de artes santos salieron disparados desde el *Lienzo del Orden*.
Tales artes santos adoptaron la forma de ángeles, avanzando contra Zhang Ruchen cual un verdadero ejército santo celestial.
—¡A pelear! ¡Este Emperador jamás se rendirá!
Zhang Ruchen soltó un rugido atronador y, mientras maniobraba el Rueda Luna Vajra, se lanzó de cabeza contra el ejército de ángeles. Usando sus puños como únicas armas, descargó un golpe tras otro sin dar tregua.
¡Bam! ¡Bam! ¡Bam! ...
Cada puñetazo que asestaba pulverizaba a un grupo entero de artes santos con forma angelical.
El cuerpo físico de Zhang Ruchen había sido forjado en el caos del principio del tiempo, por lo que podía considerarse el número uno debajo del reino divino; la potencia destructiva de sus puños era tan salvaje que ni el propio poder supremo lograba causarle mella.
—Este tipo de verdad es un ave fénix inmortal... Su cuerpo físico es desmedidamente aterrador, capaz de plantar cara a armas santas supremas. La fuerza del *Lienzo del Orden* ni siquiera consigue someterlo.
expresó Sa Xi, con los ojos desorbitados por el asombro.
¿Cómo era posible que un arma santa suprema no pudiera liquidar a su enemigo?
La mirada de Hada Guna se tornó sombría y pesada:
—Su fuerza física es desorbitada; mi Dominio Dao no basta para contenerlo.
—A fin de cuentas, la fuerza del *Lienzo del Orden* está demasiado dispersa. En un campo de batalla masivo puede desplegar un poder destructivo incomparable, pero para lidiar con un sujeto de la talla de Shu Qianchi no resulta la mejor opción.
Quien habló fue Krafelin, del Clan Elfo.
Frente a ella flotaba un arco azul gigantesco de más de veinte metros de largo; los seis Santos Supremos del Reino Paramount del Clan Elfo unieron sus fuerzas liberando qi santo para activarlo, haciendo despertar las inscripciones supremas en la estructura del arco.
Dichas inscripciones resplandecían como dragones de oro.
Momentos antes, este gigantesco arco había ingresado al Dominio Dao de Hada Guna, pero terminó repelido de un golpe por la Rueda Luna Vajra que impulsaba Zhang Ruochen.
Este arco del nivel de arma santa suprema era un arma de guerra legendaria entre los Elfos, la cual había llegado a abatir dioses en tiempos remotos.
Krafelin tensó la cuerda del arco y una maraña densa de reglas del Camino Santo se condensó en una flecha de luz de treinta metros de longitud. Por influencia del arco supremo, el espacio circundante comenzó a contraerse de manera visible.
Sobre la flecha fluían marcas secretas de color azul, fijando de forma irrestricta la presencia de Zhang Ruochen.
¡Twang!
El chasquido de la cuerda resquebrajó el suelo bajo los pies de Krafelin.
Zhang Ruchen presintió el peligro inminente y, sin margen para dudar, movilizó al toque el poder del Misterio del Espacio para cruzar el espacio y trasladarse lejos en un suspiro.
¡Riiip!
Aun así, no logró eludir el impacto por completo: la flecha de luz pasó rozando el costado de su cintura, desgarrando la barrera de su cuerpo físico y abriendo un corte sangriento de considerable longitud. Dada la descomunal resistencia física que poseía Zhang Ruochen en la actualidad, ni eso bastó para bloquear el impacto limpito.
—¿Incluso así logró escapar? ¡Semejante Shu Qianchi tiene un dominio del espacio astronómico!
—Quién sabe y hasta domine la Voluntad Santa del Espacio.
Mientras la masa de potencias del Clan Elfo se hallaba sumida en el desconcierto y la duda, una fluctuación espacial se manifestó justo por encima de sus cabezas.
—¡Mal asunto, Shu Qianchi se escapó del Dominio Dao de Hada Guna!
Krafelin reaccionó antes que nadie y arrojó un talismán de jade de tres pulgadas que llevaba en la mano.
Del talismán de jade brotó una cascada de marcas de talismán defensivas, transformándose en una gran sombrilla de luz azul que cubrió y protegió a todos los Santos Supremos del Clan Elfo en su interior.
Zhang Ruochen dio un paso saliendo del vacío, haciendo que el espacio retumbara bajo la planta de su pie, empuñando la Rueda Luna Vajra asestó un impacto seco e impiadoso contra la gran sombrilla de luz azul.
En la superficie de la sombrilla de luz, los destellos resplandecieron agitándose como ondas sobre el agua.
Soportó el embate apenas un breve instante...
¡Rumble!
La gran sombrilla se hizo pedazos.
La Rueda Luna Vajra cayó con todo su peso, atravesando los Dominios Dao de tres Santos Supremos del Reino Paramount del Clan Elfo.
La Rueda Luna Vajra pesaba aún más que un planeta entero; al aplastarlos, hundió sus cuerpos supremos en lo profundo del suelo, mezclando su carne y su sangre con la tierra misma.
Por si fuera poco, varios Santos Supremos del Reino Paramount salieron volando a la distancia golpeados por la feroz ráfaga de fuerza suprema.
—¡Mueran! Así seas una belleza inigualable, hoy te vas al otro mundo de todas maneras.
La mirada de Zhang Ruochen era gélida y despiadada. Alzó la Rueda Luna Vajra y arremetió de frente contra Krafelin.
El rencor que guardaba contra ella no era cosa chica: tiempo atrás, en el Planeta Rey de Hielo, de no haber sido por la protección del Tigre Blanco Entierro de Oro, quién sabe si Zhang Ruchen no habría perecido bajo uno de sus ataques a traición.
¡Bam! ¡Bam!
Sin margen de tiempo, a Krafelin no le quedó más remedio que blandir el arco gigantesco del nivel de arma santa suprema para hacerle frente a un Zhang Ruochen que destilaba un aura asesina astronómica.
El choque de las dos armas santas supremas fue como la colisión frontal de dos estrellas; la violenta fuerza suprema se propagó salvajemente en todas direcciones, al punto que ni los Santos Supremos del Reino Paramount lograban acercarse al área.
Al octavo impacto de frente, Zhang Ruchen hizo trizas el Dominio Dao de Krafelin, reventando su barrera defensiva por completo.
¡Rumble!
El Rueda Luna Vajra cayó como una montaña de oro directamente sobre su cabeza, reventándole el delicado y hermoso rostro para luego convertir su esbelto y grácil cuerpo en una densa nube de neblina de sangre.
Dicha neblina de sangre fue consumida al instante por el fuego divino inmortal que brotaba del cuerpo de Zhang Ruchen, transformándose en un mar de llamas incandescente.
Una semidiosa que figuraba en el Registro del Mundo Mortal acababa de perecer de esa manera.
Al borde de la muerte, llegó a quemar la sangre de Santo Supremo de su cuerpo, pero desafortunadamente ni eso bastó para frenar el embate arrollador de Zhang Ruchen.
Los Santos Supremos del Reino Paramount del Clan Elfo se quedaron atónitos un segundo; inmediatamente después, soltaron bramidos agudos e hirvientes de furia, lanzándose rabiosos al abordaje contra Zhang Ruchen.
Por su parte, Zhang Ruochen desbordaba una intención de batalla al límite y un aura asesina voraz. Sin tiempo para recoger del suelo aquel arco de nivel de arma santa suprema, desató dos palmazos hacia adelante para responder al ataque de frente de dos Santos Supremos del Reino Paramount de los Elfos.
Ambos Santos Supremos del Reino Paramount de los Elfos emplearon artes santos de alto rango de nivel supremo.
Uno de ellos lució marcas de siete estrellas en la palma de la mano, con billones de reglas del Camino Santo enroscadas en su brazo.
El otro presentó marcas de luz blanca a lo largo del brazo, deformando el espacio de un impacto hacia adentro.
Ambos se jugaron la vida a fondo, quemando la sangre santa de sus cuerpos y desatando una capacidad de combate por encima de lo habitual.
¡Rumble!
Las dos palmas de Zhang Ruchen chocaron de lleno contra los dos artes santos de alto rango de nivel supremo, desbaratando las reglas del cielo y de la tierra y destruyendo marcas divinas y cerrojos de la Vía sin dejar rastro.
A los dos Santos Supremos del Reino Paramount de los Elfos se les pulverizaron los huesos de todo el cuerpo; salieron despedidos hacia atrás y cayeron despatarrados en el suelo, incapaces de volver a ponerse de pie.
A pesar de vestir una túnica de erudito, Zhang Ruchen lucía la melena al viento, imponente y con una mirada de absoluta superioridad hacia los cuatro costados, rugiendo a todo pulmón:
—Un puñado de alimañas atreviéndose a cuadrarse ante este Emperador... Se tienen bien merecida la muerte. ¿Quién más quiere su parte?
Para cuando Hada Guna llegó al lugar, Zhang Ruchen ya se había llevado de encuentro a otros tres Santos Supremos del Reino Paramount del Clan Elfo. Con las manos empapadas en sangre y la túnica de erudito teñida por completo de rojo, le clavó una mirada fiera con sus ojos de tigre.
A pesar de que Hada Guna poseía un estado mental sumamente profundo, se quedó pasmada un instante ante semejante mirada.
Era sencillamente espeluznante: en cuestión de un parpadeo habían perecido varios Santos Supremos del Reino Paramount, incluyendo a una eminencia del Registro del Mundo Mortal.
Tanto los cultivadores de la facción del Campo Celestial como los que presenciaban la batalla desde el mar exterior de la isla se quedaron estupefactos y con la piel de gallina, incapaces de concebir que semejante masacre estuviera ocurriendo en pleno Campo Celestial, en las mismísimas Islas del Mundo Mortal.
Los Santos Supremos del Reino Paramount, auténticos soberanos cada uno en su clase, caían derrotados uno tras otro como si su vida fuera paja.
La asombrosa vitalidad propia de un Santo Supremo del Reino Paramount resultaba frágil e insignificante frente a Shu Qianchi.
Este Shu Qianchi no solo poseía un nivel de fuerza desorbitado, sino que además era de un atrevimiento salvaje.
—Definitivamente tiene que ser esa ave fénix del Campo Kunlun; teniendo las espaldas cubiertas por Tai Shang, le importa un comino absolutamente todo.
—Esta batalla de esta noche originalmente no tenía ni un lado correcto ni uno equivocado; al final todo se decide por pura fuerza bruta. Shu Qianchi no iba a dejarse pisotear ni degollar por la facción del Campo Celestial; pero viendo cómo se han puesto las cosas, la facción del Campo Celestial no va a parar hasta verlo muerto.
—Por muy fuerte que sea Shu Qianchi, ya arrastra heridas de los enfrentamientos de hace un rato, así que dudo mucho que termine bien parado hoy. ¡Ay! Al final de cuentas, por más guapo que sea un solo hombre, no puede contra miles.
...
Las multitudes contenían el aliento maravilladas ante el descomunal nivel de cultivo y la potencia de combate de Shu Qianchi; sin embargo, nadie daba un sol por su destino final.
A fin de cuentas, la facción del Campo Celestial también contaba con potencias de su mismísimo calibre, no era solo una.
Hada Guna no pudo seguir manteniendo la compostura ni la elegancia; replegó hacia su interior sus veintiséis billones de reglas del Camino Santo junto con su Dominio Dao, mientras alzaba la espada de jade por encima de su cabeza.
¡Swish!
De su esbelto y grácil cuerpo inmortal brotaron hilos de qi divino que se fusionaron directamente con la espada de jade.
En ese mismísimo instante, Zhang Ruchen sintió cómo el espacio se congelaba y el tiempo mismo parecía detenerse por completo, dejándolo paralizado sin poder mover un solo músculo.
¡Había quedado totalmente acorralado por la abrumadora intención de espada de Hada!
La técnica de espada que desplegaba Hada Guna ya no pertenecía al rango de los artes santos; había alcanzado la categoría de las habilidades divinas.
Una vez que un cultivador del Reino Santo logra dominar una habilidad divina hasta el nivel de la Gran Perfección, su potencia de combate da un salto abismal, sacándole una ventaja desorbitada a cualquier rival de su mismo nivel.
—Espada de Luz Dividida de la Calamidad Oscura.
Hada Guna movilizó las reglas de la verdad de su interior para integrarlas a la habilidad divina. En un parpadeo, la majestuosidad de su técnica de espada se multiplicó varias veces, cayendo con un hachazo directo sobre Zhang Ruchen.
Llegado a este punto límite, Zhang Ruchen se vio acorralado y no le quedó de otra que echar mano del Camino de la Verdad.
Sacó una espada de combate. Si bien no se atrevió a liberar la forma de mundo del Universo Infinito, sí le impregnó reglas de la verdad y los Misterios de la Espada, incluyendo su Voluntad Santa del Dao de la Espada de Grado 3.
Tras canalizar la Voluntad Santa de Grado 3, Zhang Ruchen pareció encarnar la figura de un Dios de la Espada, asestando un sablazo horizontal. El destello de su espada rasgó el espacio de un impacto, chocando de frente contra la Espada de Luz Dividida de la Calamidad Oscura desatada por Hada Guna.
¡Rumble!
El estocazo de Zhang Ruchen destruía todo a su paso de forma indestructible, partiendo la espada de jade que sostenía Hada Guna en dos pedazos limpios.
Ni teniendo veintiséis billones de reglas del Camino Santo logró contener el embate; la luz de la espada le reventó la defensa de un impacto, alcanzándola directo a la altura de la cintura.
Justo cuando Zhang Ruchen pensó que podría rebanarla en dos de un solo tajo:
El halo que flotaba sobre la cabeza de Hada Guna salió disparado, girando a velocidad vertiginosa a modo de escudo para interponerse frente a su cuerpo.
¡Bam!
La descomunal fuerza contenida en la luz de la espada la mandó a volar hacia atrás sin frenos por más de cinco kilómetros hasta impactar contra el suelo, dejando una serie de profundos cráteres tras cada pisada al frenar.
Dentro del torreón de linternas:
Una Mano del Mundo de la facción del Campo Celestial expresó con la mirada severa y gélida:
—El Enviado Divino del Juicio ya ha cultivado un alma divina; es cuestión de tiempo para que alcance el trono de un dios verdadero. Por su parte, Hada Guna se convertirá en diosa dentro de los próximos mil años. Bajo ningún concepto podemos permitir que sufran percance alguno. A mi parecer, ha llegado el momento de activar la formación de nivel sub-divino.
—¡Mejor echemos mano de un talismán divino!
sugirió un Gran Maestro del Talismán de la facción del Campo Celestial.
Otro cultivador intervino proponiendo:
—Podemos usar el fuego divino de un Dios Verdadero Taixu para incinerarlo; yo tengo una brizna guardada.
Cada uno de ellos contaba con métodos extraordinarios y ansiaba liquidar a Shu Qianchi para labrarse una fama temible en la Conferencia del Mundo Mortal.
Aquella sombra entre las tinieblas intervino:
—Guna por fin ha tanteado la verdadera fuerza de Shu Qianchi; ¡de aquí en adelante déjenmelo a mí! Shu Qianchi es extremadamente veloz y encima domina Dao del Espacio, por lo que un cercamiento ordinario difícilmente logrará arrinconarlo. Si actúan ustedes, por más puntos fuertes que tengan, sus debilidades saldrán a relucir al toque. Solo si yo salgo al ruedo la jugada será redonda y sin margen de error.
—Sabiendo que tú entras en acción, me quedo recontra tranquilo. Si dejamos que Shu Qianchi siga haciendo de las suyas tan fresco, el Campo Celestial va a sufrir bajas catastróficas.
comentó Miguel, teniéndole una confianza ciega a la sombra; a fin de cuentas, aquel sujeto era capaz de asestar ataques mortales hasta a Falsos Dioses.
Tanto las Manos del Mundo expertas en formaciones como los Grandes Maestros del Talismán... todos esos cultivadores de nivel bravo le tenían un respeto temeroso a la sombra, por lo que prefirieron dar un paso al costado y bajar los humos.
Por otro lado, la sombra tenía toda la razón: este Shu Qianchi dominaba demasiadas técnicas secretas y resultaba ser un pozo sin fondo. Es verdad que una formación de nivel sub-divino o un talismán divino poseían el poder suficiente para desintegrarlo, pero si por un descuido encontraba un punto débil, terminarían regalándole la partida.
Sin ir muy lejos, Shu Qianchi había derrotado al Enviado Divino del Juicio justamente usando una técnica secreta para cortar su vínculo con la Constelación Divina del Alma Estelar. Si se medía por su poder de combate real, la brecha que lo separaba de un Falso Dios todavía era abismal, por lo que la intervención de la sombra garantizaba el éxito sin el menor riesgo.
—Para despachar a Shu Qianchi hay mil formas distintas; con que el Palacio de la Luz o el Campamento del Cielo muevan sus fichas, estaría más que muerto. Sin embargo, no lo hace tan mal y tiene el nivel suficiente para darse el lujo de morir bajo mis manos.
Sopló una brisa suave y la sombra se evaporó del torreón de linternas.
Solo quedó la linterna del lugar donde había estado parado moments antes, meciéndose despacio con el viento.
En el preciso instante en que la sombra abandonó el torreón, el corazón de Zhang Ruchen, que había estado en vilo todo este tiempo, por fin descansó en su sitio. Pensó para sus adentros: «¡Por fin te hice salir de tu guarida!».
Zhang Ruchen ya se lo había dejado bien claro a Hada Linglong y a los demás: la única salida con vida esa noche dependía de liquidar a Tao Hua primero.
Si Tao Hua se quedaba agazapado en las sombras sin dar la cara, todos ellos estarían rematados sin salvación alguna.
Es verdad que Tao Hua era una eminencia temible y ni el propio Zhang Ruchen tenía la certeza de salir vivo de sus garras; pero esa era la única rendija de salvación y no le quedaba otra que jugársela con todo para arañar la victoria.
Todo el espectáculo que Zhang Ruchen había montado minutos atrás no tenía más propósito que forzar a Tao Hua a entrar en escena.
—Primero me bajoneo al Enviado Divino del Juicio y después voy por tu cabeza.
Zhang Ruchen dejó a un lado a Hada Guna y se lanzó de cabeza hacia la posición del Enviado Divino del Juicio. En el trayecto, alcanzó a ver de reojo cómo un Santo Supremo del Reino Paramount del Clan Elfo recogía del suelo el arco gigantesco del nivel de arma santa suprema, lo que le dejó un sabor amargo de profunda pena en el pecho.
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