WANGUSHENDI 2625








EMPERADOR DIVINO ETERNO 2625

Regreso a la Secta Dios de la Sangre




Raws : 2611


Medio mes después.

Zhang Ruochen estaba parado al lado de la tumba solitaria, bajo el árbol de arce de sangre, contemplando el singular mundo que tenía en frente. Con la mente ya más tranquila, se puso a recordar cosas del pasado; por momentos sonreía, por otros se ponía serio, a veces se le notaba un aire de amargura.


—¿En qué está pensando, joven amo?


Kong Xuan era la chica a la que Zhang Ruochen le había comprado su libertad en el pabellón Tianyue hace tiempo; tenía una belleza de una en un millón y no era un ser humano puro, sino que pertenecía a la raza mitad humana, mitad pavo real.

La técnica de cultivo que usaba era el Canon Santo del Pavo Real, el cual Zhang Ruochen mismo le había heredado, siendo la misma técnica que cultivaba Kong Lanyou.

Zhang Ruochen la había puesto al servicio de Concubina Lin para que la cuidara, ella siempre se había mantenido recontra fiel.

En verdad, su talento natural era bien alto; cuando el Campo Kunlun resucitó, fue elegida por uno de los Despiertos, quien se la llevó caleta para entrenarla como parte de los nuevos talentos que harían resurgir a Kunlun. Hoy por hoy, ya había alcanzado el nivel de un Rey Santo de Ocho Pasos.

Claro que, si pudo llegar a ese nivel, fue porque tras la resurrección del Campo Kunlun, las reglas del cielo y la tierra se perfeccionaron, haciendo que cultivar fuera muchísimo más fácil que antes.

A las finales, Zhang Ruochen no era ningún improvisado; ya había logrado salir de ese dolor tan profundo, por lo que dijo con una voz suave y cálida:


—De ahora en adelante, vas a cultivar junto a Lanyou.


Kong Xuan negó levemente con la cabeza y dijo:


—Yo prefiero quedarme a servir al lado del joven amo.

—Ya has cultivado hasta el Reino Rey Santo, no te sigas viendo a ti misma como una simple sirvienta. Tienes que mentalizarte como alguien fuerte; si tu estado mental no pasa por una metamorfosis, jamás vas a poder alcanzar el Reino del Gran Santo.


Zhang Ruochen continuó:


—Menos mal que mi mamá te tuvo a ti para que la cuidaras todos estos años, de verdad te estoy muy agradecido. Esta planta santa de repente te da una mano para romper el límite hacia el Reino Santo Supremo. Aunque claro, tu mayor traba sigue siendo tu Poder Espiritual.


Zhang Ruochen sacó una planta santa de nivel de era cósmica que había desenterrado del Templo del Origen y se la entregó.

Las plantas santas de ese templo contenían una energía de origen purísima, así que de todas maneras ayudaban a potenciar el cultivo.


—Si quieres que su Poder Espiritual cambie, la única opción es mandarla al campo de batalla por los méritos. ¡Aunque si sale viva de ahí o no, ya es otra cosa!


dijo Kong Lanyou, acercándose a ellos.

Kong Xuan le devolvió la planta santa a Zhang Ruochen y dijo:


—No quiero ir al campo de batalla por los méritos. Yo soy feliz sirviendo toda mi vida al joven amo y a Santa Suprema Lanyou. ¿Por qué tendría que timbearme la vida solo por alcanzar el Reino Santo Supremo?


Zhang Ruochen y Kong Lanyou se miraron las caras.

Era obvio que cada quien tiene su propia forma de pensar y sus propias metas.

Los dos no quisieron seguir insistiendo ni obligarla a ir al campo de batalla; con el carácter que se manejaba ella, fijo que no la iba a pasar nada bien allá.


—Quédate con la planta santa. Si más adelante se presenta la oportunidad, yo mismo te daré una mano para refinar una fuente divina y convertirte en un Falso Dios.


prometió Zhang Ruochen, pues de verdad se sentía muy en deuda con Kong Xuan.

A los cultivadores que no les daba el Poder Espiritual, no les quedaba de otra que refinar una fuente divina para convertirse en Falsos Dioses.

Un Falso Dios tenía una esperanza de vida de una era cósmica: 129600 años.

Por supuesto, este no era un beneficio que se le daba a cualquiera, tener una fuente divina tampoco te aseguraba al 100% que te convertirías en un Falso Dios. Para un Rey Santo, intentar convertirse en uno era más difícil que ganarse la Tinka.

Si Zhang Ruochen se sentía tan seguro y con el respaldo suficiente para lanzar semejante promesa, era lógicamente porque tras haber viajado por el río del tiempo, vio con sus propios ojos la majestuosidad de figuras como Gran Venerable, Demonio Celestial y Ancestro Confucio, lo que le dio una ambición capaz de comerse al mundo.

Si necesitaba una fuente divina, bastaba con bajarse a un dios y listo.

En verdad, el estado mental de Zhang Ruochen ya había pasado por mil batallas y todo tipo de demonios internos habían sido eliminados por su intención santa del camino de la espada de tercer grado, quedando estos sin chance de hacer chongo. Después, fueron aplastados por completo por su dominio de La Eternidad en Uno, volviéndose parte de los 'mil ríos que nutren al mar' y de las 'mil formas que componen el todo'.

Al momento de consolidar su dominio de La Eternidad en Uno, las dudas que Zhang Ruochen tenía en el corazón ya no tenían cómo ganarle.

Cuando pegó la vuelta desde el río del tiempo, Zhang Ruochen ya había pisado la cima del Reino Mil Koan, las reglas del camino santo dentro de su cuerpo superaban los cien mil millones.

Si le daba la gana, ahorita mismo podía dar el salto al Reino Banshi Isshou.

Sin embargo, en el fondo todavía tenía ciertos cabos sueltos; tenía que regresar a Kunlun y sí o sí ir l Mundo Celestial para alcanzar la perfección total. Ya que las cosas estaban así, prefirió hacerle caso a su corazón en vez de andar reprimiendo a la fuerza sus propios pensamientos.












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Zhang Ruochen se dio cuenta de que el nivel de Kong Lanyou ya había alcanzado la cima del Reino Banshi Isshou, habiendo acumulado cinco billones de reglas del camino santo.

El Abismo Sin Fin era un lugar recontra misterioso; con decir que ni Emperatriz de Sangre, con todo y su nivel del Reino Divino, se atrevía a pisar algunas de sus zonas prohibidas. Por eso, a Zhang Ruochen no le sorprendió para nada que Kong Lanyou hubiera conseguido un nivel tan alto; era fijo que había tenido una gran oportunidad fortuita.

En cuanto a los secretos del Abismo Sin Fin, Zhang Ruochen prefirió no meter las narices por el momento, menos correr riesgos que ni los mismos dioses se atrevían a tomar.

En este regreso al Campo Kunlun, todavía tenía un montón de cosas por hacer.

Frente a la tumba solitaria, Zhang Ruochen hizo tres reverencias profundas golpeando la frente contra el suelo. Luego, metió toda la tumba —incluyendo la casita de al lado y el árbol de arce de sangre— dentro del Reino Qiankun.

A las finales, decidió que lo mejor era enterrar a su mamá al lado de su padre, el Rey del Comando.

Kong Lanyou le dijo con un tono de preocupación:


—Primo, el Campo Kunlun de ahora no es como el de antes; no solo hay un montón de Despiertos de la era medieval, sino que también hay dioses vigilando el lugar. Si vas a volver a la Montaña del Rey, déjame acompañarte, ¿ya?

—¿Por qué? ¿Te da miedo que los dioses del Campo Kunlun me manden al otro mundo?


preguntó Zhang Ruochen, con el ánimo todavía bien por los suelos.

En verdad, Kong Lanyou sí se moría de ese miedo. Aunque muchos cultivadores sabían perfectamente que Zhang Ruochen se había ido al Mundo Infernal solo para rescatar a su hija, lo que hizo allá hace mil años definitivamente había generado un mar de rajes y críticas por parte de incontables cultivadores.

Por si fuera poco, el simple hecho de ser el hijo de Emperatriz de Sangre y el nieto de Dios de la Guerra Xuejue ya era motivo suficiente para que Zhang Ruochen se ganara una sentencia de muerte gratis.


—Tranquila, no me va a pasar nada. Al menos en el Campo Kunlun, todavía no hay nadie que pueda conmigo.

—¡Primo!


Soltó Kong Lanyou llamándolo.

Zhang Ruochen se detuvo, volteó a mirarla y le dijo:


—¿Tienes algo más que decir?


A pesar de que ya habían pasado mil años, el aspecto de Kong Lanyou no había cambiado absolutamente nada: su cabello seguía blanco como la nieve, pero su piel era tan suave que parecía de porcelana, sus labios rojos brillaban como piedras preciosas.

El paso del tiempo no había dejado ni una sola huella en ella.

Ella le sostuvo la mirada a Zhang Ruochen y le dijo:


—Primero esperé 800 años, luego tuve que esperar 1000 años más... Primo, ¿cuánto tiempo más me vas a tener esperando?


Esa frase estaba cargada de un amor purito.

Tal vez era algo que se había quedado con las ganas de decirle desde hacía mil años.

Que una mujer espere a un hombre por mil ochocientos años es algo tan fuerte que, en verdad, no hacía falta ni que hablara; todo ese sentimiento ya se sobreentendía por completo.

Zhang Ruochen se quedó callado por un buen rato, hasta que por fin le dijo:


—Anda junta tus cosas y vámonos juntos.


Para escuchar esa frase, quién sabe cuántos años se había pasado esperando.

Kong Lanyou lloró de la emoción, sin saber cómo describir la felicidad que sentía en ese instante, le dijo con voz tierna:


—Espérame, no te me vayas a escapar a escondidas. Te lo advierto, esta vez no me vas a meter floro ni me vas a dejar tirada.


Mirando a Kong Lanyou mientras salía volando hacia la cima de la montaña de sangre, Zhang Ruochen soltó un leve suspiro.

Lo que él sentía por Lanyou siempre había sido un cariño de hermanos; por eso, lo correcto era no dar pie a confusiones.

Sin embargo, tras la muerte de Concubina Lin, Lanyou se había convertido en su familia más cercana en todo el Campo Kunlun. Cuando ella le soltó esa frase, a Zhang Ruochen se le ocurrieron como cien formas distintas para chotearla, pero a las finales no tuvo corazón para decírselas.

Ella ya se había pasado 1000 años encerrada en el Abismo Sin Fin, ¿acaso iba a dejar que se quedara ahí hasta que se volviera vieja y muriera?

En este regreso al Campo Kunlun, Zhang Ruochen ya no cargaba con ninguna presión ni responsabilidades encima, menos le preocupaba quién pudiera venir a buscarle bronca.

Ya que las cosas estaban así, bien podía aprovechar para hacerle una buena compañía a Lanyou; la verdad es que ella tampoco la había tenido nada fácil todos estos años.












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Zhang Ruochen, Kong Lanyou y Kong Xuan dejaron atrás el Abismo Sin Fin y se dirigieron de frente hacia la Secta Dios de la Sangre.

Según lo que le había contado Kong Lanyou, el actual líder de la Secta Dios de la Sangre era Yan Liren.

Hacía quinientos años, el verdadero cuerpo de Yan Liren había salido del dominio de sangre en el segundo nivel del Abismo Sin Fin, llevándose consigo su antiguo cuerpo crisálida para regresar a la Secta Dios de la Sangre.

En realidad, a Yan Liren nunca le había interesado el puesto de líder. En su momento, siendo el más fuerte de toda la secta, prefirió cederle el liderazgo a Chi Linyuan.

Si terminó asumiendo el cargo fue porque, para que el Campo Kunlun pudiera resurgir, el mundo secular necesitaba urgentemente de capos que pusieran el pecho y pelearan por los intereses en el Mundo Celestial.

Desde que regresó el Amo de la Isla de la Caída del Dios, el Campo Kunlun había mantenido un perfil bajo, sin ponerse a ajustar cuentas con los traidores del pasado; sin embargo, las broncas en el mundo secular ya habían llegado a un punto recontra picante.

Como Kunlun estaba subiendo como la espuma a una velocidad de locos, el Campo Celestial —que era el mandamás del Universo Occidental— no se iba a quedar de brazos cruzados viendo cómo progresaban, así que les metieron todo tipo de trabas y golpes bajos, llegando a ser recontra sucios en sus métodos.

En el mundo secular, si no contaran con personajes fuertes como Yan Liren para dar la cara, ¿cómo miércoles iban a tener chance de defenderse?

Hoy por hoy, la Secta Dios de la Sangre se había transformado en toda una tierra santa, rebosante de qi santo del cielo y la tierra.

La concentración de este qi santo era más de diez veces superior a la de hace mil años.

Zhang Ruochen usó sus trucos para transformarse en Gu Linfeng y se fue directo hacia el Pico Yingzhu. En el camino, se cruzó con un montón de discípulos jóvenes de la secta; todos vestían túnicas santas de color rojo carmesí y desbordaban una energía tremenda. Algunos estaban agrupados conversando sobre los últimos acontecimientos del mundo y otros andaban midiendo fuerzas en duelos de espadas.

Nadie reconoció a Zhang Ruochen, el líder de la Secta Dios de la Sangre de hace mil años.

Obviamente, en la secta había retratos y estatuas de piedra de los antiguos líderes, pero todas tenían el rostro de Zhang Ruochen, no el de Gu Linfeng.

En cambio, Kong Lanyou y Kong Xuan, quienes llevaban el rostro cubierto con velos, sí llamaron la atención de varios de los cultivadores más jóvenes.

Pero como Kong Xuan irradiaba un aura del camino santo demasiado imponente, ningún cultivador se atrevía a ponerse espeso ni a acercarse.


—Oye, ¿llegaron a sentir eso? Esa flaca con alas de pavo real tiene un aura del camino santo tan brutal como un río de estrellas en el cielo. Yo le juego lo que sea a que es un Rey Santo fijo.

—¿Y un Rey Santo tiene que caminar al último? Entonces, ¿qué tal peso pesado serán ese hombre y esa mujer que van adelante?

—¿No ves que se están yendo directito al Pico Yingzhu? De ley que son invitados VIP del líder.

……


Al llegar a las faldas del Pico Yingzhu, un Medio Santo ya los estaba esperando; no pasaba de los cincuenta años, así que se notaba que era un fuera de serie con harto talento.

Se llamaba Sun Duanjue y era el discípulo de Yan Liren.

Sun Duanjue clavó la mirada en Kong Lanyou y le dijo con una sonrisa:


—Mi maestro ya había calculado por telepatía que la mayor Kong vendría a la Secta Dios de la Sangre, así que me mandó especialmente a bajar de la montaña para darle la bienvenida.


Como el Abismo Sin Fin y la Secta Dios de la Sangre eran vecinos, Sun Duanjue sabía perfectamente de la existencia de Kong Lanyou, esa vecina con un poder de temer.

Luego, Sun Duanjue miró a Zhang Ruochen con algo de curiosidad; ¿qué clase de pez gordo sería este tipo para poder caminar a la par con la mayor Kong?

Zhang Ruochen, por su parte, se le quedó mirando fijamente al trasero de Sun Duanjue y le soltó:


—¿Qué parentesco tienes con Sun Dadi?


Y es que Sun Duanjue tenía una cola que le salía del trasero; pertenecía a la raza mitad humana, mitad mono espiritual.

Sun Duanjue se sacó un poco de cuadro, pero de inmediato le hizo una reverencia recontra respetuosa a Zhang Ruochen y le dijo:


—¿Mayor conoce a mi abuelo?


Su abuelo, Sun Dadi, era nada menos que un Santo Supremo de la Secta Dios de la Sangre y el segundo hombre más fuerte de la secta, justo por debajo del líder. Todo el mundo se refería a él con respeto como 'Santo Supremo Sun'. Alguien que se atrevía a llamarlo por su nombre a secas no podía ser cualquier hijo de vecino.

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1 Comentarios

Luis Mogollon ha dicho que…
Visitando los viejos lugares... Aún hay cultivadores que pueden recordarlo.... Me vino el recuerdo de aquella vieja anciana que lo había reconocido como el principe fue un encuentro emotivo... Cuál era su nombre?🤔