VDF 15





VIAJES DE FAMILIA 15

Juegos eróticos de garganta profunda y dilación bajo la mesa


Traducción: Asure


El juego continuaba; las latas de cerveza ya eran cinco o seis vacías, en la sala se respiraba un ambiente impregnado de aroma a alcohol, mezclado con el tenue olor a leche y el rastro de fluido femenino que emanaba de las mujeres. De pronto, la prima Xiao Ling propuso cambiar la dinámica:


—Quien pierda no solo tomará, sino que también tendrá un castigo~ Esta vez, la persona que pierda adivinará un número; si falla, se toma otro vaso.


Todas aceptaron entre risas y alboroto.

En esta ronda le tocó perder a la tía Xiao Fen. Ella, sonriente y complaciente, se recostó al lado izquierdo de Ah Ming. Su yukata ya estaba bastante desabrochada, dejando casi al descubierto sus desbordantes pechos copa G, cuyo peso de carne firme presionaba con fuerza contra el brazo de Ah Ming, con los pezones erguidos hasta adquirir un tono purpúreo.

Xiao Wei entrecerró sus ojos acendrados en forma de media luna y, con una dulzura pícara, asumió el rol de jueza:


—Adivine, tía. Tengo un número en mente, del 1 al 20... ¡Si se equivoca, toma!


La tía fingió una actitud concentrada y, con el rostro sonrojado, fue probando lentamente:


—Mmm... ¿es el 8? ¿No? Entonces... ¿el 12? ¿O el 15?


Entre cada número que mencionaba hacía una pausa de varios segundos; su voz sonaba suave y delicada, aparentando meditar de verdad cuando, en realidad, solo ganaba tiempo suficiente debajo de la mesa. Su estrechez húmeda seguía sujetando firmemente el pie izquierdo de Ah Ming; las contracciones del interior apretaban sus dedos haciendo un sonido húmedo de 'chuu, chuu', mientras el fluido resbalaba sin cesar a lo largo del tobillo.

En ese instante, la prima Xiao Ling ya no aguantó más. Con la mirada cristalina puesta en el frente, halló finalmente un pretexto:


—¡Ay!, se me cayó el teléfono debajo de la mesa, voy a recogerlo~


Dicho esto, agachó su hermoso y deslumbrante rostro para colarse bajo la mesa ratona, levantándose el faldón de la yukata hasta la cintura y dejando a la vista una tanga de seda blanca completamente empapada, junto a sus firmes y voluminosas nalgas.

Lo primero que contempló bajo la mesa fue la escena completa: la delicada mano de su hermana menor, Xiao Wei, metida a través del pantalón desabrochado, deslizándose con destreza de arriba abajo por el grueso y venoso miembro de su hermano; mientras tanto, el canal de la tía aprisionaba sin piedad el pie izquierdo de Ah Ming, manteniendo los dedos sepultados en la entrada y succionándolos con rítmicas contracciones internas.

En los labios de la prima se dibujó una sonrisa sumamente perversa. Resistiéndose a quedarse al margen, se arrastró hasta quedar justo frente a Ah Ming y se hincó sobre la alfombra, presionando sus desbordantes pechos copa G contra el muslo del joven. Sin titubear, abrió sus labios rosados y se llevó a la boca el glande, aún húmedo y brillante por el roce de la mano de su hermana, envolviéndolo de un solo bocado.


—Guchu... chss... guchss.......


La cavidad bucal, cálida y estrecha, envolvió al instante el glande. La lengua de la prima se enroscó con agilidad alrededor del cuerpo del miembro, dando vueltas rápidas en el surco balanoprepucial y lamiendo con ímpetu, mientras su garganta se contraía suavemente para dar masaje a la abertura del meato. Succión tras succión, profunda y voraz, convirtió su boca en una verdadera vía de estrechez; la saliva acumulada no tardó en desbordar por la comisura de sus labios, formando un fino hilo plateado que goteó sobre el muslo de Ah Ming. Aunque procuraba contener el ruido, debajo de la mesa el chapoteo resonaba con absoluta nitidez:


—Guchu... chss, chss... guru....


La mano de Xiao Wei, aferrada a la parte media del miembro, continuó con su movimiento pausado, pero de pronto sintió a su lado la cercanía de unos pequeños labios ardientes. Sus dedos palparon con claridad cómo la boca de su prima aprisionaba con firmeza el glande, mientras la lengua revoloteaba desenfrenada junto al dorso de su propia mano, dejando sus dedos cubiertos de una viscosidad resbaladiza.

Xiao Wei abrió ligeramente sus ojos almendrados, mas no emitió sonido alguno; únicamente dejó ver una mueca dulce y traviesa en sus labios. A propósito, desplazó los dedos un poco más arriba para permitir que su prima pudiera profundizar aún más la succión; al mismo tiempo, ella siguió acariciando con delicadeza la zona media del miembro, coordinando con la boca de su prima un complaciente 'servicio doble': la mano encargada del cuerpo y la boca dedicada exclusivamente al glande y al surco balanoprepucial.

La tía percibió que la actividad bajo la mesa se tornaba cada vez más intensa, provocando que los dedos de su hijo quedaran atrapados con mayor fuerza dentro de su propio canal. Aceleró el juego prolongando adrede el tiempo para adivinar el número y, con el rostro encendido, expresó con voz mimosa:


—Mmm... ¿tampoco es el 15? Entonces... ¿será el 7? ¿Tampoco? Ay, qué torpe es su tía... A ver, una vez más, ¿el 11? ¿O el 18?


Con cada intento fallido guardaba varios segundos de silencio, brindando la tranquilidad necesaria para que su sobrina disfrutara de aquel profundo trago. No obstante, el canal de la tía apretaba con creciente vehemencia; las paredes internas se convulsionaban en continuas succiones sobre los dedos de Ah Ming, derramando un torrente de fluido que envolvía todo el pie en un brillo húmedo y resbaladizo.

Debajo de la mesa, la prima intensificaba el ritmo de succión. Inclinó la cabeza hacia adelante, haciendo que la totalidad del miembro se internara hasta el fondo de su garganta, al punto de rozar con la punta de la nariz el bajo vientre de Ah Ming; su garganta se contraía fuertemente masajeando el glande, apretándolo como si tratara de tragar.


—Guru... guchu, guchu... chss, chss...


El sonido ahogado del trago profundo se repetía en oleadas; la saliva salpicaba en todas direcciones fruto de la fuerza de la succión, cayendo sobre el dorso de la mano de Xiao Wei y los testículos de Ah Ming.

Con los dedos totalmente empapados por la saliva de su prima, Xiao Wei mantuvo la firmeza en su papel de jueza y comentó con tono dulce:


—Todavía no le atina, tía~ Pruebe otra vez; dese prisa o le tocará doble castigo.


Al oírla, el rostro de la tía se encendió aún más y falló intencionalmente dos números adicionales para concederle más tiempo a la joven. Mientras arriesgaba respuestas, empujaba su zona íntima hacia adelante para que los dedos de Ah Ming se hundieran a mayor profundidad, consiguiendo que la planta del pie frotara con fuerza el clítoris, provocándole un placer tal que estuvo a punto de morderse el labio inferior hasta sangrar.

La boca de la prima había perdido todo control. Por momentos se entregaba a un trago profundo hasta el fondo, engullendo la totalidad del miembro para succionarlo con vehemencia; por momentos retenía únicamente el glande, usando la punta de la lengua para estimular con rapidez la abertura del meato y tragar cuanto fluido previo brotaba de allí; en ocasiones, rozaba con delicadeza el surco balanoprepucial con los dientes, desatando una ráfaga de estímulos intensos. Sus pechos copa G, presionados contra el muslo de Ah Ming, se deformaban y rebotaban al ritmo de sus propios movimientos, rozando la tela del pantalón con los pezones erguidos.

Sentado en medio, Ah Ming aparentaba sonreír mientras las observaba adivinar números y beber; sin embargo, en la parte inferior de su cuerpo el éxtasis era tal que le erizaba el cuero cabelludo: el pie izquierdo era aprisionado violentamente por el canal de la tía, mientras que el lado derecho del miembro recibía la atención simultánea de la mano de su hermana y la boca de su prima. Toda la superficie de su virilidad lucía pegajosa y brillante, bañada en jugos y saliva, mientras el incesante chasquido —guchu, guchu, chss, chss— resonaba sin tregua debajo de la mesa.

La tía erró una vez más a propósito y, con una sonrisa en los labios, tomó la lata de cerveza:


—¡Uy, fallé otra vez~! ¡A tomar!


Mientras bebía, su zona íntima aprisionó con extrema fuerza los dedos de Ah Ming; sus paredes internas se contraían rítmicamente, al borde de un colapso de placer.

La prima sumergió la cabeza todavía más, tragándose la virilidad por completo hasta la garganta; la pared muscular masajeaba desenfrenadamente el glande, mientras la lengua recorría con firmeza las venas marcadas en la cara inferior del miembro. La saliva acumulada era tanta que ya había mojado por completo los testículos de Ah Ming y la mano de Xiao Wei. Se entregaba a esa succión voraz sin importar que se encontraran en la sala, donde los padres podían despertar en cualquier instante, motivada únicamente por el deseo de devorar el miembro de su hermano con mayor profundidad y crudeza.

Las yemas de los dedos de Xiao Wei permanecían pegadas a los labios de su prima, sintiendo cómo esa pequeña boca tibia acogía y expulsaba el glande de su hermano trago a trago; sin embargo, fingía no percatarse de nada y, con voz melodiosa, planteó el siguiente reto:


—Tía, último intento, ¿eh?~


Sobre la mesa no cesaban los choques de vasos y el alboroto entre risas; debajo de ella, se consolidaba la complicidad más descarada entre las tres mujeres y Ah Ming.

Finalmente, al intento número doce, la tía sonrió con coquetería y, con las mejillas ardiendo, acertó el número:


—Es... ¿el 9, verdad?


Xiao Wei aplaudió complacida:


—¡Acertó, tía~! ¡Esta no lleva castigo!


Fue entonces cuando la prima Xiao Ling, insatisfecha aún, salió despacio de debajo de la mesa. Su hermoso rostro lucía encendido, con un fino hilo de saliva brillante colgando de la comisura de la boca y los labios ligeramente inflamados; sus ojos almendrados y cristalinos reflejaban una mezcla de plenitud y deseo insaciable. Como si nada hubiese ocurrido, volvió a su sitio, se acomodó la yukata —haciendo que sus voluminosos pechos copa G rebotaran en sacudidas de curvas desbordantes— y fingió normalidad.

La mano de Xiao Wei continuaba sujetando el miembro de su hermano; la punta de sus dedos estaba cubierta por la densa saliva que su prima había dejado tras la succión profunda, resultando sumamente resbaladiza. A propósito, le dio un par de deslices pausados; un sonido leve pero inconfundible de —chss... guchss...— resonó bajo la mesa. El miembro quedó totalmente reluciente por la saliva, con las venas marcadas y el glande palpitando sin pausa. Ah Ming mantenía todo el cuerpo en tensión, obligado a disimular concentrándose en las cartas.

El canal de la tía continuaba reteniendo su pie izquierdo; la calidez interna estrangulaba sus dedos dejándolos pegajosos y calientes. Ella intercambió una mirada cómplice con la prima y con Xiao Wei; las tres, en perfecta sintonía, hicieron oídos sordos al impúdico chasquido bajo la mesa y continuaron repartiendo naipes y tomando entre risas, tal como si nada hubiese pasado.

En la ronda siguiente, la derrotada fue Xiao Wei.

La prima dio una palmadita entusiasta al instante, con un destello malicioso en sus ojos almendrados:


—¡La persona que pierda recibe castigo! Xiao Wei, ¡te vas a poner un antifaz y, vestida únicamente con esa yukata, vas a dar una vuelta entera alrededor de la villa! Y tu hermano te va a acompañar... ¡nada de agarrarse de las paredes, solo te puedes sostener de él!


Al escuchar las condiciones, los ojos de Xiao Wei brillaron de inmediato con una mezcla de excitación y vergüenza. Se mordió el labio inferior, pero terminó asintiendo obediente:


—Está bien... acepto el castigo~ Hermano, me tienes que sostener bien, ¿sí?


La prima trajo de la habitación un antifaz de seda negra y se lo colocó ella misma a Xiao Wei, cubriendo por completo sus expresivos ojos. A la joven le quedaba únicamente una yukata tan corta que parecía minifalda, con el escote holgado que dejaba casi al descubierto sus prominentes pechos copa E. Debajo, la delgada tanga negra de tiras estaba completamente empapada, transparentando el contorno de su zona íntima.

Ah Ming tomó a su hermana del brazo para ayudarla a levantarse. Xiao Wei pegó de inmediato su esbelto cuerpo al de él; el peso de sus pechos copa E se presionó de lleno contra el pecho del joven. La masa de carne suave y ardiente se comprimió deformándose a través de la fina tela de la yukata, con los pezones erguidos rozándole la piel a cada movimiento.

Ambos salieron despacio de la sala, encaminándose hacia el pasillo exterior y el jardín de la villa. Apenas habían avanzado unos pasos fuera de la habitación cuando Xiao Wei, con la vista totalmente cubierta, comenzó a inquietarse. Disfrutaba con entusiasmo de la estimulación de no ver nada; cediendo un suave bamboleo a su delgada cintura, hizo que sus pechos chocaran y se frotaran contra el pecho de su hermano. La firmeza blanda de sus atributos se deformaba y rebotaba en sacudidas continuas.


—Hermano... no veo nada... qué emocionante... sostenme bien.......


musitó Xiao Wei con una voz entrecortada, suave y cautivadora. Mientras hablaba, empujó la parte superior de su torso con más fuerza hacia adelante, aplanando sus pechos contra el tórax de Ah Ming y haciendo que los pezones rozaran enérgicamente su piel a través de la vestimenta.

Tras dar un par de zancadas, su pequeña mano ya había encontrado con soltura la bragueta de su hermano. Con dedos ágiles bajó el cierre y extrajo la gruesa y larga virilidad, aún bañada en la saliva de su prima. Debido a la estimulación previa, el miembro se erguía en su totalidad, con las venas brotando, el glande purpúreo y la superficie reluciente por la viscosidad acumulada.

Xiao Wei sujetó el cuerpo del miembro con una mano; primero lo envolvió con la palma, desorganizándolo de arriba abajo con lentitud para distribuir de manera uniforme la saliva restante. Enseguida aproximó la otra mano, empleando ambas para sujetar la virilidad y desplazarla con destreza en un movimiento continuo de ascenso y descenso.




Chss... chss, chss... guchss...




El chasquido del roce manual al caminar resonaba con claridad, adquiriendo un matiz sumamente obsceno en la quietud del pasillo. Sus dedos unas veces se apretaban para comprimir la vara con fuerza, otras empleaban únicamente el pulgar y el índice para estimular con dedicación el surco balanoprepucial, rozando ocasionalmente el meato con la yema para mezclar el fluido previo con la saliva, formando hilos viscosos.

Sin detener el paso, Xiao Wei continuó frotando enérgicamente sus pechos contra el tórax de su hermano; la carne aprisionada sobresalía por el escote de la yukata, exhibiendo pezones erguidos hasta adquirir un tono violeta. Reclinó el rostro sobre el cuello de Ah Ming y, dejando escapar un aliento tibio, murmuró en voz baja:


—Hermano... tu pinga... está tan caliente... tan dura... la prima la dejó tan mojada de tanto chuparla... ahora yo... te voy a seguir haciendo sentir bien con la mano... mmm... mientras caminamos... la paja es tan estimulante... abajo... se me está saliendo muchísima agua otra vez...


La velocidad con la que se la pajeaba se volvía cada vez más diestra; sus dos pequeñas manos se turnaban de arriba abajo: por momentos pajeaba rápidamente toda la vara y, por otros, se concentraba solo en el glande, sobándolo en círculos. El sonido húmedo de —chss, chss, chss... guchu... pachss...— resonaba paso a paso con el avance de ambos, siendo imposible de disimular.

Los enormes pechos de Xiao Wei continuaban frota que frota, apretándose y rebotando salvajemente contra el pecho de su hermano; las olas de carne no cesaban y el escote de la yukata ya estaba completamente abierto, dejando al descubierto la mayor parte de su piel blanca. Sin embargo, sus pequeñas manos no se detuvieron ni un instante: sujetaba la gruesa y larga virilidad mientras caminaba y se la pajeaba; a veces, incluso presionaba a propósito el cuerpo del miembro contra su propio bajo vientre, haciendo que el glande rozara su tanga empapada para untarse más con sus propios fluidos y lograr que el deslizamiento fuera aún más resbaladizo y pegajoso.

Ah Ming sostenía a su hermana, avanzando a paso lento mientras soportaba la estimulación extrema de aquel paseo. En la parte inferior, la pequeña mano de su hermana lo pajeaba provocándole una mezcla de placer y frenesí; en el pecho, ese par de pechos copa E no dejaban de presionarlo, con los pezones erguidos de ella rozándole la piel una y otra vez, mientras en sus oídos retumbaban los murmullos suaves y pervertidos de la joven...

Así, entre roces y juegos mientras caminaban, bordearon lentamente el exterior de la villa. Bajo el antifaz, Xiao Wei estaba totalmente sumergida en la excitación de la ceguera; frotaba sus grandes pechos con cada vez más fuerza, pajeándolo con la mano a un ritmo más acelerado, mientras el chasquido húmedo resonaba con claridad en la brisa nocturna...

Ambos continuaron caminando despacio alrededor de la villa; el viento marino soplaba a través del pasillo, levantando suavemente el faldón de la yukata. El antifaz de Xiao Wei le cubría firmemente la visión; todo su cuerpo parecía el de un pequeño animal en celo pegado por completo a su hermano. Sus pechos copa E no dejaban de frotarse, apretarse y deformarse contra el tórax de Ah Ming, sobresaliendo suavemente por el escote de la yukata, con los pezones tan duros que adquirían un tono purpúreo, rascándole la piel a cada movimiento.

Ah Ming sostuvo a su hermana y le dijo en voz baja al oído:


—Xiao Wei... ahora estamos frente a la ventana de la habitación de papá y mamá... la ventana solo tiene una cortina delgada y la luz de adentro sigue encendida....


Apenas terminadas las palabras, el canal de Xiao Wei se contrajo de golpe; a través de esa delgada tanga negra de tiras, la entrada se apretó violentamente y un chorro de fluido hirviente brotó de entre sus labios con un —chss...—, deslizándose al instante por la parte interna de sus muslos y dejando sus delgadas pantorrillas relucientes y pegajosas.


—¡Mmm...!


Xiao Wei se estremeció ligeramente; aunque sus ojos almendrados estaban cubiertos por el antifaz, podía sentir con total claridad esa excitación extremadamente peligrosa: sus padres estaban justo detrás de la delgada cortina y podían oír el menor ruido en cualquier momento. De pronto, se arrodilló ahí mismo; sus delicadas rodillas impactaron con un 'pa' sobre el piso de madera del pasillo y el faldón de la yukata se le levantó hasta la cintura, dejando al descubierto esa tanga de tiras empapada que casi transparentaba.


—Hermano... aliméntame.......


la voz de Xiao Wei sonó suave y apresurada, cargada de una densa agitación. Levantó el rostro cubierto por el antifaz, abriendo ligeramente sus labios rosados mientras dejaba escapar un aliento tibio:


—Ahora... justo frente a la ventana de papá y mamá... de verdad quiero la pinga de mi hermano... apúrate, dámela.......


La manzana de Adán de Ah Ming se movió con brusquedad; la parte inferior le dolía de lo dura que estaba. Rápidamente se desabrochó el pantalón y sacó por completo esa gruesa y larga virilidad, todavía untada con la saliva de su prima y los restos de los fluidos de la paja de su hermana. La vara, con las venas brotadas y el glande purpúreo, palpitaba levemente en la brisa nocturna, con toda la superficie reluciente.

Xiao Wei sintió el glande caliente rozar sus labios e inmediatamente abrió su pequeña boca, tragándose el miembro entero de un solo bocado.




¡Guchu... chss... guchss...!




La cavidad bucal, húmeda, cálida y apretada, envolvió al instante la gruesa y larga virilidad. La lengua de Xiao Wei se enroscó con agilidad alrededor del cuerpo del miembro, succionando con fuerza mientras su garganta se contraía suavemente para dar masaje al glande. Chupaba con una fuerza profunda y voraz; movía la cabeza hacia adelante y hacia atrás, tragándose la verga hasta el fondo de la garganta en cada embestida, rozando el bajo vientre de Ah Ming con la punta de la nariz. —Guru... guchu, guchu... chss, chss, chss...—, el sonido ahogado de la succión profunda resonaba con claridad, adquiriendo un matiz sumamente obsceno en el silencioso pasillo.

Debido a la fuerza de la succión, la saliva se acumuló en tal cantidad que fue imposible de contener, desbordando sin parar por las comisuras de la boca de Xiao Wei y desde la base de la vara, formando hilos cristalinos que goteaban sobre sus pechos copa E. La carne blanca y redonda quedó completamente empapada por la saliva, luciendo reluciente; el escote se llenó de una viscosidad espesa y los pezones, cubiertos de baba, quedaron brillantes y resbaladizos, temblando levemente en el viento de la noche.

Xiao Wei entendió la señal y sacó el pecho con fuerza; usando sus dos grandes pechos, empapados y brillantes por la saliva, apretó la virilidad de su hermano desde ambos lados para comenzar a hacerle una paja con las tetas al mismo tiempo que le hacía una mamada. Sosteniendo sus propios pechos desbordantes con ambas manos, los movió rápidamente de arriba abajo, haciendo que la carne blanda, tibia y cubierta de baba envolviera por completo el cuerpo del miembro. Las olas de carne rebotaban en sacudidas violentas, produciendo un sonido pegajoso de —guchss, guchss... pa...—. Al mismo tiempo, su boca continuaba atrapando el glande que sobresalía por encima del canal de sus pechos, succionando y lamiendo con ímpetu, mientras su lengua revoloteaba rápidamente en la abertura del meato; los sonidos de —chu... chss, chss... guchu...— se sucedían en oleadas.




¡Guchu, guchu... chss, chss, chss... guchss, guchss...!




La paja con las tetas y la mamada se realizaban al mismo tiempo; el sonido del chapoteo se volvía cada vez más fuerte y descarado. La saliva salpicaba por todas partes al ser exprimida por la carne de los pechos, corriendo sin tregua hacia abajo por el busto de Xiao Wei y dejando todo su pecho, vientre y bajo vientre pegajosos y brillantes. Con los ojos cubiertos, no podía ver absolutamente nada y solo le quedaba disfrutar, a través del tacto, de aquella peligroso y extremo estímulo: la ventana de sus padres estaba a menos de un metro detrás de ella, con la luz encendida tras la delgada cortina, con la posibilidad latente de que escucharan en cualquier momento ese incesante y obsceno chapoteo.

Cuanto más chupaba, más se excitaba Xiao Wei; la privación visual provocada por el antifaz la volvía aún más sensible. Apretó sus grandes pechos con mayor fuerza, deformando la virilidad por la presión de la carne, pajeándolo de arriba abajo con rapidez y crudeza, mientras al mismo tiempo se tragaba la verga hasta el fondo con la boca, con la garganta contrayéndose fuertemente para dar masaje al glande, como si quisiera tragarse el miembro de su hermano entero desde la raíz.


—Mmm... guru... ¡guchu, guchu...! Hermano... papá y mamá están al lado... estoy... chupando más fuerte... qué estimulante... mis tetas... también están llenas de saliva... tan resbaladizas... qué rico...


Ya no podía contener la voz; sus gemidos entrecortados se mezclaban con el sonido del chapoteo. Sus pechos estaban rojos y calientes de tanto sostenerlos; sus pezones erguidos rascaban el cuerpo del miembro mientras la saliva corría sin parar por el escote, dejando la tanga de tiras completamente empapada. Con los ojos vendados, Xiao Wei se hundía más y más en el placer prohibido de estar arrodillada frente a la ventana, dándole masajes con los pechos y tragándosela hasta la garganta; el movimiento de su cabeza hacia adelante y hacia atrás se volvía cada vez más acelerado, el ruido de la paja con las tetas y la mamada resonaba cada vez más fuerte en el viento nocturno...

Ah Ming miraba hacia abajo el rostro de su hermana cubierto por el antifaz; esa hermosa y pequeña boca tragaba y expulsaba su virilidad con codicia, mientras los pechos copa E, cubiertos de saliva, apretaban la vara pajeándola con violencia. El sonido del chapoteo, las respiraciones agitadas y el choque de la carne se entrelazaban en una sinfonía sumamente desenfrenada.

Justo cuando Xiao Wei apretaba aún más sus pechos copa E cubiertos de saliva, tragándosela hasta la garganta con mayor fuerza, cuando el sonido de —guchu, guchu, chss, chss, chss— resonaba más fuerte que nunca...

De pronto, desde la ventana de la habitación de sus padres se escuchó un leve ruido de desplazamiento. Su madre, Xiao Fang, vistiendo un pingama y sobándose los ojos, asomó la cabeza para revisar:


—¿Ah? ¿Qué es ese ruido afuera...? ¿Ah Ming? ¿Tú y Xiao Wei están afuera?


A Ah Ming se le aceleró el corazón de golpe y estuvo a punto de soltar un grito. Rápidamente echó el cuerpo hacia adelante, pegándose al alféizar de la ventana para cubrir todo lo que había abajo con el torso, e hizo un esfuerzo por mantener la voz firme:


—Mmm... mamá, somos Xiao Wei y yo... está cumpliendo un castigo, dando la vuelta a la casa con antifaz... justo pasábamos por acá... ya nos vamos....


La madre asomó la cabeza y miró un par de veces; la oscuridad de la noche, sumada a la delgada cortina, solo le permitía distinguir vagamente a su hijo apoyado en el alféizar, sin percatarse de que debajo de la ventana estaba su hija arrodillada. Dijo con una sonrisa serena:


—Tan tarde y siguen jugando tan contentos... Tengan cuidado de no caerse, regresen temprano a descansar, ¿sí?


Dicho esto, cerró la ventana suavemente sin darle más vueltas al asunto.

Ah Ming dejó escapar un gran suspiro de alivio, aunque el sudor frío ya le resbalaba por la frente.

Mientras tanto, Xiao Wei, arrodillada entre sus piernas, no tenía la menor intención de detenerse. Bajo el antifaz, al oír la voz de su madre, lejos de asustarse, se excitó de tal manera que su estrechez se contrajo de golpe, expulsando otro chorro de fluido con un —chss...—. Con los ojos almendrados cubiertos, dibujó una sonrisa sumamente descarada en sus labios; comenzó a chupar con mayor profundidad y crudeza, haciendo que su garganta se contrajera violentamente para dar masaje al glande, como desafiando a propósito los límites.




¡Guru... guchu, guchu... chss, chss, chss...!




La saliva salpicaba por todas partes debido a la fuerza de la succión, corriendo sin tregua hacia abajo por sus grandes pechos y dejando la totalidad de su busto copa E pegajoso y brillante. Tras chupar durante más de diez segundos, retiró repentinamente la boca del miembro, dejando oír un sonoro —bo— que resonó con absoluta claridad en la noche. Enseguida se dio la vuelta, dándole la espalda a su hermano, con un leve bamboleo de su delgada cintura, se levantó el faldón de la yukata hasta el talle; con dos dedos apartó hacia un lado esa delgada tanga negra de tiras, dejando al descubierto su zona íntima, ya inflamada, empapada y completamente lampiña.

De la entrada brotaba sin cesar un fluido transparente, formando hilos largos y cristalinos.

Xiao Wei no lo pensó dos veces: alineó sus firmes nalgas con la gruesa y larga virilidad de su hermano, que aún palpitaba, dejó caer la cintura hacia atrás




¡Chss——guchu!




La gruesa, dura e hirviente verga fue devorada por completo hasta el fondo por la estrecha y ardiente cavidad; el glande chocó fuertemente contra la entrada del útero, dejando oír un penetrante y húmedo sonido de penetración. Las capas de carne apretaron la vara con fuerza, mientras las paredes internas se contraían rítmicamente para succionar, haciendo que la saliva de antes y sus propios fluidos chasquearan al mezclarse.


—¡Mmm, ah...!


Xiao Wei se estremeció entera, pero al instante se mordió el labio inferior para contener los gemidos y convertirlos en un aliento sofocado. Comenzó a mover las nalgas de manera lenta pero firme, trazando círculos en todas direcciones para hacer que la verga rotara y se sobara con crudeza en lo profundo de su interior.




Guchss... guchu... pachss... chss, chss, chss...




El chasquido del bombeo resonaba con claridad debajo del alféizar de la ventana; aunque lo mantenía más bajo que antes, seguía siendo extremadamente impúdico. La ventana de sus padres estaba a menos de medio metro detrás de ella, con la luz proyectándose tenuemente tras la delgada cortina y la voz de su madre resonando aún en la memoria reciente; sin embargo, Xiao Wei se montaba sin reparos sobre el miembro de su hermano, con los ojos vendados, disfrutando al máximo de aquella estimulación prohibida.

Inclinó ligeramente el torso hacia adelante, apoyando ambas manos en el borde del alféizar, haciendo que sus pechos copa E, cubiertos de saliva, cayeran suspendidos y rebotaran en continuas sacudidas de carne, al punto que los pezones casi tocaban la madera. El movimiento de sus nalgas se volvía cada vez más descarado: por momentos subía y bajaba con fuerza, haciendo que el miembro saliera casi por completo para luego volvérselo a clavar hasta el fondo; por momentos giraba en círculos salvajes, haciendo que la carne interna apretara cada centímetro de la vara como una prensa.


—Hermano... papá y mamá están justo detrás de la ventana... y tú... me estás enterrando la verga tan adentro... qué emocionante... mmm, ah... adentro... solo tengo la pinga de mi hermano... me vas a romper a cachadas.......


La voz de Xiao Wei sonaba suave y pervertida; el tener los ojos cubiertos la volvía aún más desinhibida. Se montaba cada vez más rápido y su canal se apretaba con mayor violencia; los fluidos salpicaban en todas direcciones debido al constante bombeo, corriendo sin tregua por los muslos de Ah Ming y las pantorrillas de ella, acumulándose en un pequeño charco brillante sobre el piso del pasillo.

Ah Ming sujetó con fuerza la delgada cintura de su hermana y acompañó los movimientos de ella empujando suavemente hacia arriba, haciendo que el glande chocara una y otra vez contra el fondo. El chasquido húmedo bajo el alféizar de la ventana, —guchu, guchu, chss, chss, chss... pachss...—, resonaba cada vez más fuerte, disimulado a duras penas por el viento nocturno y el rumor de las olas.

Con el antifaz puesto, Xiao Wei mantenía la gruesa y larga verga de su hermano aprisionada en su interior; la carne se contraía en continuas convulsiones de succión, como si se negara a dejarla salir. Escondió el rostro en el cuello de Ah Ming y murmuró con una respiración agitada y suave:


—Hermano... cárgame... cárgame así mientras caminas... cáchame mientras caminamos... hasta llegar a la sala... quiero que mi hermano... me haga venir... mientras caminamos........


La manzana de Adán de Ah Ming se movió con fuerza; sostuvo las firmes nalgas de su hermana con ambas manos, hundiendo los dedos en la carne suave. Levantó a Xiao Wei por completo, haciendo que ella le rodeara la cintura con las piernas, manteniendo el miembro profundamente clavado en la apretada y caliente cavidad, sin permitir que se derramara ni una sola gota de fluido. Manteniendo esa postura de penetración profunda, avanzaron despacio.

A cada paso que daban, el propio peso de la hermana provocaba un ligero bombeo de arriba abajo dentro de su canal. —Guchss... guchu...—, sutiles pero impúdicos chasquidos húmedos acompañaban el andar. Ah Ming la llevaba en brazos y, a cada paso, empujaba con fuerza hacia arriba; el glande impactaba una y otra vez contra el fondo, haciendo que Xiao Wei se estremeciera por completo.


—¡Mmm, ah... hermano... mientras caminamos... me la sigues clavando... tan adentro...!


con los ojos cubiertos, Xiao Wei frotó sus grandes pechos enérgicamente contra el tórax de su hermano, rascándole la piel con los pezones erguidos. Escondió el rostro con más fuerza y le mordió el hombro a Ah Ming para no dejar escapar los gemidos demasiado fuerte, aunque no pudo evitar lanzar jadeos entrecortados:


—Más fuerte... cáchame mientras caminas... me encanta esta sensación... papá y mamá están al lado... y nosotros haciendo esto... ah...


Ah Ming aceleró el paso con un rugido ahogado, pero a propósito daba cada zancada con pesadez para que el miembro se clavara con mayor profundidad y crudeza dentro de su hermana. Así continuaron, avanzando y cando al mismo tiempo, con la verga sepultada en lo profundo del canal y recibiendo un empujón a cada paso. Los fluidos goteaban sin parar desde el punto de unión, dejando un rastro brillante sobre el piso del pasillo.

Conforme se acercaban a la sala, la estrechez de Xiao Wei se apretaba con mayor fuerza. Con los ojos cubiertos, estaba totalmente entregada a ese extremo placer prohibido en movimiento; sus nalgas empezaron a moverse por iniciativa propia, frotándose de adelante hacia atrás al ritmo de los pasos de su hermano, haciendo que la verga girara, se sobara e impactara en su interior.


—Hermano... ya casi llegamos... ¡me voy a venir...! ¡Mmm, ah... acábate adentro... acábate adentro mientras caminamos... lléname todo el útero...!


Ah Ming no pudo contenerse más. Apretó a su hermana contra sí y comenzó a dar embestidas violentas hacia arriba con la cadera; los últimos pasos fueron un frenesí de embestidas continuas en pleno movimiento. La verga palpitaba descontroladamente dentro de la apretada, húmeda y caliente cavidad de Xiao Wei, con el glande topando firmemente contra la entrada del útero.


—¡Mmm, ah——!


Ambos alcanzaron el clímax al mismo tiempo. El cuerpo de Xiao Wei se convulsionó violentamente mientras su canal se contraía y apretaba como si quisiera tragarse el miembro de su hermano entero hasta el útero. Ah Ming dejó escapar un rugido ahogado; la gruesa y larga verga permaneció sepultada en lo más profundo, con el glande palpitando con fuerza mientras disparaba chorro tras chorro de semen denso e hirviente en el fondo del útero de su hermana. El semen brotó con tal abundancia y fuerza que llenó por completo el interior de Xiao Wei; el exceso de líquido blanquecino, mezclado con los fluidos de ella, terminó desbordándose por la entrada y corriendo a chorros por la parte interna de sus muslos.

El orgasmo se prolongó por más de diez segundos antes de que ambos se relajaran ligeramente. Sin embargo, la verga continuaba firme, sepultada en lo profundo del cuerpo de Xiao Wei, sin dejar escapar una sola gota de semen.

Xiao Wei, jadeando, pegó el rostro al oído de su hermano y le dijo con voz suave:


—Hermano... llévame adentro en brazos... todavía quiero... comerme todo tu semen...


Ah Ming continuó avanzando con ella en brazos, con el miembro clavado en su interior, hasta que al estar a punto de cruzar la puerta de la sala, lo retiró despacio. Se escuchó un sonoro —bo—, acompañado por la salida de un denso flujo de líquido blanquecino mezclado con semen y fluidos que goteó sobre el piso.

Xiao Wei se arrodilló de inmediato y, aun con los ojos cubiertos, abrió con precisión sus labios rosados para atrapar de un bocado el glande que todavía goteaba semen, succionándolo con fuerza para limpiar hasta el último resto sobre la vara. Enseguida llevó la boca hacia abajo, en dirección a su propia zona íntima, usó dos dedos para abrir los labios de su canal, dejando que el denso semen derramado en su interior fuera cayendo chorro a chorro dentro de su boca.




¡Guru... gururu... guru...!




Su garganta no dejaba de tragar, bebiéndose todo el semen de su hermano trago a trago, sin desperdiciar una sola gota. Finalmente, sacó su pequeña lengua rosada y limpió por completo los restos blanquecinos alrededor del miembro y de su propia entrada; solo entonces levantó la cabeza con satisfacción, dedicándole a su hermano una sonrisa dulce y descarada.


—Hermano... me lo comí todo... estaba tan espeso... tan caliente... ahora sí... ya podemos seguir jugando~

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