NULU 1





NUERA LUJURIOSA 01

Sheng Ge



Traducción: Asure


En un gimnasio del centro de la ciudad, un hombre vestido con una camiseta holgada de manga corta de color gris y pantalones cortos deportivos negros estaba haciendo dominadas, con un disco de veinticinco kilos colgado de la cintura. Cada dominada la ejecutaba con una técnica extremadamente impecable; quienes pasaban a su lado no podían evitar mirarlo un par de veces más.

La dominada estándar ya de por sí es un ejercicio muy difícil; una persona común sin entrenamiento no puede hacer ni una sola. Hacer dominadas por series ya no es cosa fácil, mucho menos dominadas con peso adicional.

Después de hacer diez repeticiones, el hombre exhaló un suspiro, saltó al suelo, se puso las manos en la cintura y respiró profundamente.


—¡Guau, Sheng Ge, cuándo podré hacer dominadas como tú? ¡Eres demasiado fuerte!


en ese momento, se acercó un hombre vestido con ropa deportiva holgada de talla grande y una gorra de béisbol, exclamó con admiración.

El hombre llamado 'Sheng Ge' giró la cabeza para mirarlo, mientras se desataba el disco de la cintura, puso los ojos en blanco y dijo con tono resignado:


—¡Ya pues, no me vengas con eso! ¡Si tú estás muchísimo más musculoso que yo!


Resulta que la persona que había venido a bromear, aunque vestía ropa deportiva holgada, no podía ocultar aquellos enormes hombros de calabaza, el pecho abultado y los muslos gruesos.


—Jeje.


el hombre sonrió, pero luego continuó


—La verdad, con mi peso realmente no puedo hacer tantas repeticiones y encima por series... ¡Tú eres súper fuerte!


Sheng Ge siguió la conversación:


—¡Yo tampoco puedo hacer sentadillas con más de tres veces mi peso corporal! La última vez tú hiciste más de 300 kilos y aún pudiste hacer series, ¡eso sí que es una locura!


El hombre respondió con modestia:


—¡Eso es porque todavía soy joven! Sheng Ge, a tu edad, tener ese rendimiento deportivo ya debe estar por encima del percentil 95. ¡Si Sheng Ge tuviera veinte años menos, las sentadillas con tres veces tu peso no serían nada!


Sheng Ge sonrió con amargura, negó con la cabeza y dijo:


—Ya, no me eches flores. ¿Ya terminaste de entrenar?


El hombre asintió:


—Acabo de terminar, justo iba a verme en el espejo. ¿Sheng Ge, vienes también?


Sheng Ge asintió, ambos caminaron juntos hasta el espejo. Los dos se quitaron la camiseta.

En el espejo se podía ver que Sheng Ge medía casi un metro ochenta, tenía el cabello negro corto con algunas canas, cejas espesas como espadas, una mirada con cierto aire de haber pasado por muchas vicisitudes. Aunque su piel ya tenía algunas arrugas, gracias a tantos años de ejercicio y entrenamiento no aparentaba vejez; su piel, comparada con la de personas de su misma edad, lucía con brillo y elasticidad. La barba algo desordenada en el mentón también le daba un aire especialmente maduro y varonil.

Su físico ni qué decir. Un cuerpo esculpido con solo alrededor del 12% de grasa corporal, hombros redondeados, brazos gruesos, un pecho macizo y esos abdominales que la gente común difícilmente logra alcanzar. Sumado a su piel ligeramente bronceada por el sol, era imposible adivinar que este Sheng Ge ya tenía casi 60 años.

Por su apariencia y el aura que emanaba, claramente parecía tener solo poco más de cuarenta años. Si uno no se fijaba bien, por su complexión hasta podría pensar que era un tío guapo de treinta y tantos. Realmente, un monstruo que desafiaba la edad.

Del otro ni hablar. Al quitarse la holgada camiseta deportiva, dejó al descubierto una musculatura imponente y abultada. Desde aquellos enormes hombros de calabaza, los gruesos tríceps y bíceps, el pecho abultado y la espalda con líneas marcadas con claridad, todo indicaba que este hombre era un fisicoculturista profesional.


—¡Uy, caramba... Dajian, de verdad que estás cada vez más grande! ¿Cuándo vas a prepararte para competir?


Sheng Ge lo miró y elogió sus músculos.


—Jaja, este año no pienso prepararme, ¡el año que viene volveré a la carga!












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Así, después de charlar un rato con Dajian y ver que ya era casi la hora, se despidieron y cada uno se fue a su casa.

'Sheng Ge' se llamaba en realidad Zhang Yusheng, un hombre maduro de casi 60 años. A los 28 años, después de que su esposa diera a luz a su hijo, ella falleció lamentablemente a causa de una enfermedad, dejándolo solo para criar a su hijo con gran esfuerzo.

Como no tenía un alto nivel educativo, había vendido verduras, atendido puestos ambulantes, trabajado en restaurantes, en construcción, en albañilería, en electricidad y fontanería, entre otros oficios. Por eso, en cuanto a habilidades para la vida, prácticamente las dominaba todas.

Cuando su hijo creció y empezó a trabajar, Yu Sheng, que ya tenía más tiempo libre, invirtió con éxito en productos financieros y compró una casa. Después de trabajar duro y alquilar durante más de medio siglo, por fin tenía su propio hogar. Además, su hijo también salió adelante: trabajaba en una gran empresa extranjera. Aunque Yu Sheng no sabía con exactitud en qué consistía su trabajo, sí sabía que su salario era bastante bueno. Después de unos años trabajando, el hijo pidió un préstamo y compró una casa fuera.

Así, sin presiones económicas y con ingresos estables por sus inversiones, Yu Sheng eligió jubilarse. Después de jubilarse, su enfoque se centró en el ejercicio y el entrenamiento físico, no solo ajustando su figura, sino también aumentando su resistencia, volviéndose más saludable y pareciendo más joven.

Años después, su hijo se casó con su primer amor, con quien había estado saliendo desde la universidad. Aunque era la pareja que su hijo había tenido en la universidad, debido a que el hijo estudiaba y trabajaba fuera, hasta el momento de la boda fue la primera vez que él la vio.

Cuando se casaron, Yu Sheng solo tuvo seis palabras en mente la primera vez que vio a su nuera:


—Hermosa, piel blanca, aroma agradable—


Yu Sheng estaba más que encantado; por un lado, se sentía feliz de que su hijo hubiera podido casarse con una mujer tan hermosa y, por otro, pensaba que en el futuro sus nietos definitivamente serían guapísimos o muy hermosos.

En realidad, Yu Sheng no tenía ningún pensamiento ni intención oculta hacia su nuera. Después de todo, casi no se veían durante el año y, a su edad, ya había visto a muchachas bonitas y a chicas con buenos cuerpos en el gimnasio. Además, la diferencia de edad era bastante grande; él no era ningún libertino desenfrenado, así que ¿qué clase de ideas podía tener?

Cuando Yu Sheng regresó a casa ya eran casi las siete u ocho de la noche. Se dio un baño y, al terminar, miró su celular y vio que su hijo lo había llamado. Intrigado, le devolvió la llamada.

La verdad era que padre e hijo no se comunicaban muy seguido. Como vivían en lugares distintos y sus rutinas no se cruzaban, entre hombres no solían llamarse para hacerse mimos ni hablar por hablar si no había un asunto concreto.


—¿Alo? ¿Shuwei? ¿Pasó algo?


preguntó Yu Sheng al escuchar que contestaban el teléfono.


—Ah, papá, en realidad no es nada especial. Solo quería preguntarte… ¿has considerado venirte a vivir un tiempo con nosotros?


respondió Shuwei sin dar rodeos, yendo directo al grano.


—¿Ah?


Yu Sheng se quedó desconcertado. Desde que Shuwei entró a la universidad, se había independizado y luchado por su cuenta. Él solo le enviaba dinero para sus gastos mensuales y lo visitaba de vez en cuando. Incluso cuando Shuwei empezó a trabajar y se casó, vivían en lugares separados y prácticamente solo se veían en Año Nuevo. Ya se había acostumbrado a su vida en soledad.


—Es así, papá: desde que me fui a vivir solo, han pasado muchos años sin estar juntos. Además, ya te estás haciendo mayor y pensaba que si vivimos juntos podremos cuidarte mejor. Aparte, yo como hijo también quiero cumplir con mi deber filial…

—Shuwei, este cuerpo mío… ¡tal vez sea hasta más fuerte que el tuyo! ¡No te preocupes! Además, me daría vergüenza molestarlos a ustedes dos como pareja. ¿Lo has conversado con Shuqi? Si es tan de repente, ella se va a sentir incómoda, ¿no?


Shuwei se rio:


—¡Ay, papá! En cuanto a la salud, más vale prevenir que lamentar. Por fuera te ves fuerte, pero no sabemos cómo estás por dentro… Antes trabajabas muy duro, madrugabas, regresabas de noche y tenías dos empleos a la vez. ¡Tengo miedo de que se te haya quedado alguna dolencia sin saberlo! Antes, por mí, te asegurabas de que tuviera mis tres comidas a tiempo, pero tú comías cuando podías. Aunque ahora estés fuerte, me preocupa que viviendo solo no te nutras bien. ¡Deja que Shuqi y yo te atendamos un poco! En cuanto a Shuqi, ya lo hablé con ella desde antes. No tuvo ningún problema y aceptó de inmediato. La verdad es que la casa tiene dos habitaciones vacías; solo nosotros dos hace que el lugar se sienta bastante desierto…—.












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Y así, Shuwei se soltó a hablar un montón de cosas que le hicieron difícil a Yu Sheng negarse. La verdad era que el propio Yu Sheng sabía que las parejas jóvenes de hoy en día prefieren vivir solas para evitar líos y complicaciones; él solo deseaba que su hijo tuviera una vida feliz y pacífica, intentando no incomodar si podía evitarlo.


—Eh… está bien. Iré a quedarme un tiempo. Pero si en el día a día no se acostumbran a estar con su papá, me lo tienen que decir sin pena, no se fuercen. ¡Yo me regreso a mi casa en cualquier momento!


accedió Yu Sheng a regañadientes al ver el deseo genuino de su hijo por cuidarlo.


—Papá… de verdad eres…


Shuwei soltó una risa resignada al otro lado de la línea.


—En fin… está bien, me avisas cuando te vayas a venir….


Así, tras colgar el teléfono, Yu Sheng miró su reloj; ya eran cerca de las nueve de la noche y pensó que la hora ya estaba madura.

Un momento después, sonó el timbre. Yu Sheng fue a abrir la puerta a toda prisa.

Lo que apareció ante sus ojos fue una mujer madura y frondosa que aún conservaba todo su atractivo; llevaba una bata delgada sobre un vestido largo. Su pecho erguido marcaba un escote profundo, haciendo que a Yu Sheng se le desorbitaran los ojos.


—Yu Jie, te he estado esperando tanto tiempo… Teníamos un buen rato sin vernos… Pasa rápido….....


dijo Yu Sheng con la boca seca, tomando un segundo para calmarse.

Yu Jie entró, cerró la puerta, puso una mano sobre el pecho de Yu Sheng y con la otra le acarició el rostro.


—Sheng, ni te imaginas cuánto te extrañé….....


murmuró Yu Jie mordiéndose suavemente el labio, llena de seducción, susurrándole al oído.

De pronto, deslizó una mano hacia la entrepierna de Yu Sheng, empezó a masajearlo y le dijo de forma coqueta:


—¡Tu pinga!

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