VIAJES DE FAMILIA 9
Los deberes en la habitación y la tentación silenciosa
Traduccion: Asure
Eran las 8:30 pm. Papá y mamá ya se habían ido a su habitación a ver la tele, en la sala solo quedaba encendida la luz amarillenta de la lámpara de pared. Acababa de bañarse, vestía una sencilla polera y shorts de estar en casa, se disponía a volver a su cuarto para descansar. Pero de pronto la puerta de Xiao Wei se abrió una rendija; ella asomó medio rostro, hermoso y provocador, con los ojos almendrados brillantes y húmedos mirando a su hermano, le dijo con una voz suave y pegajosa:
—Hermano ~ tengo unos problemas de mates que no entiendo... ven a explicármelos un ratito, nomás un ratito ~
sintió un ligero salto en el pecho. Recordó el encuentro intenso de esa tarde en la tienda con Xiao Man en el probador, también los susurros que Xiao Wei le había dedicado de vuelta a casa, que le habían calentado la entrepierna. Aun así, asintió y entró en la habitación de su hermana.
La luz del cuarto era suave. Xiao Wei estaba sentada frente al escritorio, todavía con la polera blanca de manga corta y los shorts vaqueros súper cortos que se había puesto al llegar. Sobre la mesa había un cuaderno de ejercicios de cálculo universitario. Su cintura delgada se inclinaba ligeramente hacia adelante, sus tetas, copa E, se apoyaban suavemente contra el borde del escritorio, formando un escote profundo y tentador bajo la polera.
Tomó una silla y se sentó a su lado. Cogió el lápiz con seriedad, bajó la vista hacia los ejercicios y comenzó a explicar con voz tranquila:
—Para este, primero tienes que derivar, luego sustituir el límite... mira aquí, basta con aplicar la regla de L'Hôpital una vez.
Mientras hablaba, escribía los pasos en el papel, con la mirada fija en el problema.
Xiao Wei asentía con obediencia, pero sus ojos almendrados brillaban con picardía. Mientras escuchaba, «sin querer» llevó la mano al cierre de su chaqueta —una chaqueta blanca, finita, con capucha, que llevaba solo encima de la polera. Poco a poco, centímetro a centímetro, fue bajando el cierre, con movimientos tan suaves que apenas se oían.
Con cada centímetro que bajaba el cierre, el cuello se abría un poco más. Primero se asomaron sus finas clavículas, luego la piel blanca y suave de su pecho, más abajo... la polera ya era holgada de por sí, con la chaqueta abierta a medio camino, el escote profundo de aquellas tetas enormes quedaba casi al aire. La tela fina de la polera se pegaba a la carne, dejando entrever apenas el contorno rosado de los pezones.
Iba por la mitad de la explicación, cuando su mirada se desvió sin querer hacia un lado y se topó con aquella visión tentadora. Tragó saliva y forzó la vista de vuelta al cuaderno, pero su voz ya sonaba un poco más ronca:
—... Y luego de derivar... eh... intenta resolverlo tú.
Xiao Wei fingía escuchar con atención, pero a propósito inclinó un poco más el cuerpo, dejando la chaqueta completamente abierta. Sus tetas copa E se bambolearon suavemente con el movimiento, bajo la polera se marcaba una forma aún más exagerada. Además, estiró los brazos como si nada, arqueando su cintura delgada en una curva provocadora, empujando las tetas hacia arriba; el oleaje de carne era tan intenso que parecía que la polera iba a reventar.
—Hermano... aquí no lo entiendo todavía.......
dijo con voz suave, como un mimo, al mismo tiempo se bajó un poco más la chaqueta, dejando al descubierto gran parte de sus hombros; su piel blanca y brillante reflejaba la luz con un destello delicado.
No pudo evitar echar otro vistazo. Esta vez vio con más claridad: el vestidito corto con tirantes que su hermana había comprado hoy en la tienda en realidad no se lo había quitado, solo se había puesto la chaqueta por encima. Ahora que la chaqueta estaba completamente abierta, debajo solo quedaba aquella prenda nueva, blanca, con un escote tan bajo que las dos bolas redondas y llenas de sus tetas parecían a punto de saltar. La hendidura era tan profunda que podía atrapar un dedo, la tela era tan fina que hasta se adivinaba la forma del pezón.
Xiao Wei, al notar que la mirada de su hermano se desviaba otra vez, sintió una alegría secreta. A propósito acercó su silla a la de él, pegando su muslo contra el de él, apoyó su mano delgada «con naturalidad» sobre la rodilla de su hermano, con las yemas de los dedos trazando círculos suaves.
—Hermano, mira este ejercicio... es que de verdad no lo entiendo... ¿no quieres acercarte un poquito más para explicármelo?
parpadeó con sus ojos almendrados, sus labios entreabiertos, exhalando un aliento suave y perfumado, al mismo tiempo inclinó su torso hacia adelante, casi pegando aquellas tetas enormes contra el brazo de él ...... Con el movimiento, una de las tiras del vestido se deslizó, dejando al descubierto gran parte de la carne blanca de su pecho, el borde rosado del pezón se asomaba apenas bajo la luz.
Sintió que la entrepierna comenzaba a reaccionar sin control. Se obligó a concentrarse en el cuaderno, pero su voz ya traía un leve jadeo:
—Xiao Wei... concéntrate... aquí...
Pero Xiao Wei solo sonrió con dulzura y siguió mostrando su ropa nueva, poco a poco. Se quitó la chaqueta por completo y la arrojó a un lado, quedándose solo con aquel vestidito corto de tirantes. Se levantó y dio media vuelta frente a su hermano, moviendo las caderas bajo los shorts, para que él pudiera apreciar bien el contorno exagerado de sus tetas apretadas por la tela, la curva tentadora de su cintura tan delgada que parecía que una mano podía abarcarla.
—Hermano... ¿crees que esta ropa me queda bien? La compré hoy... ¿crees que se me notan mucho las tetas?
preguntó en voz baja, con un tono suave y seductor, mientras se sostenía las tetas con las manos, haciéndolas bambolear bajo las tiras en ondas provocadoras.
El aire en la habitación se volvía cada vez más caliente. Apretaba el lápiz entre los dedos, con los nudillos ligeramente blancos. Sabía que su hermana había empezado de nuevo su juego silencioso de seducción, esta vez, dentro de su propia casa, con sus padres al lado, el peligro y la excitación se mezclaban en una combinación que le aceleraba el pulso.
Xiao Wei volvió a sentarse, pero se pegó aún más a él, casi aplastando sus tetas copa E contra el brazo de su hermano. El aroma de su piel, mezclado con un tenue olor a leche, se colaba constante por su nariz. Ella lo miró con sus ojos almendrados brillantes y susurró:
—Hermano... ya terminaste de explicar... y yo por abajo... ya estoy mojada...
—Primero resuelve estos ejercicios de práctica. Si los terminas todos en diez minutos, te daré tu recompensa.
Los ojos almendrados de Xiao Wei se iluminaron al instante, una sonrisa pícara y dulce se dibujó en sus labios. A propósito inclinó el cuerpo hacia adelante, apoyando aquellas tetas copa E, apretadas por el vestidito de tirantes, contra el escritorio; la carne se desbordaba por los costados, la hendidura era tan profunda que casi podía esconder un dedo entero.
—¿Recompensa? Hermano... lo has dicho, ¿eh?
guiñó un ojo, con la voz suave y provocadora
—Fácil ~ ahora mismo lo hago.
Dicho esto, bajó la cabeza y se puso a escribir las respuestas con atención, sus dedos delgados sujetando el lápiz, la punta rasguñando el papel. En la habitación solo se oía el susurro del lápiz y las respiraciones cada vez más profundas de ambos.
Estaba sentado a su lado, pero su mirada no estaba en los ejercicios. Esperó que su hermana llevara menos de diez segundos haciendo la tarea, de repente deslizó su mano derecha por debajo de la chaqueta abierta de ella, pegando la palma directamente sobre su cintura delgada. Con las yemas de los dedos fue subiendo lentamente, acariciando su espalda suave a través de la tela fina del vestido.
—Mmm......
Xiao Wei dio un leve sobresalto, la punta del lápiz tembló en el papel, pero se mordió el labio inferior y siguió escribiendo.
Los dedos de él se volvieron más atrevidos. Cubrió con toda su palma el costado de la cintura de su hermana, fue subiendo lentamente, amasando con la tela de por medio aquella cintura que parecía que podía abrazar con una mano, luego resbaló hasta el costado de sus tetas. Abrió los dedos y sostuvo suavemente aquella carne pesada y mullida, empezando a amasarla desde el costado. La carne era suave y elástica, se deformaba bajo su palma, las ondas de pecho se mecían con cada movimiento.
—Ah... hermano.......
Xiao Wei soltó un gemido contenido, suave y seductor, los números que escribía salían un poco torcidos
—Estoy... haciendo los ejercicios... mmm...
No respondió, solo siguió con sus manos. Su otra mano también entró en acción, deslizándose por el escote del vestido y agarrando directamente la teta izquierda, que ya empezaba a endurecerse. Sus dedos se hundieron en la carne blanca, apretando y amasando con fuerza, haciendo que la carne se desbordara entre sus dedos; el pezón, atrapado entre el pulgar y el índice, comenzó a frotarse y estirarse suavemente.
La respiración de Xiao Wei se descontroló de inmediato. Juntó ligeramente los muslos, su cuerpo delgado se retorcía en la silla, mientras sus tetas eran manoseadas por las dos manos de su hermano, produciendo olas de carne; los pezones se hinchaban y endurecían cada vez más. Solo podía aguantar el placer y seguir escribiendo, con la voz ya temblorosa:
—Este... la derivada es... ah... 3x²... hermano... tus... manos son muy traviesas...
soltó una risa baja, se acercó a su oído y le echó el aliento caliente sobre el lóbulo:
—Concéntrate en los ejercicios, aún no pasan los diez minutos.
Su mano derecha seguía amasando sin compasión las tetas de su hermana, mientras la izquierda bajaba lentamente, deslizándose por su vientre plano hasta el borde de los shorts. Con la yema de los dedos enganchó el borde de la tela y fue metiendo la mano hacia adentro, hasta llegar, a través de la ropa interior ya ligeramente húmeda, al punto más sensible entre sus piernas.
La punta del lápiz de Xiao Wei dio un brinco y trazó una línea torcida y larga en el papel. Instintivamente quiso cerrar los muslos, pero la mano de su hermano los separó apenas. El dedo medio de él, a través de la tela fina, se posó sobre su clítoris, ya hinchado y caliente, comenzó a frotar en círculos.
—Shhh......
un roce apenas perceptible de la tela se mezcló con la respiración cada vez más agitada de Xiao Wei.
—Hermano... ah... allí... me da cosquillas......
jadeaba Xiao Wei, con sus ojos almendrados ya empañados, pero obligándose a seguir escribiendo
—Tengo que... terminar... para conseguir mi recompensa... mmm...
Los dedos de él se volvían cada vez más atrevidos. Juntó el índice y el corazón, a través de la ropa interior ya empapada, deslizó los dedos a lo largo de la hendidura de su hermana, sintiendo cómo aquella carne tierna y húmeda no paraba de expulsar jugos transparentes, dejando sus puntas pegajosas y resbaladizas. La yema del dedo presionaba justo en la entrada, casi como si quisiera penetrar a través de la tela.
Xiao Wei temblaba entera. Apoyó el torso más abajo, aplastando sus tetas contra el escritorio, mientras su hermano las amasaba hasta deformarlas; los pezones, rozando la superficie de la mesa a través de la tela, le enviaban oleadas de cosquilleo. Las respuestas que escribía ya eran un desastre, pero aun así, mordiéndose los labios y entre jadeos, se esforzaba por continuar:
—El siguiente... la integral es... ah... hermano... tus dedos... no sigas presionando allí... voy a... a mojar la silla…...
Los dedos de él, por fin, se atrevieron a separar el borde de los shorts y la ropa interior, tocando directamente la entrada de la conchita de su hermana, completamente depilada y ya empapada. Con la yema del dedo recorrió lentamente la hendidura resbaladiza, de vez en cuando presionaba suavemente el clítoris hinchado, provocando ola tras ola de placer intenso.
El jadeo de Xiao Wei se volvía cada vez más rápido, su voz suave y provocadora, aunque aún intentaba hacer los ejercicios. En la habitación solo se oía el rasguido de la punta del lápiz, la respiración contenida de la hermana, el leve sonido de «shhh» de los dedos de Ah Ming moviéndose en la entrada húmeda.
El límite de diez minutos se acercaba, la recompensa de su hermana... parecía ya estar al alcance.
La punta del lápiz de Xiao Wei ya estaba completamente descontrolada. Su cuerpo delgado temblaba violentamente en la silla, sus ojos almendrados brillaban húmedos y entrecerrados, sus labios entreabiertos dejando escapar jadeos que no podía reprimir:
—¡Hermano... dedos... ah... muy profundo... mmm —ah!
El dedo corazón y el índice de Ah Ming ya habían separado por completo los shorts y la ropa interior, los dos dedos se hundían enteros en la conchita caliente y apretada de su hermana. La carne estaba asombrosamente resbaladiza, las paredes internas se contraían en espasmos, succionando como una boca que se aferraba a sus dedos. Él aceleró el ritmo de la penetración a propósito, con la yema de los dedos rozaba el punto G cada vez con más fuerza, mientras el pulgar dibujaba círculos rápidos sobre el clítoris hinchado.
—Shhh... shhh... glu...
Los jugos salpicaban con cada embestida, escurriendo por los muslos de Xiao Wei y dejando la superficie de la silla brillante y pegajosa.
Xiao Wei ya no pudo más. De repente, dejó caer la parte superior de su cuerpo sobre el cuaderno de ejercicios, aplastando sus grandes pechos contra la mesa, con la carne sobresaliendo por los costados. Apretó los muslos con fuerza alrededor del brazo de su hermano, su conchita se contrajo violentamente:
—¡Mmm... ah! ¡Hermano... me... me voy...!
Un chorro de líquido claro, caliente y abundante, salió disparado desde la entrada y empapó la mano de Ah Ming. Su cuerpo entero se sacudió en un orgasmo que llegó rápido y fuerte; sus ojos se volvieron blancos, se mordió los labios hasta palidecer para no dejar escapar un gemido.
Los diez minutos ya habían pasado.
Xiao Wei, jadeando, se desplomó en la silla, con las mejillas encendidas y la voz suave y coqueta:
—Hermano... perdí... la recompensa... dámela...
Ah Ming soltó una risa baja, sacó los dedos llenos de los jugos de su hermana y los movió deliberadamente frente a ella, luego bajó la cremallera de sus shorts caseros. La erección, ya dura y morada, con las venas marcadas, saltó con un golpe seco y apuntó derecho al techo.
—La recompensa es... que vengas a buscarla con tu boquita.
Los ojos de Xiao Wei brillaron al instante con un amor intenso y excitación. Sin dudarlo, se deslizó de la silla y se arrodilló debajo de la mesa, metiendo todo su cuerpo delgado bajo el escritorio. Sus nalgas aún temblaban ligeramente, los jugos del orgasmo seguían escurriendo por la parte interna de sus muslos.
Abrió su boquita y dejó caer un gran chorro de saliva caliente y espesa directamente sobre el glande de su hermano, luego se lo llevó a la boca, tragándoselo entero.
—Gluglú... shhh... glughhh...
La lengua de Xiao Wei se enroscaba con destreza alrededor del tronco, chupando con fuerza, mientras su cabeza comenzaba a moverse con lentitud pero en profundidad. Su boquita quedaba completamente llena, de las comisuras de sus labios empezaron a escurrir hilos de saliva que caían sobre los muslos de Ah Ming. El sonido, aunque amortiguado por la mesa, era nítido y devastador para él: gluglú, shhh, glu, slap, el masaje de su garganta contrayéndose en el glande, una y otra vez.
Ah Ming estaba disfrutando hasta que el cuero cabelludo le hormigueaba, cuando de repente...
Toc, toc, toc.
La puerta fue golpeada suavemente, desde afuera se oyó la voz de su mamá, Xiao Fang:
—¿Xiao Ming, Xiao Wei? ¿Están en el cuarto? Mamá va a entrar un momento.
La manija giró, mamá abrió la puerta y entró.
El corazón de Ah Ming dio un vuelco. Rápidamente acercó la silla a la mesa para esconder por completo la parte inferior de su cuerpo, mientras forzaba la calma y levantaba la cabeza con voz lo más estable que pudo:
—Ah... mamá, sí, estamos... le estaba enseñando los ejercicios a Xiao Wei.
Mamá, sonriente, se acercó al escritorio sin sospechar que había alguien escondido debajo. Miró el cuaderno y comentó con naturalidad:
—¿Y Xiao Wei? ¿Dónde está que no la veo?
Justo entonces, debajo de la mesa, Xiao Wei, al oír la voz de su mamá, no solo no se detuvo, sino que sus ojos almendrados brillaron con una emoción más intensa. Rápidamente acercó aún más la silla, escondiéndose por completo bajo el escritorio, con las nalgas bien levantadas, su boca se hundió más profundo: toda la pinga entró hasta su garganta, con la punta de su nariz casi tocando el vientre de Ah Ming.
Gluglú... shhhhh... gluglú gluglú...
El sonido de la garganta profunda, aunque amortiguado, era clarísimo en el espacio reducido debajo de la mesa. La saliva salpicaba con cada succión, escurriendo por el tronco hasta los testículos de Ah Ming, la lengua de Xiao Wei lo recogía y se lo tragaba.
Ah Ming sintió el sudor frío en la frente. Con una mano apoyada en el borde de la mesa, resistiendo el placer extremo que le llegaba de la entrepierna, con la otra fingiendo hojear el cuaderno, respondió a su mamá con voz ligeramente temblorosa:
—Xiao Wei... dijo que tenía calor... fue... al baño... ah...
Mamá, sin sospechar nada, se quedó junto al escritorio y siguió charlando:
—Qué bonito que se lleven tan bien, mamá se siente tranquila. Ah, mañana, ¿quieren que les prepare ese plato que tanto les gusta...?
Antes de que terminara la frase, debajo de la mesa, Xiao Wei hundió la cabeza aún más, su garganta se contrajo violentamente, masajeando la zona más sensible del glande, mientras su lengua raspaba con fuerza las venas del tronco, chupando con gran ímpetu...
—Gluglú... glurrr... shhhhh...
Una serie de sonidos húmedos y obscenos resonaban bajo la mesa.
Ah Ming sintió que todo su cuerpo se tensaba de golpe; la pinga palpitaba con fuerza dentro de la garganta de su hermana. Apretó los dientes y se aferró al borde de la mesa con los nudillos blancos, pero aún así logró esbozar una sonrisa para su mamá:
—Ah... sí... sopa de costillas... está bien... mamá, ve a descansar... nosotros... ya casi terminamos...
Mamá seguía junto al escritorio, sonriendo mientras seguía conversando con Ah Ming, sin la menor idea de que había alguien escondido debajo:
—Oye, Xiao Ming, ¿y cómo va el trabajo? Veo que te quedas hasta tarde todos los días, me preocupo. ¿No será mejor que tomes algún suplemento? Y Xiao Wei está más responsable ahora, te prepara el desayuno todos los días... qué bien que se lleven así, los dos...
Ah Ming tenía la frente perlada de sudor; el placer extremo que sentía en la entrepierna lo estaba llevando al límite. Xiao Wei, arrodillada bajo la mesa, seguía con la pinga en la boca, su garganta se contraía suavemente masajeando el glande, mientras su lengua lamía lentamente el tronco.
En ese momento, Xiao Wei fue retirando la cabeza poco a poco, dejando que la pinga cubierto de saliva se deslizara desde su garganta hasta que solo el glande quedó entre sus labios. Sacó la lengua y lamió suavemente el meato, luego se giró rápidamente, dándole la espalda a su hermano.
Ah Ming sintió un sobresalto, antes de que pudiera reaccionar, Xiao Wei ya se había bajado los shorts y la ropa interior hasta las rodillas, dejando al descubierto su conchita depilada, aún temblorosa después del orgasmo. La entrada, enrojecida e hinchada, seguía expulsando jugos claros que empapaban la parte interna de sus muslos.
Hundió su cintura delgada y, con sus nalgas firmes, apuntó a la pinga de su hermano, que aún palpitaba, se sentó lentamente hacia atrás...
—Shhh... gluglú...
La conchita caliente y apretada tragó la pinga entero de una sola vez; las capas de carne, como si tuvieran vida propia, se aferraban al tronco y sus paredes internas se contraían en espasmos, succionando con fuerza. Como acababa de tener un orgasmo, la carne de Xiao Wei estaba más sensible y succionaba con más intensidad, con una temperatura abrasadora.
Ah Ming sintió que todo su cuerpo se tensaba de golpe, por poco suelta un grito. Se mordió el labio inferior con fuerza, sus manos se aferraron al borde de la mesa, con los nudillos blancos.
Mamá seguía hablando:
—...Mañana voy al mercado a comprar pescado fresco para hacerlo al vapor, que a Xiao Wei le encanta. ¿Quieren venir los dos conmigo?
Xiao Wei, sentada sobre las piernas de su hermano, ya había engullido por completo la pinga duro. No se movió de inmediato, sino que movió sus nalgas con un balanceo apenas perceptible, rozando suavemente hacia adelante y atrás, de izquierda a derecha. la pinga giraba y se frotaba dentro de la carne estrecha y caliente, el glande golpeaba una y otra vez el fondo de su útero.
—Glugh... shhh... gluglú...
Un sonido húmedo y obsceno, apenas audible, surgía de debajo de la mesa, mezclado con la respiración contenida de Xiao Wei.
Ah Ming sintió que el placer se detenía por un instante, pensó que su hermana se calmaría; entonces, forzando la voz, respondió a su mamá:
—Ah... sí... vamos juntos... el pescado al vapor... está bien...
Apenas terminó la frase, una sensación más fuerte y más cálida lo invadió de golpe:
Xiao Wei levantó un poco sus nalgas y luego las dejó caer con fuerza, enterrando la pinga entero hasta el fondo de su conchita. Y entonces comenzó el movimiento real: su cintura delgada se retorcía como una serpiente, sus nalgas subían y bajaban con ritmo, en un movimiento apenas visible desde fuera de la mesa, pero que cabalgaba la pinga de su hermano con velocidad.
—Slap... gluglú gluglú... shhhhh...
El sonido, aunque amortiguado, se hacía cada vez más fuerte y pegajoso. Los jugos salpicaban con cada embestida, escurriendo por los muslos de Xiao Wei y empapando los shorts de Ah Ming y el suelo, dejándolo todo resbaladizo.
Xiao Wei, mientras movía las nalgas, inclinó ligeramente la parte superior de su cuerpo hacia adelante, haciendo que sus pechos copa E se balancearan suavemente bajo la mesa, creando ondas de carne. Escondió la cara entre sus brazos para no dejar escapar un gemido, pero de todos modos, entre jadeos, susurraba con voz entrecortada:
—Hermano... qué profundo... tu verga... tan gruesa y caliente... me hace sentir tan bien... mmm.....
Ah Ming ya estaba al borde del colapso. Por un lado, tenía que enfrentar a su madre, que seguía de pie junto a la mesa; por el otro, soportar la sensación extrema de su hermana montándole la entrepierna debajo de la mesa, moviendo su conchita húmeda con una furia desenfrenada. La verga le palpitaba cada vez más fuerte dentro de Xiao Wei, el glande chocaba una y otra vez contra su fondo, sacando un chorro espeso de jugos viscosos.
La madre seguía charlando sin notar nada extraño:
—¿Te gusta la ropa nueva que compró Xiao Wei hoy? Seguro que se ve muy linda con ella. Tú, como su hermano mayor, deberías halagarla más, ¿no?
La voz de Ah Ming ya se oía ronca, con un temblor contenido:
—Sí... se ve bien... muy... muy linda... Ma... mejor ve a descansar... nosotro... nosotros terminamos... rápido...
Al oír ese «terminamos rápido», Xiao Wei, en lugar de aflojar, aceleró un poco el ritmo. Sus nalgas se movían con más fuerza, subiendo y bajando, su conchita apretaba la verga con desesperación, mientras las paredes internas se contraían en espasmos que masajeaban el miembro, como si quisieran exprimir hasta la última gota de semen de su hermano.
Debajo de la mesa, el sonido del agua se hacía más nítido: glu glu, chas, chas, plop, plop —los jugos salpicaban por todas partes con cada embestida.
Ah Ming sentía el sudor frío en la frente, con las dos manos aferradas al borde de la mesa, aguantaba el placer que estaba a punto de estallar, mientras seguía respondiendo a su madre con voz forzada...
Por fin, la madre terminó de hablar, soltó una risita y dijo:
—Bueno, entonces descansen temprano, ¿sí?
Dio media vuelta y salió de la habitación. La puerta hizo «clic» al cerrarse suavemente.
De repente, en la pieza solo quedaron los jadeos apresurados de los dos hermanos.
Xiao Wei ya no pudo contenerse más. Levantó sus nalgas con fuerza, casi sacando por completo la verga —solo la punta del glande quedaba dentro— y luego se dejó caer con todo su peso:
—¡Paf! ¡Gluuu!
Toda la verga se hundió de golpe hasta el fondo de la conchita, el glande impactó con violencia contra la entrada del útero, produciendo un sonido húmedo y pegajoso que retumbó en la habitación. A continuación, empezó a menearse sin pudor, con movimientos amplios y rápidos.
—¡Paf! ¡Paf! ¡Paf! ¡Glu glu, chas chas, plop plop!
Sus nalgas se movían como un martillo neumático, subiendo y bajando sin parar; su cintura delgada giraba en movimientos frenéticos, sus nalgas blancas chocaban una y otra vez contra los muslos de Ah Ming, produciendo ese sonido seco y obsceno de carne contra carne. La conchita, ya enrojecida e hinchada, se estiraba alrededor de la verga formando un círculo perfecto; cada vez que ella se levantaba, salía un montón de espuma blanca mezclada con jugos, al bajar, la verga era tragada por completo, haciendo un ruido húmedo que se escuchaba en toda la habitación.
—¡Ah... Hermano...! ¡Qué hondo...! ¡Mmmhh...! ¡Me estás rompiendo, hermano...!
Xiao Wei ya no necesitaba bajar la voz; sus gemidos y quejidos se volvieron más atrevidos. Apoyó las manos en el suelo debajo de la mesa, levantó aún más sus nalgas y las dejaba caer con más fuerza, haciendo que el glande chocara cada vez más adentro, haciéndola temblar por completo. Sus tetas, copa E, rebotaban de forma salvaje con el movimiento de cabalgata; las ondas de carne se sucedían una tras otra, casi se le salían por el escote del vestido nuevo. Sus pezones, duros e hinchados, rozaban el aire con un leve sonido de carne.
Ah Ming tampoco pudo aguantar más. Con ambas manos agarró la cintura delgada de su hermana desde atrás, hundiendo los dedos en la carne suave, la empujó hacia abajo con fuerza, al mismo tiempo que levantaba la cadera para embestir hacia arriba.
—¡Paf, paf, paf! ¡Glu glu, chas chas, plop!
Los dos se movían al unísono; la verga entraba y salía de la conchita con furia, cada embestida era hasta el fondo, haciendo que las nalgas de Xiao Wei se sacudieran sin control. Los jugos salpicaban por todas partes, formando un charco brillante y pegajoso en el suelo bajo la mesa.
—Xiao Wei... tu conchita aprieta tan rico... me tiene bien loco... ¡y tus tetas se mueven con tanto descaro!
gruñó Ah Ming, mientras con una mano seguía sujetando su cintura para embestir más fuerte, con la otra se metía por detrás dentro del vestido nuevo, agarrando una de sus tetas con brusquedad, apretando y amasando la carne hasta que se deformaba y se le escapaba entre los dedos.
Xiao Wei gimió con más fuerza, con una voz dulce y provocadora:
—Hermano... ah... tu verga está tan gruesa... me estás rompiendo la conchita... ¡mmhh...! Más fuerte... rómpeme toda... aplasta mis tetas también... yo... yo amo que mi hermano me coja así...!
Mientras hablaba, aceleró el ritmo de cabalgata al máximo; sus nalgas se movían de arriba abajo sin control, el sonido de los choques de carne y el agua se mezclaban en una sinfonía obscena: ¡paf, paf, paf! ¡glu glu, chas chas, plop! Toda la habitación se llenó de esos ruidos sucios de cuerpos chocando y jugos escurriendo.
Ah Ming, jadeando, miró hacia abajo y vio las tetas de su hermana saltando salvajemente sobre él; esas bolas blancas y redondas, copa E, rebotaban con cada embestida, formando olas de carne, con los pezones rojos e hinchados. No pudo evitar gruñir:
—Xiao Wei... tus tetas se mueven con tanto descaro... y tu conchita aprieta tanto que me voy a venir... ¡Voy a echarlo todo dentro... a llenar tu útero...!
Al oír eso, la conchita de Xiao Wei se contrajo aún más, como si quisiera absorber la verga hasta el útero. Apretó sus nalgas contra abajo, enterrando toda la verga en lo más profundo, movió la cadera con movimientos circulares, mientras gritaba:
—¡Vente...! ¡Echa todo dentro...! ¡La leche de mi hermano... que llene mi conchita...! ¡Quiero tener una cría tuya... mmhh...! ¡Vente... acábame...!
Ah Ming ya no pudo aguantar más. Agarró la cintura de su hermana con fuerza, levantó la cadera y la clavó hasta el fondo, con el glande presionando contra la entrada del útero:
—¡Mmmhh...!
La verga, gruesa y dura, empezó a palpitar con violencia dentro de la conchita de Xiao Wei, una tras otra, chorros de semen espeso y caliente dispararon a chorros, llenando el útero hasta el fondo. La fuerza de la eyaculación era tan intensa que el semen se esparció por todos lados, mezclado con los jugos de Xiao Wei, rebosó por la unión, formando hilos blancos y viscosos.
Xiao Wei tembló por completo, su conchita se contrajo en espasmos, absorbiendo cada gota de semen dentro de su útero. Su rostro hermoso se cubrió de un rubor de placer, sus ojos almendrados se volvieron hacia arriba, entre jadeos gritó:
—Ah... qué caliente... tanto... todo dentro... ¡Mi útero... está lleno de la leche de mi hermano... mmhh...!
Los dos llegaron al orgasmo al mismo tiempo. Solo se oían sus respiraciones agitadas y el leve sonido de la verga palpitando dentro de la conchita, con un suave glu glu. El semen mezclado con los jugos seguía escurriéndose por la entrada de Xiao Wei, formando un charco grande y obsceno en el suelo.
Xiao Wei se dejó caer sobre su hermano, con sus nalgas todavía se movía suavemente, sin querer que la verga saliera. Volvió la cabeza y, con sus ojos almendrados brillantes y húmedos, miró a Ah Ming y susurró con voz suave y satisfecha:
—Hermano... qué rica recompensa... yo... todavía quiero más...
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