VIAJES DE FAMILIA 2
Traduccion: Asure
Las pláticas de los papás continuaban resonando relajadamente desde la cocina, justo detrás del respaldo del sofá:
—Mañana va a haber pescado fresco en el mercado, ¿compramos uno para cocinarlo?
—Ya, pues. Si a Xiao Wei le encanta comer pescado...
Xiao Wei estaba sentada en el regazo de Ah Ming; su conchita ya se había tragado por completo ese miembro de su hermano que continuaba parado y grueso. Su culito se balanceaba suavemente en tirones bien finitos, con las paredes internas contrayéndose en olas y apretándole el tronco con fuerza. El agua íntima no paraba de salirse del punto donde estaban unidos, dejando la parte baja de ambos recontra mojada y resbalosa, con el sonido fino del agua tapado a la perfección por el volumen de la televisión.
Ah Ming al fin no pudo aguantar más. Las defensas de su razón terminaron de derrumbarse por completo ante semejante placer; una de sus manos fue subiendo despacio desde la cintura delgada de su hermana y, atravesando la delgada camisa blanca, le cubrió sin ningún miramiento ese par de senos descomunales. Al sentir en la palma de la mano semejante peso y elasticidad, abrió los cinco dedos y empezó a amasar con fuerza, apretando la carne de sus pechos hasta hacer que se le rebalsara entre los dedos de una forma exagerada. La otra mano bajó hasta el culo de Xiao Wei, agarrándole una de las nalgas para, al ritmo de su hermana, empezar a mover su propia cadera despacio de arriba abajo.
—Mmm...
Xiao Wei dio un leve temblor y su conchita se le apretó aún más fuerte al instante. Su rostro hermoso se puso medio rojizo, pero aun así mantuvo un tono de voz normal para responderle a sus papás
—Papi, sobre el pescado... a mí me gusta más al vapor... Hermano, ¿a ti qué te parece?
La manzana de Adán de Ah Ming se movió al pasar saliva, soltando una voz bien bajita y con una respiración agitada bastante evidente:
—Al vapor... está bien...
Mientras hablaba, su cadera se levantaba despacio hacia arriba, haciendo que su miembro entrara y saliera lentamente dentro de la conchita apretada, tibia y húmeda de su hermana. Con cada embestida llegaba hasta lo más profundo, chocándole el glande en el fondo del huequito y sacando más agua íntima pegajosa. «Chuj... chuj...» El sonido del agua, aunque finito, resonaba con total claridad en las orejas de los dos.
Su mano continuaba manoseando ese busto gigantesco de Xiao Wei a su antojo. Sus dedos buscaron a través de la camisa los pezones, que ya estaban bien duros, para agarrarlos despacio, sobándolos y jalándolos hasta dejárselos aún más hinchados entre los dedos. Sus senos no paraban de deformarse por los manoseos; las olas de carne se sacudían feo bajo la camisa, casi a punto de salirse por completo por el cuello de la prenda. Llegó al punto de meter la mano por el escote para agarrarle directo una de las esferas desnudas, sintiendo en la palma esa suavidad y temperatura increíbles, hundiendo los cinco dedos en la carne del pecho para apretarla y sobarla con fuerza.
Xiao Wei se mordió el labio inferior, casi soltando un gemido. Inclinó el torso un poquitito hacia adelante para dejarle el camino más fácil a su hermano para que la manosee por todos lados, mientras su culo continuaba acompañando el movimiento lento de Ah Ming, pajeándole el miembro despacio de adelante hacia atrás. Las paredes de adentro de la conchita le succionaban sin parar como si fueran otra boquita, envolviendo cada embestida lenta de su hermano.
Justo cuando los papás hablaban de si «de paso compraban un poco de fruta», Ah Ming aprovechó la oportunidad de golpe. Mientras con una mano le seguía amasando los senos gigantes a su hermana, con la otra le sujetó la nuca a Xiao Wei y le jaló la cara hacia él de un porrazo, estampándole un beso salvaje en sus labios de cereza.
Los dos se fundieron en un beso profundo.
La lengua de Ah Ming le abrió los dientes a Xiao Wei de forma brusca, metiéndose hasta el fondo para enredarse y succionarse con rabia con la lengua de ella, sacando ruidos finitos de besos. El beso era tan profundo e intenso que la saliva se intercambiaba entre la boca de ambos, jalando hilos de baba. A Xiao Wei se le descontroló la respiración al instante: mientras su hermano la dejaba mareada de tanto beso, tenía que hacer un esfuerzo para mantener una voz normal y responderle a sus papás en los huecos entre beso y beso:
—Fruta... mmm... sandía... estaría bien... Hermano... a ti también... te gusta, ¿no...?
Ah Ming no tenía tiempo ni para responder. Su lengua seguía batiendo dentro de la boca de su hermana mientras bajaba la cabeza, despegando sus labios de los de Xiao Wei para ir bajándole por la barbilla y el cuello hasta llegar a ese busto impresionante que le había dejado rojo e hinchado de tanto manosearlo. Le mordió ligeramente el cuello de la camisa con los dientes para abrirlo, haciendo que la teta blanca de la derecha saltara completa hacia afuera: redonda, turgente y con el pezón tan duro que estaba morado.
Abrió la boca y se tragó de un bocado ese pezón hinchado, succionándolo y lamiéndolo con fuerza, dando vueltas con la lengua en la aréola y mordisqueándolo despacio de rato en rato. Mientras tanto, con la mano le seguía amasando y apretando con fuerza el otro seno, jugando con la carne hasta deformarla y hacerla rebotar, sacando un sonido finito de nalgada entre la piel y su mano.
«Chup... chuj... glug...»
El sonido de la mamada de teta, mezclado con el eco de los besos, resonaba entre los dos. Xiao Wei temblaba entera; su conchita se le contraía violentamente por el placer extremo, apretándole el miembro a su hermano con fuerza. Mientras Ah Ming la manoseaba de arriba abajo y le mamaba la teta, ella tenía que hacer de tripas corazón para seguir conversando con sus papás, con una voz que ya tenía un temblor recontra evidente:
—Papi... mami... yo... como que tengo un poco de... sueño... ahorita... me voy a dormir... mmm...
Los papás no notaron nada raro en absoluto y siguieron respondiendo risueños:
—Ya, pues, váyanse a descansar temprano. Da gusto ver a los dos hermanos conversar tan contentos; a nosotros nos deja tranquilos.
Pero Ah Ming se ponía cada vez más descarado. Su cadera continuaba moviéndose despacio pero con fuerza, haciendo que su miembro entrara y saliera dentro de la conchita de su hermana, chocándole el glande bien al fondo del huequito en cada embestida. Al mismo tiempo, su boca le mamaba ambas tetas por turnos, dejándole los pezones rojos e hinchados de tanto chupar, mientras le pasaba la lengua por la raya del escote de arriba abajo, dejándole un rastro de saliva brillante. Sus manos se paseaban por la cintura esbelta de Xiao Wei, por su culo y sus muslos, llegando incluso a meter los dedos en el punto donde estaban unidos para sobarle despacio el clítoris, metiéndole una estimulación aún más salvaje.
Xiao Wei ya casi no podía aguantar. Hundió la cara en el hombro de su hermano y le mordió la ropa para no soltar ningún gemido. El placer en su conchita le venía en olas, una tras otra; el miembro de su hermano estaba grueso y caliente, metiéndose, saliendo, girando y chocando despacio dentro de su cuerpo, mientras ese par de senos estaba siendo amasado y mamado por su hermano, dejándola floja de puro placer.
Mientras Ah Ming disfrutaba de la succión apretada de la conchita de su hermana y se daba el gusto con ese par de senos increíbles que lo traían loco, le soltó un murmullo agitado en la oreja:
—Xiao Wei... estás bien apretadita... cómo succionas... y tus tetas están recontra suaves... ya no voy a aguantar...
Ah Ming ya había llegado a su límite. Su miembro daba tirones como loco dentro de la conchita apretada, tibia y húmeda de Xiao Wei; el glande le chocaba una y otra vez con fuerza en el fondo del huequito, cada embestida lenta sacaba un montón de agua íntima pegajosa. Le había dejado los senos rojos e hinchados, con los pezones empapados en su saliva. Le dijo en un susurro apurado al oído:
—Xiao Wei... yo... ya no aguanto... me voy a venir...
En los ojos almendrados de Xiao Wei se encendió al instante una chispa enorme de amor y deseo. Sin dudarlo un solo segundo, agarró las piernas finas pero firmes y le apretó la cintura a su hermano con fuerza, cruzando los tobillos detrás de la espalda de Ah Ming para dejar sus partes íntimas enganchadas por completo. Pegó sus labios a la oreja de su hermano y, con una voz bien finita que solo ellos dos podían escuchar, le dijo apurada y con un tono dulce:
—Hermano... vénte todito adentro... lléname por dentro... quiero tu leche... lléname todita...
Ah Ming ya no pudo aguantar más. Le metió un empujón fuerte a la cadera hacia arriba, enterrándole el miembro grueso y largo hasta lo más profundo de su hermana, apuntando el glande directo a la entrada de la matriz y soltando ráfaga tras ráfaga. La leche hirviendo y espesa se le vino en chorros, veniéndosele completita en el fondo de la conchita a Xiao Wei. Mientras se venía, sus manos le seguían apretando con fuerza ese par de senos descomunales, deformándole la carne de los pechos.
—¡Mmm...!
Xiao Wei dio un temblor violento con todo el cuerpo; su conchita se le contrajo con fuerza, como si quisiera tragarse el miembro de su hermano desde la raíz hacia adentro de su matriz, apretando esa carne que no paraba de botar leche para sacarle hasta la última gota dentro de su cuerpo. Hundió su rostro hermoso en el hombro de Ah Ming y le mordió la ropa para que no se le saliera ningún gemido, mientras su cintura delgada daba pequeños tirones, disfrutando del placer supremo de ser llenada por completo por su hermano.
La venida duró más de diez segundos antes de que Ah Ming pudiera aflojar un poco. Pero su miembro continuaba parado y duro, enterrado bien adentro de su hermana, sin dejar salir ni una sola gota de leche.
En ese momento, la voz de los papás volvió a sonar:
—Ya es tarde, nos vamos a dormir. Ustedes también vayan a descansar temprano, ah.
Xiao Wei, con miedo a que los atraparan, le dijo de inmediato a su hermano con un hilo de voz:
—Hermano... llévame arriba cargada... así nomás... no lo saques...
El corazón de Ah Ming palpitaba como loco, pero aun así asintió. Sostuvo con ambas manos el culito esbelto de su hermana y la levantó en peso por completo, haciendo que su miembro se quedara clavado hasta lo más profundo dentro de su conchita, sin dejar que se saliera ni una sola gota de leche. Las piernas de Xiao Wei continuaban apretándole la cintura con fuerza y su busto se aplastaba contra el pecho de él; ambos, manteniendo esa postura de penetración profunda, se fueron poniendo de pie despacio.
Como sus papás todavía estaban detrás del sofá, no se atrevían a hacer mucho ruido. Ah Ming llevaba cargada a su hermana, avanzando paso a paso con recontra cuidado hacia afuera de la sala; con cada paso que daba, su miembro se balanceaba suavemente dentro del cuerpo de Xiao Wei, sacando un sonido bien finito de agua.
Apenas llegaron a la entrada de la escalera, antes de empezar a subir, los papás hablaron de pronto otra vez:
—Ah Ming, ¿por qué la llevas cargada a Xiao Wei? ¿Se quedó dormida?
A Ah Ming casi se le aflojan las piernas del susto, pero no le quedó otra que contestar en voz baja aguantando la tensión:
—Ajá... dijo que tenía un poco de sueño hace un rato, por eso la estoy cargando a su cuarto para que duerma...
Los papás dijeron risueños:
—Qué bien se llevan de hermanos... Ya, pe, váyanse a descansar temprano.
Sin sospechar absolutamente nada.
Ah Ming soltó un suspiro de alivio y continuó subiendo la escalera cargando a su hermana. Con cada escalón que subía, el propio peso de su hermana hacía que su miembro entrara y saliera suavemente dentro de su conchita de arriba abajo. Cuando llegaron a la mitad de la escalera, el placer que le metía ese bamboleo era demasiado fuerte que ninguno de los dos pudo aguantarse más.
Xiao Wei hundió la cara en el cuello de su hermano, soltando murmullos apurados con un hilo de aire:
—Hermano... entra bien profundo... mientras caminas... me estás penetrando otra vez...
Ah Ming no pudo aguantar más: recostó la espalda de su hermana despacio contra el pasamanos de la escalera, le sostuvo el culo con una mano y se agarró del pasamanos con la otra, empezando a darle embestidas de verdad ahí mismo en pleno descanso de la escalera.
«Chuj... glug... ¡plas!... chuj...»
Su miembro empezó a moverse dentro del cuerpo de su hermana de forma lenta pero con harta fuerza. Cada vez que lo sacaba, salía acompañado de un líquido blancuzco mezclado entre su leche y el agua íntima, para luego volver a meterse con rabia hasta el fondo, chocándole directo en la entrada de la matriz. Como tenían que hablar despacio, las embestidas, aunque no eran tan rápidas, entraban recontra hondo y pesado; la carne le chocaba en el punto sensible una y otra vez, sacando un ruido pegajoso y contenido de agua.
El busto gigantesco de Xiao Wei se rebotaba feo contra el pecho de su hermano; ella le mordió el hombro a Ah Ming mientras sus piernas delgadas continuaban apretándole la cintura con fuerza, con la conchita contrayéndose sin parar para succionarlo. Los dos mantenían esa postura peligrosa en la escalera, subiendo poco a poco mientras se iban metiendo embestidas. Cada tres o cuatro pasos se paraban para meterle unos empujones salvajes; el miembro giraba y se sobaba dentro de la conchita, batiendo aún más profundo la leche que le había dejado adentro hace un rato.
—Hermano... qué rico se siente... entra más profundo... lléname todita otra vez... soy todita tuya...
Ah Ming, respirando agitado, bajó la cabeza y se trago una de las tetas de su hermana de un bocado, mamándosela y lamiéndosela con fuerza mientras su cadera continuaba con las embestidas lentas pero potentes. En la escalera solo quedaban las respiraciones contenidas de los dos y el sonido finito de la baba y el agua. Sus papás ya se habían ido a su cuarto, sin tener la menor idea de que su hijo y su hija estaban haciendo la escena más prohibida ahí mismo en los escalones.
Y así continuaban, subiendo despacio hacia el segundo piso mientras se iban dando embestidas. El miembro no salía de lo más profundo del cuerpo de su hermana, con la leche y el agua íntima mezcladas, metiéndose cada vez más hondo con cada empujón...
La puerta del cuarto de los papás ya estaba cerrada y en el pasadizo solo quedaba la luz tenue de un foco de pared. Cuando Ah Ming llegó a la mitad de la escalera cargando a Xiao Wei, ya no pudo aguantar más el fuego animal que le salía del pecho. En un principio quería subir con cuidado, pero los tirones violentos de la conchita de su hermana, el ruido pegajoso de la leche mezclada con el agua íntima al ser batida por su carne, sumado a los murmullos apurados de Xiao Wei al oído diciéndole: «Hermano... entra más profundo... quiero más...», terminaron por encenderlo por completo.
De pronto, Ah Ming aplastó la espalda de Xiao Wei con fuerza contra el pasamanos de la escalera, le sostuvo el culito esbelto con ambas manos y le metió un empujón salvaje con la cadera hacia arriba:
«¡Plas! ¡Chuj!»
El miembro grueso y largo se le clavó completito y con rabia en lo más profundo de su hermana; el glande le chocó de lleno abriéndole la entrada de la matriz, sacando un ruido de agua obsceno, fuerte y pegajoso. El líquido blancuzco mezclado de leche y agua íntima salió disparado por la presión, chorreándole por la parte interna de los muslos a Xiao Wei y dejando gotas bien claras en la madera de la escalera.
—¡Ah...!
Xiao Wei no pudo aguantar más y soltó un gemido coqueto que tenía aguantado hace rato. La voz sonó recontra clara en el silencio de la escalera.
Ah Ming soltó un rugido bajo, bajando la cabeza para encajarle un beso salvaje en sus labios de cereza. Los labios de ambos chocaron con rabia; las lenguas se enredaban, se succionaban y se batían de forma brusca, sacando ruidos finitos de besos intensos. La saliva se les salía por la comisura de la boca, formando hilos de baba que caían directo sobre el busto descomunal de Xiao Wei, que rebotaba descontrolado. Mientras Ah Ming la besaba bien hondo y con rabia, empezó a darle embestidas sin ningún disimulo.
«¡Plas! ¡Plas! ¡Plas! ¡Chuj— chuj, chuj, chuj— glug!»
El miembro salía completito una y otra vez para volver a clavarse con rabia hasta el fondo, sacando en cada entrada un montón de mezcla pegajosa de agua íntima y leche, haciendo un ruido de paja húmeda recontra obsceno y escandaloso que rebotaba en toda la escalera. El sonido de los golpes de carne mezclado con el ruido resbaloso del agua sonaba sucio e intenso.
El busto de Xiao Wei rebotaba como loco de arriba abajo por la fuerza de las embestidas; las olas de carne amenazaban con volarse completas por el cuello abierto de la camisa. Ah Ming, con una mano sosteniéndole el culo, metió la otra mano por dentro de la camisa y le agarró una de las tetas de forma brusca, amasándola y apretándola con fuerza hasta hacer que la carne se le saliera por entre los dedos, dejándole el pezón rojo e hinchado de tanto apretar.
—¡Hermano... ah... entra recontra profundo...! ¡Mmm, ah!
A Xiao Wei ya no le importó en absoluto bajar la voz y empezó a jadear sin parar. Le apretó la cintura a Ah Ming con más fuerza todavía con sus piernas, cruzando sus tobillos delgados detrás de la espalda de su hermano para dejar que el miembro le entrara aún más profundo y con más rabia. Su conchita ya estaba roja e hinchada de tanto traqueteo; la entrada le quedaba hecha un círculo perfecto por el grosor del miembro, sacando una rosca de espuma blanca cada vez que salía, volviendo a sacar un sonido fuerte de agua al volverse a meter.
Los besos intensos no pararon ni un segundo. Ah Ming la besaba con un hambre salvaje, metiéndole la lengua en la boca para batírsela con fuerza y succionarle la punta, como si quisiera tragársela entera. Xiao Wei le respondía con la misma calentura, enredando su lengua con la de su hermano con ruidos de saliva, sacando la lengua a propósito de rato en rato para que Ah Ming se la chupe.
«¡Plas, plas, plas! ¡Chuj, chuj! ¡Chup, chup—! ¡Glug, glug—!»
La escalera se llenó de los tres ruidos más indecentes: el golpe seco de la carne chocando con fuerza, el ruido pegajoso del agua al meterse abajo y el sonido de la saliva al besarse con rabia. Los tres ruidos se mezclaban formando un escándalo que sonaba sucio y desatado en medio de la noche.
Ah Ming le metía embestidas cada vez más salvajes. Le levantó un poquito más el culo a Xiao Wei para meterle el miembro en un ángulo más esquinado, chocándole en cada empujón en su punto más sensible del fondo. Le deformaba las tetas a manoseos y luego bajaba la cabeza para agarrarle el pezón con la boca, succionándolo y mordiéndolo con fuerza hasta sacar un sonido seco de «¡pop!».
Xiao Wei ya estaba totalmente perdida en el placer. Su rostro hermoso estaba lleno de rubor, mirándolo a su hermano con los ojos almendrados empapados en deseo, soltando gemidos entrecortados:
—¡Hermano... ah... la tienes bien gruesa... entra demasiado profundo...! ¡Mmm, ah—! ¡Me vas a romper toda...! ¡Métele con más fuerza... lléname todita otra vez... quiero la leche de mi hermano...!
Ah Ming le contestó jadeando, con la voz ronca y llena de calentura:
—Xiao Wei... tu conchita apreta recontra rico... cómo me succionas, carajo... ¡Me voy a venir... me voy a venir otra vez...!
Su cadera se movía a toda marcha como si fuera una maquina de emparejar pista; su miembro pajeaba salvajemente dentro de la conchita de su hermana, con el ruido del agua sonando cada vez más fuerte y más obsceno. Las tetas rebotaban desatadas, los besos no paraban ni un segundo y la escalera se convirtió por completo en el escenario donde los dos hermanos soltaban todo su deseo sin ningún tipo de control.
Justo en la esquina de la escalera, Ah Ming volvió a encajarle el miembro completito hasta lo más profundo, chocándole el glande con rabia en la entrada de la matriz...
En la esquina de la escalera, Ah Ming le clavó por última vez el miembro grueso y largo a Xiao Wei hasta lo más profundo; el glande le chocó de lleno abriéndole la entrada de la matriz, su cadera dio un temblor violento:
—¡Mmm, ah...! ¡Hermano... vénte adentro... dámelo todito...!
Xiao Wei dio unos tirones violentos con todo el cuerpo; su conchita, como si tuviera vida propia, empezó a contraerse como loca, apretándole el miembro a su hermano con fuerza para sacarle hasta la última gota de la segunda ola de leche espesa e hirviendo directo al fondo de su matriz. El líquido blancuzco mezclado se salía chorreando por la presión del punto de unión, bajándole por la parte interna de sus muslos delgados y dejando una mancha de agua indecente y enorme en la madera de la escalera.
Los dos llegaron al mismo tiempo al orgasmo, mezclando sus jadeos sin despegarse por completo del beso intenso. Ah Ming sostenía el cuerpo flojo de su hermana mientras su miembro, aún enterrado bien adentro de su conchita, daba latidos por un buen rato antes de ir saliéndole despacio. Al salir, sacó un montón de agua íntima mezclada con leche, cayendo a la escalera con un ruido de «¡pas!».
El rostro hermoso de Xiao Wei aún tenía el rubor encendido después del orgasmo; respiraba despacio, mirándolo a su hermano con los ojos almendrados empapados en deseo, soltándole un murmullo en voz baja:
—Hermano... qué rico se sintió... me voy a bañar primero... esperas en tu cuarto, ah.
Se puso de puntitas para darle un beso chiquito a Ah Ming en los labios y luego se acomodó la camisa que le había quedado hecha un desastre; su parte baja, calata, todavía le temblaba un poquito, pero se dio la vuelta juguetona para irse caminando al baño. Ese par de senos gigantes se balanceaba suavemente con cada paso, en su culo le quedaban rastros de la leche que todavía no se le secaba; Ah Ming pasó saliva al verla, pero no le quedó otra que quedarse mirando cómo su hermana desaparecía al fondo del pasadizo.
Ah Ming se quedó parado en el mismo sitio por un buen rato, sin poder calmar los latidos de su corazón. Aunque se había venido dos veces abajo, su miembro todavía le quedaba medio parado, dejándole la cabeza hecha un remolino. Arrastró las piernas medio flojas hasta su cuarto y, al cerrar la puerta, se dejó caer aplastado en el borde de la cama.
'Pero... qué mierda acaba de pasar... Xiao Wei... nosotros de verdad...'
Se agarró la cabeza con las dos manos mientras por su mente no paraban de pasar los recuerdos de todo lo que había pasado desde el sofá hasta la escalera: la textura de esos senos descomunales de su hermana, el placer de la succión apretada de su conchita, la tensión salvaje de tener a sus papás al costado sin sospechar nada... Su razón le decía que esto era un problema prohibido recontra grave, pero su cuerpo recordaba con total honestidad ese placer inolvidable. No sabía cómo mirarla a la cara a su hermana: ¿debía disimular como si no hubiera pasado nada o...?
Mientras sus pensamientos estaban hechos un nudo, la puerta de su cuarto se abrió despacio.
Xiao Wei ya se había bañado y se había puesto un baby doll de encaje negro recontra provocativo. La prenda era tan delgada que casi transparentaba todo; el escote era tan bajo que las dos esferas de sus senos blancos casi se le salían completas, dejándole ver el borde rosado de sus aréolas tras la tela. La parte de abajo era tan corta que apenas le tapaba el culo, dejándole las piernas delgadas completas al aire, donde todavía se podían notar unas gotitas de agua en la parte interna de sus muslos. Su cabello aún tenía la humedad del baño y soltaba ese olor familiar a jabón con aroma a leche, viéndose tan pura y sensual al mismo tiempo, pareciendo una tentación recién salidita de la ducha.
—Hermano... ¿puedo dormir contigo?
La voz de Xiao Wei sonó suavecita, con ese tono dulce de haber salido de bañarse. Parpadeó con sus ojos almendrados, poniendo su boca de cereza como si fuera la chica más buena e indefensa del mundo.
Ah Ming se quedó helado, sintiendo la garganta recontra seca:
—Xiao Wei... esto...
—Por hoy día nomás, pues... Hace un rato me dejaste con las piernas bien flojas de tanto hacérmelo... me da miedo dormir sola.
Usó a propósito ese mismo tono coqueto que usó cuando se le vino adentro en la escalera, pero al toque le aumentó.
—¡Eso sí, no te vas a estar moviendo, ah! Vamos a dormir nomás, ¡nada de portarse mal!
A Ah Ming todavía le daba vueltas la cabeza, esa frase de «me dejaste con las piernas flojas de tanto hacérmelo» hizo que abajo le empezara a quemar otra vez. Asintió como un zonzo, haciéndole un espacio en el centro de la cama:
—Ya... está bien... métete nomás.
Xiao Wei soltó una sonrisa dulce, se subió a la cama y se metió directo bajo la frazada, acostándose bien pegadita al costado de su hermano. Levantó la frazada para taparse los dos, pero su cuerpo delgado se pegó a propósito; ese par de senos de copa E, a través del encaje delgado del baby doll, se aplastó de forma suave contra el brazo de Ah Ming. La parte de abajo del baby doll se le trepó completita por la posición de estar echada, dejándole el vientre liso y sin pelos al aire junto con gran parte de sus nalgas blancas, dejándole ver ligeramente la figura de su conchita, que todavía le quedaba medio roja e hinchada por las embestidas de hace un rato.
Ah Ming hizo un esfuerzo para mantener la respiración calmada, dejando sus dos manos tiesas a los costados del cuerpo para no tocar a su hermana por nada del mundo. Cerró los ojos diciéndose a sí mismo:
'Solo es dormir... no te muevas... ella misma dijo que nada de portarse mal...'
En el cuarto solo quedaba el ruido finito de la respiración de los dos. Con la luz apagada, la luna se metía por las rendijas de la cortina, iluminando la figura recontra provocativa de Xiao Wei.
Pasados unos minutos, Xiao Wei de pronto se dio la vuelta despacio, quedándose de costado mirando hacia su hermano. Ese par de senos se le aplastó completito contra el pecho de Ah Ming por el movimiento; la carne de sus pechos salía recontra blanca por el escote y la posición de los pezones le chocaba despacio contra la piel a través de la tela. Como si fuera «sin querer», levantó una de sus piernas delgadas y se la acomodó suavemente encima del muslo a Ah Ming, rozándole la piel con la parte suave de la rodilla.
—Hermano... tu corazón está latiendo recontra rápido...
murmuró en voz baja, soltando un aliento tibio que le cayó directo en la oreja a Ah Ming.
—¿O es que no te puedes dormir todavía?
Ah Ming se puso tieso al instante, pero se obligó a no moverse:
—No... no pasa nada... duérmete nomás.
En la comisura de los labios de Xiao Wei se dibujó una sonrisita de haber logrado su cometido. Pese a haber dicho que «su hermano no se podía mover», ella misma empezó a buscar la forma de provocarlo...
Primero pegó el torso un poco más hacia adelante, dejando sus senos aplastados por completo contra el pecho de su hermano, sobándoselos suavemente con cada respiración; los pezones se le fueron poniendo duros despacio tras la tela, raspándole la piel a Ah Ming una y otra vez. Luego, esa pierna que tenía encima del muslo de su hermano empezó a deslizarse de arriba abajo despacio; los dedos del pie le enganchaban suavemente la tela del pantalón de pijama, subiéndosela de una forma que parecía sin querer pero que resultaba recontra provocativa.
Y para rematarla, acomodó su manito suave «de forma natural» en el costado de la cintura de Ah Ming; las yemas de sus dedos dibujaban círculos suaves encima de la ropa, bajando poco a poco hasta quedarse en el borde del elástico del pantalón. Le jaló el elástico un poquito, pero no llegó a meter la mano, quedándose sobándole esa zona con las yemas para meterle una cosquilla recontra intensa.
—Hermano... tu cuerpo está bien caliente... ¿Aparece que sigues pensando en lo de hace un rato?
Su voz sonaba tan suave que parecía derretirse, pegando casi los labios al lóbulo de la oreja de Ah Ming para soltarle un airecito tibio
—Pero tú me prometiste que no te ibas a mover, ah... Yo solo me quiero pegar un poquito nomás...
Abajo, a Ah Ming ya se le había parado completito otra vez; la carne dura y gruesa le levantaba la pijama formando un bulto recontra evidente. Apretó los dientes y se agarró con fuerza de las sábanas para no estirar las manos y agarrarle ese par de senos que se le aplastaban a su antojo contra el pecho, ni tampoco agarrarle esa pierna que no paraba de sobársele contra el muslo.
Al ver que su hermano aguantaba con tanto esfuerzo, Xiao Wei se alegró por dentro. Siguió provocándolo con cara de «inocente»: empujó el culo un poquitito hacia atrás, haciendo que la carne de sus nalgas le chocara suavemente en la zona donde Ah Ming tenía el miembro parado, para luego acomodarse como si solo estuviera buscando postura, sobándoselo despacio. Mientras tanto, sus senos continuaban aplastándose y rebotando contra el pecho de su hermano; el escote no tenía fondo y el olor a leche mezclado con el aroma dulce del jabón no paraba de metérsele a Ah Ming por la nariz.
Incluso metió una mano a propósito entre los dos, pegándole «de casualidad» la palma en el vientre a Ah Ming, con las yemas de los dedos quedándole a escasos centímetros de ese miembro parado, pero sin llegar a tocarlo de verdad, jugando solo con el calor de su piel y los roces finitos para no parar de provocarlo.
—Hermano... buenas noches...
La voz de Xiao Wei sonaba cada vez más dulce pero llena de provocación
—Acuérdate, ah... no te puedes mover... yo me estoy portando recontra bien...
El aire en el cuarto se ponía cada vez más caliente; Ah Ming sentía que ya iba a reventar. Su hermana le decía que no se moviera, pero usaba todas las artimañas para dejarlo ardiendo en deseo, mientras ella se hacía la pura y bien portada, con sus ojos almendrados brillando en la oscuridad con una chispa juguetona y llena de amor...
En el cuarto solo quedaba la luz de la luna metiéndose por la cortina, dejando el ambiente sofocado y pegajoso.
Xiao Wei empezó a soltar una respiración pareja y suave, como si de verdad se hubiera quedado dormida. Estaba echada de costado mirando a su hermano, con su cuerpo delgado bien pegado a Ah Ming; ese baby doll de encaje negro ya se le había trepado hasta la cintura, dejándole los senos blancos aplastados contra el pecho de Ah Ming, subiendo y bajando suavemente con cada respiración mientras la carne de sus pechos se sobaba despacio.
El miembro grueso y largo de Ah Ming ya estaba parado por completo, dándole un dolor de pura dureza. Como estaban demasiado pegados, ese miembro lleno de venas marcadas quedó atorado justo entre las piernas de Xiao Wei, con la cabeza del glande chocándole directo en la parte más suave de la cara interna de sus muslos. Con la respiración pareja de Xiao Wei, sus piernas se abrían y cerraban un poquito, haciendo que el miembro caliente se deslizara despacio de adelante hacia atrás entre sus piernas; cada movimiento le sobaba la piel lisa y sin pelos de la cara interna de los muslos, metiéndole un placer recontra intenso.
Ah Ming apretó los dientes, haciendo un esfuerzo para no moverse por nada del mundo.
'Ella... de verdad se durmió... no puedo...'
se repetía en la cabeza una y otra vez, pero no había forma de aguantar las ganas de abajo. El miembro estaba envuelto por la piel tibia de su hermana; cada vez que Xiao Wei apretaba un poquitito las piernas al respirar, la carne suave le apretaba el glande despacio, dejándolo tan a gusto que le salía un sudor finito por la frente.
Justo en ese momento, el culo de Xiao Wei empezó a moverse de una forma recontra lenta.
Al principio parecía un ajuste chiquito sin darse cuenta en medio del sueño: empujó sus nalgas redondas y blancas un poquitito hacia atrás y luego las volvió a meter despacio hacia adelante. El movimiento era casi invisible, pero hizo que el miembro atorado entre sus piernas quedara apretado y sobado al mismo tiempo por la carne de sus nalgas y sus muslos, dejando la carne envuelta por una suavidad aún más apretada.
«Chuj...»
Un sonido finito de roce húmedo resonó bajo la frazada.
Ah Ming se puso tieso por completo. Quizo echar la cadera hacia atrás para sacar el miembro, pero apenas se movió un poquitito, las piernas de Xiao Wei le apretaron con fuerza: sus piernas delgadas pero firmes le trabaron el miembro como si fueran un alicate, pegándole la carne de la cara interna de los muslos para dejarle la parte dura atorada al centro, sin poder moverse ni un milímetro.
Al mismo tiempo, un chorro tibio, resbaloso y pegajoso de humedad empezó a salirle desde la entrepierna a Xiao Wei.
Esa humedad se hacía cada vez más evidente, bajando despacio por todo el cuerpo del miembro para dejárselo completito recontra mojado y brillante a Ah Ming. La conchita de su hermana, aunque todavía no había sido penetrada, ya estaba botando a chorros un montón de agua íntima transparente mientras dormía (o hacía como que dormía); esta bajaba por la cara interna de los muslos hasta la zona donde estaban unidos, haciendo que el roce entre las piernas fuera aún más resbaloso y obsceno.
El culito de Xiao Wei continuaba con ese movimiento recontra lento y lleno de ritmo:
Empujaba un poquitito hacia atrás para dejar que la carne de las nalgas le envolviera el glande por completo; luego lo tiraba hacia adelante para hacer que el miembro se le hundiera bien adentro de la juntura de carne más suave de sus muslos.
Cada movimiento hacía que el glande le raspase el borde de la entrada de la conchita, que ya estaba bien mojada, sacando un hilo de ruido pegajoso al estirarse la baba.
«Chuj... glug...»
La respiración de Ah Ming se ponía cada vez más pesada. Quería salirse, pero se dio cuenta de que las piernas de su hermana lo tenían recontra atorado, sin dejarlo moverse ni un milímetro. Esa humedad cada vez más espesa hacía que el roce fuera demasiado rico; cada vez que el culo de Xiao Wei se sobaba despacio de adelante hacia atrás, su miembro quedaba envuelto por completo en esa agua íntima tibia y pegajosa, como si le estuviera haciendo una paja con las piernas recontra lenta pero increíblemente tortuosa.
La respiración de Xiao Wei continuaba parejita, con los ojos cerrados y las pestañas largas temblando suavemente bajo la luz de la luna, con una cara de pura inocencia al dormir. Sin embargo, su culito se movía en tirones chiquitos con cada vez más maña, moviendo la cintura delgada como si fuera una culebra de agua, haciendo que el miembro atorado entre sus piernas fuera pajeado, apretado y sobado una y otra vez por la carne suave de la cara interna de sus muslos.
El miembro de Ah Ming daba tirones cada vez más fuertes entre las piernas de su hermana; el glande no paraba de botar ese líquido transparente del comienzo, mezclándose con el agua íntima de Xiao Wei y formando hilos largos de baba. Cada vez que el culo de Xiao Wei empujaba hacia atrás, él sentía que el glande casi se le metía por la entrada de la conchita, que ya estaba recontra empapada; y cuando iba hacia adelante, la carne suave de la juntura de los muslos le apretaba duro, dejándolo tan a gusto que casi suelta un rugido en voz baja.
Se agarró con todas sus fuerzas de las sábanas, con los nudillos blancos de la presión, quedándole solo una idea en la cabeza:
'Xiao Wei... de verdad te dormiste... o lo estás haciendo a propósito...'
Y Xiao Wei solo continuaba haciéndose la dormida, con los ojos almendrados bien cerrados, pero con la comisura de los labios dibujando a escondidas una sonrisita recontra fina de haber logrado su cometido.
Su culito continuaba moviéndose despacio pero sin parar, apretándole con fuerza ese miembro grueso y caliente de su hermano entre sus piernas, haciendo que el roce fuera cada vez más resbaloso y más intenso, botando más y más agua íntima, dejando el aire dentro de la frazada lleno de ese olor dulce y espeso a calentura...
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