GUANGYIN ZHI WAI 922






MAS ALLÁ DEL TIEMPO 922

Cada uno tiene sus propias intenciones



Una densa aura de cadáver brotó con locura desde el interior del túnel. Al mismo tiempo, dos figuras salieron disparadas.

La mirada de Feng chispoteó. Su cuerpo solo se pausó un instante, pero no se echó para atrás.

Sin embargo, Lan Yao ejecutó a toda prisa una serie de sellos de mano y activó sus defensas.

Al instante siguiente, un retumbo retumbó en el lugar mientras Lan Yao retrocedía. Dos figuras que parecían cadáveres o marionetas aparecieron frente a ella.

Cada una de estas dos figuras tenía dos cabezas y de sus ojos emanaba un destello sediento de sangre. Sus bocas abiertas estaban llenas de colmillos y todo su cuerpo emitía una presión aterradora.

Tras atacar a Lan Yao, una de las marionetas cambió de dirección y se dirigió directo a por Xu Qing.

De inmediato comenzó a pelear contra Xu Qing. A Xu Qing se le cayó el corazón al piso. Podía sentir la fuerza desmedida de esta marioneta y lo aterrorizadoramente duro que era su cuerpo. Encima, hasta tenía resistencia contra las habilidades divinas.

Saltaba a la vista que estas marionetas eran extraordinarias.

Sin embargo, además de pelear, Xu Qing paseó la mirada a través del túnel abierto. De pronto, le mandó un pensamiento a los ciempiés fantasma de los alrededores.

Este pensamiento no era sentido divino, sino que fue emitido por Xu Qing a través del cristal púrpura. Era casi imposible que gente de afuera lo sintiera.

En un abrir y cerrar de ojos, los ciempiés fantasma se amontonaron alrededor de Xu Qing. Uno por uno, atacaron sin asco a la marioneta. Algunos incluso se autodestruyeron.

A Lan Yao también se le revolvió el pecho al enfrentarse a una marioneta igual de pesada.

En un instante, Xu Qing y Lan Yao quedaron retenidos.

En cuanto a Feng, estas dos marionetas prácticamente lo pasaron por alto.

Esta escena hizo que la cara de Lan Yao se pusiera sombría al toque. Mientras manifestaba al pavo real de ocho colores y atacaba, se le quedó mirando a Feng.


—Feng Lintao, ¡¿qué significa esto?! Antes de partir, ¡le dije a mi esposo mi paradero y el propósito de este viaje!


La mirada de Feng chispoteó. Quería largarse al instante, pero claramente tenía sus reservas. Al final, igual dio explicaciones.


—Compañera Daoísta Lan, no malinterpretes. Ahora poseo el linaje de todo el pueblo Liaoxuan. Es más, este lugar fue montado por mi antepasado, así que por inercia no me va a hacer mucho daño. En cuanto a estos dos cadáveres, crea la compañera Daoísta Lan o no, la verdad es que no sabía de su existencia antes de esto. Sin embargo, por lo que se ve ahora, deben ser compañeros de clan refinados por mi antepasado para custodiar este sitio. Si hoy no hubiera extraños, tal vez no se habrían activado. Sin embargo, admito que fue un descuido mío, pero no te preocupes, compañera Daoísta Lan, voy a entrar a sacar el líquido sagrado de Liaoxuan. Se lo repartiré como quedamos en nuestro acuerdo.


Dicho esto, el cuerpo de Feng se bamboleó y se lanzó hacia el túnel que ya no tenía traba alguna.

Las fluctuaciones de energía acá eran fortísimas, Lan Yao estaba enfrascada en la pelea, Feng había estado concentrado en ella, por lo que no llegó a notar una sombra que emergía de uno de los ciempiés fantasma que se había autodestruido. No dejó ni un rastro en el piso y no emitió ni una gota de aura mientras se escurría dentro del túnel...

Al ver a Feng largarse, a Lan Yao se le puso la cara aún más fea. En este momento, bajo su ataque, retumbos estruendosos resonaban. Sin embargo, la marioneta frente a ella la bloqueaba con todas sus fuerzas, haciendo que no pudiera quitársela de encima en un período corto de tiempo.

Un destello sanguinario chispoteó en sus ojos. Sacó una perla de siete colores. Tras tragársela, su cultivo brotó de forma explosiva y un fantasma tenue apareció encima de su cabeza.

El fantasma se veía borroso y no se podía distinguir con claridad, pero el poder de cultivo que emitía era incomparablemente asombroso. Tras aparecer, se abalanzó al toque hacia la marioneta.

Por más que la marioneta esquivaba, no fue capaz de evitar al fantasma. Tras un instante de contacto, un estruendo que retumbó la tierra hizo eco. Esta marioneta extraordinaria colapsó directo y se reventó en pedazos.

En cuanto al fantasma, también se disipó.

A la cara de Lan Yao también se le fue un poco el color, pero no lo pensó dos veces. Ni siquiera volteó a mirar a Xu Qing mientras se lanzaba a toda velocidad hacia el túnel.

Xu Qing observó todo esto y se quedó sorprendido por la técnica secreta de la otra parte. Su mirada chispoteó, pero no tardó en calmarse y continuó peleando con frialdad contra el cadáver marioneta que tenía enfrente, sin quemar ninguno de sus ases bajo la manga.

Diez respiraciones después, un silbido agudo retumbó de la nada desde el interior del túnel. Al instante siguiente, Lan Yao y Feng salieron disparados.

La cara de ambos había cambiado por completo. Tras salir volando, se frenaron en el aire y cada uno comenzó a ejecutar una serie de sellos de mano, como si estuvieran haciendo frente a un enemigo temible.

Inmediatamente después, el túnel empezó a retumbar con fuerza mientras una luz dorada salía en su persecución.

¡Era una rata dorada gigante!

Tenía todos los pelos del cuerpo erizados de punta a punta y los ojos le brillaban con una luz dorada intensa. Sus dientes expuestos se veían desproporcionadamente afilados.

Encima, de la carne entre sus pelos brotaban incontables rostros, dándole un aspecto siniestro y desagradable.

Apenas apareció, un destello feroz cruzó por sus ojos y le soltó un rugido a Feng y a Lan Yao.

Todos los rostros pegados a su cuerpo la imitaron al instante, armando un grito conjunto que te sacudía el alma.

Acto seguido, su cuerpo se bamboleó y literalmente desapareció. Cuando volvió a aparecer, estaba justo frente a Feng. Abrió su bocaza espantosa y le tiró una mordida con rabia.

A Feng se le desencajó la cara y retrocedió al toque. Al mismo tiempo, hizo aparecer un escudo. Era el mismo escudo que había sacado cuando peleó contra Xu Qing.

Con un boom, la rata dorada reventó contra el escudo.

Sin embargo, el escudo que había aguantado el ataque de Xu Qing en ese entonces se reventó directo por la colisión, convirtiéndose en un montón de esquirlas que volaron por todos lados.

El cuerpo de la rata dorada también se sacudió, pero lejos de amilanarse, su ferocidad aumentó.

Justo cuando estaba a punto de abalanzarse otra vez, la mirada de Lan Yao chispoteó. Claramente quería aprovechar la oportunidad para meterse al túnel.

La rata dorada bramó y desapareció al instante, cambiando de rumbo para cruzársele en seco a Lan Yao. Al mismo tiempo que le cerraba el paso, una luz dorada brotó de todo su cuerpo.

El pavo real de ocho colores se manifestó para frenarla, pero tras entrar en contacto con la luz dorada, el pavo real colapsó.

Cuando Xu Qing vio esta escena, puso cara de asombro.

Podía darse cuenta de que esta rata dorada era una criatura divina. Es más, la densidad de su divinidad era tan alta que estaba prácticamente a punto de encender el fuego divino.

'No, no está bien. No es que esté a punto de encenderse, sino que alguna vez estuvo encendido pero por alguna razón se le apagó. Ahora que ha acumulado tanto poder, ha llegado a un punto en que puede volver a encenderse'

Xu Qing ya había tenido tratos con un montón de dioses. Ahora que se fijó con más detenimiento, sacó la línea de inmediato y cambió su veredicto.

A Feng se le puso una cara horrible. Ejecutó un sello con una mano y habló a toda prisa.


—Compañero Daoísta Yan Xuanzi, ¡no te quedes ahí parado! Esta rata divina se metió al lugar del líquido sagrado de Liaoxuan desde otros accesos. Encima, está claro que ha estado escondida por mucho tiempo y estaba durmiendo antes de esto.

—Me la crucé a mitad de camino y me salió persiguiendo. Si no podemos matar o atrapar a esta rata, ¡va a ser imposible que consigamos el líquido sagrado de Liaoxuan!

—En cuanto al líquido de Liaoxuan, aunque no lo vi con mis propios ojos, sentí su olor en el túnel hace un rato. ¡Todavía está ahí!

—Por eso, solo si vamos con todo tendremos una oportunidad. Yo también tengo algunos ases bajo la manga. Es más, ¡puedo intentar controlar a la marioneta contra la que estás peleando!


Mientras hablaba, Feng no se olvidó de ajustar a Erniu con los dedos para meterle miedo a Xu Qing.

En el fondo de su corazón, se sentía infinitamente frustrado. Lo que acababa de decir era la pura verdad. Aunque había entrado primero, todavía no había llegado al Pozo de Liaoxuan cuando se topó con esta rata dorada.

La aparición de esta bestia no formaba parte de su plan, ni tampoco había sido algo montado por su antepasado.

Sin embargo, en este momento no le quedaba otra opción. Apretó los dientes con furia y escupió una bocanada de sangre, activando una técnica secreta. De inmediato, la marioneta que peleaba contra Xu Qing se estremeció y retrocedió. Dio media vuelta directo y se lanzó a por la rata dorada.

Al ver esto, Lan Yao tampoco estaba de humor para reclamarle a Feng por sus malas intenciones. En ese instante, aguantaba los embates mientras retrocedía y hablaba a toda prisa:


—Compañero Daoísta Yan Xuanzi, ¡lo que dice es verdad!


Xu Qing puso cara de duda. Obviamente él sabía perfectamente que era verdad...

Acto seguido, habló con voz firme y profunda:


—¡Quiero el 30% del líquido sagrado de Liaoxuan!


Cuando Feng escuchó esto, apretó las muelas con rabia.


—¡De acuerdo!


Lan Yao también sabía que no era momento para ponerse a sacar cuentas, así que asintió al toque.

Viendo a los dos en esa actitud, Xu Qing amagó con decir algo más.

Sin embargo, considerando que eso podía hacerles pensar que solo estaba haciendo hora para ganar tiempo, no lo pensó más. Levantando la mano, hizo aparecer la Hoja Devoradora de Espíritus. Dio un salto y se acopló al ataque junto a Feng, Lan Yao y la marioneta para irse con todo contra la rata dorada.

Al mismo tiempo, le echó una mirada de reojo al túnel y le mandó un pensamiento a escondidas a la Pequeña Sombra:

'No te lo lleves todo... ¡Deja algo ahí!'

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