EMPERADOR DIVINO ETERNO 2658
Escoria del Confucio
Raws: 2643
—Ay, Hua Chunqiu, Hua Chunqiu... ¿quién miércoles te ha dado confianza para que te atrevas a exigirle piedras divinas a la Gran Líder, ah?
Gongyang Mu dio un paso al frente. Caminaba de lo más lento y sobrado, con un tono burlón y una sonrisita fingida en la cara.
Al llegar al lado de Shen Xi, le hizo una pequeña reverencia y le dijo:
—¡Gran Líder, deje que yo me encargue de estos dos pelagatos del Campo del Libro y del Campo de la Pintura! Usted es una persona de alcurnia, ¿para qué se va a estar rebajando al nivel de estos infelices?
—¡Gongyang Mu!
En cuanto Shu Yong y Hua Chunqiu vieron al recién llegado, se les transformó la cara.
Zhang Ruochen le dio una mirada de reojo a ese tal Gongyang Mu. El tipo también parecía ser un cultivador confuciano; vestía una túnica impecable de color verde, bordeaba los treinta y tantos años, llevaba una barbita de un par de centímetros en el mentón, ojos achinados y labios delgados.
Sin necesidad de ser un adivino, saltaba a la vista que era del Campo Confucio.
Eso sí, el nivel de cultivo de Gongyang Mu era bastante más alto que el de Shu Yong y Hua Chunqiu; el tipo ya jugaba en las ligas de un semidiós.
Gongyang Mu miró los restos mutilados de Fugu y Mo Yang, puso una cara de santo dolor y soltó un tremendo suspiro:
—En el Dao Confucio, lo primero es la benevolencia, lo segundo es la moral. Así hayan sido unos asesinos, ustedes, como intelectuales confucianos, no deberían tratar sus restos de esa manera tan vil. ¿Dónde queda la rectitud y la justicia? ¿Dónde queda la moral? De verdad... ustedes son la vergüenza de los confucianos, una total palta para el mundo de las letras.
A Shu Yong la verdad es que sí le parecía que ponerse a vender cadáveres en plena calle no era digno de un caballero, así que, por un momento, le entró un roche tremendo y se puso recontra rojo.
Hua Chunqiu soltó un bufido de desprecio:
—Te llenas la boca hablando de moral y rectitud, pero tus acciones no le hacen honor a esas palabras, Gongyang Mu; no eres más que un perro faldero del Campo Celestial. Con tal de entrar al Proyecto Semidiós, fuiste capaz de entregar a tu propia esposa a una deidades del Campo Celestial, ¿o acaso quieres que te refresque la memoria frente a todos?
La mirada de Gongyang Mu se puso fría como el hielo por un milisegundo, pero al toque disimuló y fingió indignación:
—Puras habladurías sin pruebas, solo sirves para manchar la honra de los inocentes. Uno tiene que hacerse responsable de lo que habla; a mí me puedes insultar todo lo que quieras, pero ten cuidado con meterte con los dioses del Campo Celestial, no te vaya a caer un castigo divino.
Al ver la pose tan hipócrita de Gongyang Mu, Hua Chunqiu sintió un asco tremendo y prefirió no gastar más saliva con él.
Gongyang Mu sabía perfectamente que Hua Chunqiu no se iba a atrever a mencionar el nombre de un dios en voz alta, así que se sonrió para sus adentros, sintiéndose el ganador de la discusión, dijo:
—Shu Yong, ¿qué tal si te cambio esos dos muertos que tienes en el piso por una pintura mía, ah?
—Tus mamarrachos de pintura no valen ni un dedo de Fugu.
—Primero chequea el cuadro y de ahí me hablas, no te adelantes.
Gongyang Mu soltó una sonrisa recontra maliciosa y, de su manga, sacó un pergamino de color lila suave, abriéndolo poco a poco.
En el lienzo aparecían retratadas cuatro mujeres hermosas, de una belleza incomparable, tan bien dibujadas que parecían tener vida propia.
Shu Yong reconoció al toque a las cuatro mujeres del cuadro: eran las 'Cuatro Bellezas del Mar Azul' del Campo del Libro, de la generación de sus sobrinas discípulas. Debido a sus rostros tan finos, eran bien conocidas en todo el Tribunal Celestial.
Shu Yong sacudió la manga de su túnica con desprecio y le reclamó:
—Ponerte a pintar a las jovencitas de mi mundo... de verdad que mientras más viejo te pones, más sinvergüenza te vuelves.
—Míralo con más cuidado, choche.
A Shu Yong se le pasó algo por la cabeza y se le mudó el color del rostro. Activó su Poder Espiritual directo hacia sus ojos para examinar al detalle el pergamino. Al milisegundo siguiente, su túnica comenzó a agitarse con fuerza sin necesidad de viento y se le pararon los pelos de punta del puro amargor.
—Estás buscando que te mande al otro barrio.
Una tremenda ola de energía de rectitud brotó de su cuerpo en una, transformándose en un río celestial blanco que avanzaba con una fuerza violenta.
Shu Yong, parado justo en medio de ese río de rectitud, estiró la mano lanzando un zarpazo a la distancia con la intención de arrancharle el pergamino a Gongyang Mu.
Gongyang Mu levantó la comisura de los labios. Con una mano sostenía el cuadro y con la otra metió un palmazo hacia adelante.
En la palma de su mano comenzaron a brotar letras por todos lados, acompañadas de líneas de reglas del cielo y la tierra que aparecían entre los caracteres.
'¡Boom!'
El río de rectitud fue golpeado con tanta fuerza por las letras y el palmazo que terminó rebotando con todo hacia atrás, dándole de lleno a Shu Yong.
Shu Yong salió despedido, resbalando unos treinta metros en el piso hasta quedar medio arrodillado, con todo el cabello desordenado. Sin embargo, en un parpadeo, se volvió a lanzar al ataque a la velocidad del rayo, rugiendo con desesperación:
—¡Suéltalas ya!
Esa exclamación cargaba un Poder Espiritual recontra potente.
Gongyang Mu puso una mirada de desprecio y pisó fuerte con el pie derecho. Una red de marcas apareció bajo su planta, desatando una onda que mandó a volar por los aires a Shu Yong otra vez antes de que pudiera acercarse.
—Shu Yong, ya no estamos hace quinientos años, oye. Con el nivel de cultivo que te manejas ahora, ¿de verdad pretendías hacerme el pare?
se burló Gongyang Mu.
Hua Chunqiu se quedó mirando fijamente las líneas que flotaban alrededor del cuerpo de Gongyang Mu y comentó asombrado:
—No puede ser... has logrado elevar el poder de la lógica hasta el nivel de la Lógica Celestial.
Gongyang Mu se infló de orgullo y presumió:
—Así es. Una vez alcanzada la Lógica Celestial, entrar al Reino Dios es cuestión de tiempo, ya está al alcance de la mano. En cambio ustedes dos ni siquiera han rozado el nivel de un semidiós; no tienen pero ni la base para soñar con alcanzar el Reino Dios.
La Lógica Celestial era el nivel más alto de la lógica.
'Conservar la Lógica Celestial y extinguir los deseos humanos' era la base sobre la que se fundó el Campo Confucio, además del núcleo de todo su pensamiento.
Según la leyenda, aquel que lograra elevar el poder de la lógica hasta el nivel de la Lógica Celestial, tenía el ingreso asegurado al Reino Dios, convirtiéndose en un verdadero dios confuciano. Era justamente por eso que Gongyang Mu tenía tanto desplante y motivos para creerse lo máximo.
Shu Yong se acercó a Zhang Ruochen y, recontra preocupado, le dijo:
—Hermano Shu, Gongyang Mu ha atrapado a mis cuatro sobrinas discípulas y las ha dejado selladas dentro del cuadro; tengo que salvarlas sí o sí.
—¿Cómo? ¿Quieres usar estos dos muertos para hacer el cambalache por ellas?
Shu Yong sabía perfectamente que pedirle eso era un abuso de su parte; puso una cara de angustia total, apretó los dientes y, haciendo una reverencia profunda ante Zhang Ruochen, le dijo:
—De hoy en adelante, Shu Yong será tu sirviente para pagarte lo que valen las piedras divinas.
Los cadáveres de Fugu y Mo Yang valían una millonada, era una deuda que él jamás podría pagar, así que no le quedaba otra forma que suplicarle así a Zhang Ruochen.
Zhang Ruochen clavó la mirada en Gongyang Mu.
Shen Xi, temiendo que el tipo se lanzara con todo a arrancharle el cuadro, se acomodó al lado de Gongyang Mu con la Espada del Juicio en la mano.
De manera natural, un Dominio de Espada se activó a su alrededor, protegiéndolos a ambos.
Gongyang Mu, al ver cómo Shu Yong no tenía más opción que agachar la cabeza, se sintió el rey del mundo y comentó:
—Hace un rato te ofrecí el trato y no quisiste. ¡Ahora, ya me arrepentí! Si quieres este cuadro, no solo vas a tener que entregarme los dos cadáveres, sino que también van a tener que ponerse de rodillas para pedirle disculpas a la Gran Líder Shen Xi. Y ojo, me refiero a ustedes dos.
Gongyang Mu apuntó con el dedo a Shu Yong y a Hua Chunqiu.
Xiang Chunan abrió los ojos grandes como platos y, recontra asado, le rugió:
—En mi vida he visto a un tipo tan sinvergüenza y con la cara tan dura. Si eres tan macho, ¡recíbeme un puñetazo!
A Gongyang Mu le entró el miedo al toque y dijo:
—Joven Xiang ha recibido las enseñanzas directas de la Líder del Palacio Divino de la Verdad y su fuerza en combate no tiene rival; yo ni a palos soy pieza para ti. Pero eso sí, te aseguro que antes de que tu puño me llegue a tocar, hago trizas este cuadro en una.
—Tú...
Xiang Chunan tuvo que aguantarse las ganas de pegarle, porque Shen Xi le estaba haciendo el pare adelante a Gongyang Mu; así que, por más que se lanzara, iba a ser bien yuca ganarle la posición.
Gongyang Mu miró fijo a Shu Yong y le apuró:
—¿Ya lo pensaste bien o qué? Para serte franco, a mí me importan un comino tanto estos dos muertos del piso como las vidas de esas cuatro chicas del Campo del Libro que están en el cuadro. Así que ya sabes, se me está acabando la paciencia.
Shu Yong volteó a mirar a Zhang Ruochen; al fin y al cabo, los dos cadáveres eran de él y no podía disponer de ellos así nomás.
Zhang Ruochen estiró la mano, ayudó a levantar a Shu Yong —que todavía seguía agachado en plena reverencia— y avanzó hacia Gongyang Mu diciendo:
—Estos dos muertos valen una fortuna, la verdad es que no los puedo regalar así por así.
—En esta vida hay que aprender a perder, choche; ante la realidad no queda otra que dar el brazo a torcer.
se burló Gongyang Mu.
La energía de espada de Shen Xi seguía apuntando directo a Zhang Ruochen, sin perderle el rastro ni un segundo.
—¿Qué tal si lo arreglamos así? Tú y Shu Yong se meten una mecha más. Si tú ganas, te llevas los dos muertos, eso de arrodillarse a pedir disculpas a la Gran Líder lo hacemos los cuatro juntos, para apoyar al grupo.
Hua Chunqiu y Shu Yong se quedaron estupefactos, sin entender la jugada.
Pero Xiang Chunan, que era recontra desprendido y solidario, apoyó en una:
—¡Esa es! En las buenas y en las malas, siempre juntos. Si hay que arrodillarse, nos arrodillamos todos.
Gongyang Mu se alegró un montón y preguntó:
—¿De verdad lo dices en serio?
—Claro que sí, pero no cantas victoria antes de tiempo, oye; si llegas a perder, no solo me vas a tener que entregar el cuadro, sino que te vas a poner de rodillas y nos vas a meter tres reverencias chocando la frente contra el piso.
Gongyang Mu, temiendo que Zhang Ruochen se fuera a echar para atrás, aceptó al toque:
—¡Ya, bacán, trato hecho!
Shen Xi miró a Zhang Ruochen con una cara de no entender nada de nada, pero al ponerse a pensar en la tremenda diferencia de nivel que había entre Gongyang Mu y Shu Yong, vio imposible que el primero fuera a perder. Con eso, se le quitaron todas las dudas de la cabeza.
—El cuadro se queda conmigo por mientras.
Gongyang Mu, que también quería evitar cualquier sorpresa, le entregó el pergamino a la mujer en una.
Shu Yong volvió a hacerle una reverencia a Zhang Ruochen, esta vez con una mirada de jugarse el todo por el todo, le dijo:
—Muchas gracias, hermano Shu, por conseguirme esta oportunidad. Así no sea pieza para Gongyang Mu, ¡me lo llevo conmigo al otro barrio!
Hua Chunqiu, con cara de preocupación, le advirtió:
—Gongyang Mu es recontra zorro, ¿tú crees que no va a estar atento a que intentes una locura para morir los dos? No vayas a pensar en la muerte a menos que ya no quede de otra, por favor.
El único que andaba de lo más fresco y relajado era Zhang Ruochen, quien le dio una palmadita en el hombro a Shu Yong y le dijo:
—No te me pongas tenso, choche; sal a pelear con todo nomás. Yo te tengo fe, no creo que te sea muy yuca bajarlo.
General Divino Tianbin del Mundo Mortal, usando su poder divino, dio forma en medio del mar a una burbuja espacial de mil millones de metros de diámetro.
Shu Yong y Gongyang Mu se convirtieron en dos destellos de luz y se metieron de frente a la burbuja espacial.
Shu Yong tomó la iniciativa. Agarró su pincel de pelo de zorro divino Zihao y dibujó en el aire el carácter de 'Lucha', de más de treinta metros de largo, lanzándolo directo contra Gongyang Mu.
—La Carta de Batalla de los Cien Caracteres... ¡oye, no vengas a hacer el ridículo con esa técnica santa tan básica!
Gongyang Mu ni por un segundo se tomó en serio a Shu Yong. Metió un dedo hacia adelante, haciendo que sus marcas de Lógica Celestial se unieran en una línea recta que fue a chocar contra la palabra 'Lucha'.
Él ya alucinaba que iba a romper ese carácter con total facilidad.
Sin embargo, sus marcas de Lógica Celestial no le hicieron ni cosquillas a la palabra 'Lucha'. Por alguna extraña razón, el aura y la potencia que brotaban de ese carácter se dispararon un montón de la nada y, al final, le metió un tremendo bombazo en todo el cuerpo.
Pero bueno, Gongyang Mu por algo era un semidiós; reaccionó al toque ante semejante sorpresa y, aunque el golpe lo mandó a volar por los aires, logró activar su Dominio Dao y su Pergamino de Lógica Celestial, logrando amortiguar la mayor parte del daño.
Shu Yong jamás imaginó que Gongyang Mu fuera a arrugar tan fácil, así que su confianza se fue hasta las nubes. De inmediato, se puso a escribir un segundo carácter, luego un tercero...
El que le estaba dando una mano caleta, lógicamente, era Zhang Ruochen.
La Voluntad Santa Wuji de Zhang Ruochen no se quedaba guardado dentro de su cuerpo, sino que se expandía por todo el cielo y la tierra, distribuido en cada rincón del cosmos.
Por eso, cada vez que Shu Yong lanzaba una técnica santa, Zhang Ruochen simplemente activaba la Voluntad Santa Wuji de esa zona del espacio y lo fusionaba con su ataque. Obviamente, el poder destructivo de la técnica se multiplicaba con creces.
Así fue como toda la gentita del Mercado Marítimo del Mundo Mortal terminó presenciando una escena recontra loca y bizarra: Shu Yong, que a las justas había desarrollado ochenta billones de reglas del Camino Santo, tenía de hijo y arrinconado a puros golpes a Gongyang Mu, quien ya estaba a nivel Semidiós.
Incluso General Divino Tianbin, el Falso Dios que vigilaba todo desde lo alto del firmamento, no pudo darse cuenta de dónde estaba el truco.
Lo único que llegaba a sentir era que, con cada golpe que Shu Yong mandaba, el tipo lograba jalar una cantidad brutal de la fuerza del cielo y la tierra para meterla en sus ataques, lo que compensaba por completo la tremenda diferencia de nivel entre ambos.
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