EMPERADOR DIVINO ETERNO 2623
El Mundo despues de 1000 años
Al fusionarse el Corazón de la Verdad con su cuerpo físico y su alma santa, Zhang Ruochen sintió que su cuerpo actual era varias veces más poderoso que su antiguo cuerpo de semidiós; todo su ser había pasado por una metamorfosis total, saliendo del fango, completamente renovado.
La sangre humana y la sangre Vampiro Inmortal seguían ahí, pero ahora se habían fusionado con el qi del caos, dejando de chocar entre sí para convertirse en una sola de forma definitiva.
Las reglas del camino santo seguían presentes, es más, se habían elevado un paso más allá, alcanzando los 36000 millones de reglas, llegando a un número de perfección absoluta. De entre ellas, los nueve caminos —el puño, la palma, el oro, la madera, el agua, el fuego, la tierra, el tiempo y el espacio— ocupaban la gran mayoría.
Lo que sí no aumentó mucho fue su Poder Espiritual, algo que a Zhang Ruochen le pareció bastante desconcertante.
Al fin y al cabo, en el Diagrama Taiji Yin Yang, su mente había pasado por un tormento sin precedentes, por lo que su Poder Espiritual debería haber dado un tremendo estirón. Qué pena que siguiera estancado en la intensidad del Nivel 69.
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En el río del tiempo.
Zhang Ruochen iba sentado con las piernas cruzadas en la palma de la mano de Santo Monje Xumi, siguiendo la corriente hacia abajo.
Y entonces, pasó algo rarísimo.
Se dio cuenta de que, con solo concentrarse en activar su intención santa para entrar en un estado de desapego total —donde se olvidaba del mundo y de sí mismo—, podía llegar a ver de reojo algunas imágenes de distintas épocas.
—La Voluntad Santa de primer grado sí que es una locura, parece que tiene una infinidad de usos ocultos que me va a tomar miles o millones de años estudiar y descubrir.
Zhang Ruochen hasta se puso a pensar si, gracias a esta intención santa, podría ser capaz de tener el poder de —conocer todo el pasado y comprender cada cosa del cielo y de la tierra—.
Su capacidad de deducción iba a superar al camino del destino, de eso no había duda.
Y su capacidad de aprendizaje dejaría rezagados a los cultivadores del camino del origen; eso iba a ser pan comido.
¡Crack!
Un crujido seco despertó de golpe a Zhang Ruochen, quien estaba sumergido en su meditación.
En los restos de Santo Monje Xumi había aparecido una grieta.
No solo eso, sino que una niebla gris comenzó a cubrir la piel del cadáver.
'¿Cómo puede ser esto? El cadáver de un Buda debería ser eterno e indestructible. ¿Por qué se está agrietando? ¿Por qué está empezando a pudrirse?'
Al toque, Zhang Ruochen entendió el motivo: cruzar el río del tiempo de verdad conllevaba un costo tremendo, algo que ni el cuerpo de un Buda podía resistir.
Era justamente gracias a la protección de Santo Monje Xumi que la fuerza del tiempo no había hecho estragos en el cuerpo de Zhang Ruochen.
En su momento, el Monje le había dicho a Zhang Ruochen que regresara de inmediato apenas el Templo Xumi fuera destruido; seguro ya sabía que la resistencia de su propio cadáver tenía un límite. Si pasaba algún imprevisto, cabía la posibilidad de que no pudieran volver a su punto del tiempo original.
Si el cuerpo del Monje se hacía pedazos por completo, sería lo mismo que quedarse sin —bote—.
Con el nivel de cultivo que Zhang Ruochen tenía ahora, lo más probable era que la presión del espacio lo volviera a machacar hasta convertirlo en partículas.
Esta vez, sin el Corazón de la Verdad y sin el cuerpo del Monje, volver a reconstruir su cuerpo físico iba a ser muchísimo más yuca. Y ni hablar de recuperar su cultivo; mejor que se vaya olvidando de eso.
Era muy posible que la intención santa de primer grado que tanto le había costado cultivar se borrara del mapa junto con su muerte.
Zhang Ruochen ya había pasado por un montón de tormentas en el río del tiempo, así que no se maleó tanto y se puso a pensar frío en una solución.
Solo quedaban dos caminos:
Acelerar la velocidad del retorno, o asegurar la estabilidad del —bote—.
'Lo único que puedo hacer ahora es romper el límite hacia el Reino Mil Koan, usar mi dominio del camino para estabilizar los restos de mi maestro y hacer el aguante hasta llegar al punto del tiempo de donde partí'
Con lo difícil que había sido cultivar esa intención santa de primer grado, Zhang Ruochen no se iba a dejar morir así por así en el río del tiempo.
Para dar el salto desde el Reino Cien Grilletes al Reino Mil Koan, se necesitaba la —transformación del Dao—.
La mentada —transformación del Dao— consistía en usar las reglas del camino santo que uno mismo había cultivado para dar forma a su propio camino. Para algunos era un arma, para otros una intención, para otros un alma, para otros, todo un mundo.
Lo que piensa el corazón es en lo que se convierte el camino.
Mientras más perfecto sea tu estado mental, más perfecto será tu camino.
Todo el cultivo en el Reino Mil Koan se basaba en pulir constantemente el interior de uno mismo y perfeccionar su propio camino.
El camino se manifestaría en forma de un dominio del camino.
En este punto, el dominio del camino que se formaba era distinto al que se cultivaba en el Reino Rey Santo.
El dominio del camino del Reino Rey Santo era solo un bosquejo, un campo de energía invisible al ojo humano. En cambio, el dominio del camino de un Santo Supremo del Reino Mil Koan se manifestaba de forma real y con distintas apariencias.
Con el nivel de cultivo actual de Zhang Ruochen, transformar su camino, consolidar su dominio y romper el límite hacia el Reino Mil Koan era algo que podía lograr en un abrir y cerrar de ojos.
Totalmente calmado y dueño de sí mismo, Zhang Ruochen pronunció dos palabras:
—Transformación del Dao.
¡Fush!
El camino se formó en un solo pensamiento.
Su cuerpo comenzó a irradiar luz por todos lados, envuelto en una densa niebla de qi del caos, un universo inmenso se manifestó teniendo a él como centro, llegando a cubrir por completo los restos de Santo Monje Xumi.
La escena que aparecía se parecía un montón a la forma del Reino de la Verdad conocida como —Universo sin Límites—.
Este dominio del camino, de hecho, contenía por completo la forma de —Universo sin Límites—; sin embargo, incluía aún más el dominio real del espacio, el territorio del tiempo virtual y varios otros caminos santos.
El dominio del camino de Zhang Ruochen no dejaba de evolucionar: aparecía la explosión de una singularidad, el caos de la era primordial, nubes de polvo cósmico y neblina de luz, un continente salvaje, los astros de los cielos, el río del tiempo... y así, un sinfín de escenarios mutaban en una transformación infinita.
¡Este no era un dominio del camino estático!
Era un dominio en constante evolución, repotenciado por el tiempo, que lo abarcaba absolutamente todo; el pasado, el presente y el futuro estaban metidos ahí.
¡Exacto!
Toda la eternidad.
Zhang Ruochen lo bautizó como —Eternidad en Uno—.
El dominio del Dao de Eternidad en Uno.
Bajo el respaldo del dominio de Eternidad en Uno, Zhang Ruochen finalmente logró regresar al punto del tiempo de donde había partido, justo en el mismísimo instante en que los restos del Santo Monje Xumi estaban por hacerse polvo. Al reaccionar, se dio cuenta de que estaba sentado con las piernas cruzadas frente al cadáver del Monje.
Entre el cielo y la tierra reinaba una tranquilidad absoluta.
Ya no se escuchaba para nada el sonido de la corriente del río del tiempo.
Era como si no hubiera pasado absolutamente nada; Zhang Ruochen sintió como si solo hubiera tenido un sueño larguísimo.
¡Y en ese instante, el sueño había terminado!
En el gran salón, la luz de Buda brillaba con fuerza, las seis estatuas búdicas seguían de pie en sus altares y los restos del Monje, que supuestamente habían desaparecido, continuaban sentados al frente. Nada había cambiado.
Justo cuando Zhang Ruochen pensaba que de verdad todo había sido un pajazo mental...
Chichí.
Frente a él, el cadáver del Monje se desintegró en granos de arena dorada.
Todo el Templo Xumi comenzó a desvanecerse a mil, convirtiéndose en una sombra hasta desaparecer en el universo.
Todo se esfumó; solo quedaba Zhang Ruochen flotando con las piernas cruzadas en el vacío, con su cuerpo irradiando destellos del caos, mientras los diversos paisajes asombrosos formados por el dominio de La Eternidad en Uno se manifestaban y cambiaban a su alrededor.
Cada uno de los granos de la arena dorada de Buda se transformó en puntos de luz y se disipó en la nada.
En medio de esa arena dorada, Zhang Ruochen encontró ocho reliquias budistas Sarira y las sostuvo entre sus manos; de pronto, las lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos como un manantial.
Al final de cuentas no había sido un sueño; el Monje había desaparecido por completo de este mundo, dejando atrás únicamente ocho reliquias de Buda.
Esa escena del Monje sentado completamente solo frente al destruido Campo Kunlun, frenando a todos los dioses del Mundo Infernal, volvió a aparecer en la mente de Zhang Ruochen.
La voz que decía —Mientras el Infierno no esté vacío, juro no convertirme en Buda— retumbó en los oídos de Zhang Ruochen.
Quién sabe cuánto tiempo pasó hasta que Zhang Ruochen pudo controlar sus emociones. Fue ahí cuando se dio cuenta de que la Espada Ancestral Abyss, el Reloj Solar, el Espejo Mágico Zhanshang y la Cuenta Celestial de las Diez Mil Maldiciones habían aparecido otra vez en su cuerpo.
El Reino Qiankun también volvió a aparecer en su mar de qi.
Por fin había regresado a la realidad, al punto del tiempo donde solía estar.
Al ponerse a pensar bien en todo lo que había hecho, visto y vivido durante ese viaje al pasado, mientras más lo recordaba, más irreal le parecía; se sentía incluso más falso que un sueño, una sensación que de verdad era muy difícil de digerir.
Definitivamente la realidad era mejor; al menos la realidad lo hacía sentir que todavía era un ser humano de carne y hueso.
Zhang Ruochen guardó el dominio Eternidad en Uno y, apenas se puso de pie, escuchó una voz muy familiar que lo llamaba:
—Chen... ¡¿Hermano Ruochen, eres tú?! En serio eres tú, ¿sigues vivo? ¡Qué buena noticia! ¿Qué pasó? Chen, ¿pero qué diantres te pasó?
Era Gong Nanfeng.
Zhang Ruochen ya había divisado la silueta de Gong Nanfeng, así que dio un paso y se plantó frente a él. Al instante, se le quedó mirando con cara de extrañeza y le dijo:
—¿Cómo te has terminado dejando así?
En ese momento, Gong Nanfeng estaba hecho un puro hueso, tenía el cabello como de diez metros de largo y la barba le inundaba toda la cara; parecía un mono peludo, se le veía bien pintoresco.
—Por el hambre, pues, ¿por qué más? Menos mal que afuera del Templo Xumi creció un árbol de durazno; si no, me hubiera muerto de hambre antes de que salieras. Pero bueno, estos últimos cientos de años ya han sido otra cosa, mi cultivo ha aumentado un montón y ya no tengo esa necesidad de comer.
dijo Gong Nanfeng con bastante nostalgia.
'Ese árbol de durazno debe haber crecido porque mi gran maestro usó sus trucos'
Pensando eso para sus adentros, Zhang Ruochen asintió levemente con la cabeza. De pronto, cayó en la cuenta de algo, cambió de semblante radicalmente y soltó:
—¿Qué acabas de decir? ¿Cientos de años? ¿Qué cientos de años?
Gong Nanfeng se tocó su larga y negra cabellera que parecía una catarata, dijo fastidiado:
—Yo tampoco sé qué pasó, por más que intentaba, no podía salir de aquí; si no fuera por eso, no me hubiera quedado esperando mil años. Te soy sincero, como no saliste el primer año, ya te daba por muerto dentro del templo. Chen, ¿pero cómo has podido quedarte metido ahí dentro por mil años? Es más, te noto algo cambiado...
Gong Nanfeng no paraba de hablar, pero desde el momento en que Zhang Ruochen escuchó las palabras —mil años—, su mente se quedó en blanco y no le oyó nada más.
'Mil años... ¿Cómo es posible que ya hayan pasado mil años? Estoy segurísimo de que regresé a mi punto del tiempo original, ¿por qué entonces han pasado mil años? No me puedo haber equivocado, es totalmente imposible que me haya equivocado'
Zhang Ruochen miró fijamente a Gong Nanfeng y se dio con la sorpresa de que el cultivo de este tipo ya había alcanzado la cima del Reino Banshi Isshou.
¡Pero si él es el espíritu de un Arma!
¿Cómo un espíritu de Arma puede cultivar tan condenadamente rápido?
—Dime de una vez que estás bromeando, tú ya tenías el cultivo en la cima del Reino Banshi Isshou desde antes, ¿verdad? ¿Me has estado viendo la cara todo este tiempo?
Zhang Ruochen agarró a Gong Nanfeng por los hombros y lo miró fijamente con ojos llenos de desesperación.
Gong Nanfeng se pegó un susto y, como si fuera un muñeco articulado, asintió con la cabeza diciendo:
—O sea, sí, es verdad que ahorita estoy en la cima del Reino de las Diez Mil Muertes y Una Sola Vida. Aunque en estos mil años has avanzado recontra poco y ya te pasé en nivel, ¡tampoco te me bajes, pues! Chen, primero cálmate un poco.
—¿Que me calme? ¡¿Cómo quieres que me calme?!
Zhang Ruochen corrió de vuelta al lugar donde antes estaba sentado con las piernas cruzadas. El Templo Xumi ya había desaparecido por completo; este espacio ya no era una oscuridad total, sino que estaba repleto de estrellas en el firmamento.
Zhang Ruochen se resistía a aceptar la realidad. Sacó la Espada Ancestral Abyss y descubrió que esta ya había alcanzado el nivel de un Arma Santa Real de Siete Elementos, que el espíritu de la espada también había llegado al Reino del Gran Santo.
Estaba a un pasito de transformarse en un Arma Santa Suprema.
Desde el Reino Qiankun, mandó a llamar a Sikong 1 y a Sikong 2.
Esos dos monjes se habían pasado estos mil años cultivando junto al Árbol Divino Primordial y, para su sorpresa, habían alcanzado el Reino Supremo, metiéndose ya al nivel de semidioses. ¡Una cosa totalmente de locos!
Tanto el espíritu de la espada como Sikong 1 y Sikong 2 le confirmaron lo mismo:
—Ya estamos mil años en el futuro.
Con la mirada completamente perdida, Zhang Ruochen sacó el Tomo Secreto del Tiempo y el Espacio. Su intención era liberar a Shang Xia y a Shang Yue, quienes estaban selladas adentro, pero se dio cuenta de que ya se habían escapado hace tiempo y que el Árbol Divino Primordial las había metido al Reino Qiankun.
A estas alturas, hasta ellas dos habían logrado cultivar hasta el Reino Supremo.
Tras mil años de acumulación, las reglas del camino santo que poseían superaban los diez billones; ellas también ya eran semidioses.
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